Isabel Sartorius está como loca con el realismo mágico

Eduardo Verbo  -  26/02/2011

Isabel Sartorius, por su vena literaria

Isabelita vale más que toas las pesetas que salen del Potosí boliviano y la Cochabamba en general. Que no se nos ha metido ahora a escritora… ¡Mare! Pizcueto se quedaría José Luis de Villalonga al observar la determinación de la que fuera novia del príncipe Felipe a contar sus propias memorias ella solita, sin ayuda de Sofía Magatos ni de Genoveva Casanova, que están como unas auténticas púberes con el realismo mágico. Sartorius es polivalente hasta decir ya no puedo más o se me explota un pecho como a la Obregón. La gente a pie de calle está inquieta por conocer todos y cada uno de los epígrafes de tan magna obra. ¡Cuánta expectación! ¿Confesará que cuando los fotógrafos la pillaron con Letizia tomando un café, lo que verdaderamente bebían era un carajillo con whisky destilado en alambiques que en su día pertenecieron a Bienvenida Pérez? Porque no se puede imaginar a la que un día podría haber sido princesa de Asturias, como Juana la Loca, hablando de sus discusiones con Felipe por los poros negros o lo que duele la cera cuando una no es igual de imberbe que el pobrecito de Justin Bieber, que ‘biebe’ por él y por los demás.

 

Shakira, por simpática y 'apañá'

Barcelona está alteradísima con la presencia de Shakira y Piqué. Nadie recuerda esa tensa espera desde que Montserrat Caballé y Freddy Mercury gritaron Barcelonaaaa en el 92. El jugador y la cantante tienen el don de la ubicuidad y lo mismo les pillas comiéndose un buen pantumaca juntos que sacando cash a pie de calle o haciéndose la ‘perma’ high definition. Ella, claro. Las peluquerías de la Ciudad Condal se la rifan desde que la infanta Cristina se fue a los States, y eso que la hija del Rey no era mucho de mechas ni de reflejos. Pero lo reseñable de la cantante del 'Waka, Waka' es su naturalidad que ya quisieran para sí otras artistas que se creen stars pero son más bien de perfil bajo. La pareja ha dado todo un ejemplo. Se han cuidado en todo momento del acoso, pero sin por ello cargar contra la prensa cual Ernesto de Hannover. Ni exclusivas ni Paco Porras. Más bien todo lo contrario, han sido otros los que han hecho negocio a su costa. Que tome nota Penélope y su tribu de cómo se trata a la prensa.

La baronesa Thyssen, porque ella se lo guisa, ella se lo come

Como pille por banda Valeriano Gómez a la baronesa Thyssen se va a enterar. Media España en crisis y ella que no permite que nadie la peine. Ni Raquel Mosquera, de prestigio universal. Tita luce nuevo look y es porque se ha quitado las extensiones, que suponemos se habrá puesto ella misma por ciencia infusa o con la ayuda de un buen espejo, que no sólo sirven para acrecentar el narcisismo de la Princesa. También hay que tener en cuenta que Carmencita ha sido miss y ama el arte, de ahí que no se le peguen los dedos con el pegamento ni le tiemble el pulso para cortarse la coleta. Está que echa humo la baronesa: nadie le toca el pelo ni tampoco ya le leen los posos del café. Y es capaz de sacarle los ojos, que diría Belén Esteban, a la propia ministra. Menuda es Tita.

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ACERCA DE

Eduardo Verbo.- Quise ser ministro -con cartera, por supuesto- hasta los cuatro años. Más tarde, jugué con la idea de convertirme en artista, estrella del cante jondo y torero, aunque, a los ocho, tomé otros derroteros, pese a que la vena flamenca había ganado hace tiempo -y con plusmarca incluida- a la fallera de nacimiento. Empecé a leer las revistas del corazón al salir de clase y yo mismo informaba a mi querida mamá sobre el último avistamiento mariano de Pitita Ridruejo. Entonces, nadie me había explicado que el corasón, corasón era tan sólo la espuma de la vida y que la única posibilidad de supervivencia se encuentra en acatar la ley de la fidelidad, la honradez y la humildad. Me apetece aprender a escuchar. Les confieso que en El Confidencial estoy trabajando en ello.

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