La infanta Cristina y el Rey en una imagen de archivo (I.C.)La infanta Cristina y el Rey en una imagen de archivo (I.C.)

Cuando estalló el caso Palma Arena era difícil imaginar que este asunto de corrupción política convulsionaría la vida de los duques de Palma y, por extensión, a la Jefatura del Estado. Las tropelías de Iñaki Urdangarin se fueron haciendo públicas y la instrucción del caso Nóos acabó con la imputación del yerno real y su socio Diego Torres. La Infanta estuvo a punto de pasar por el juzgado, al menos así lo consideró el implacable juez Castro. Sus colegas de la fiscalía decidieron lo contrario y, por lo tanto, la hija pequeña del Rey se quedó al margen judicialmente. A partir de ahí se decidió que había que poner tierra de por medio para retomar el bienestar familiar y, sobre todo, la estabilidad emocional de los hijos.

Un desequilibrio que afecta e importa a los abuelos reales; de ahí que el "patrón", como llaman las Infantas y el Príncipe al Rey, haya tomado cartas en el asunto. Aseguran los que conocen bien la trama que el interés del monarca por el estado emocional de su yerno es nulo. Y más desde la chulada que supuso presentarse en el hospital donde él estaba ingresado con las consiguientes críticas públicas.

En cambio, arropar a su hija es otra historia. Lo primero que hizo fue organizar su defensa legal a través del expolítico y abogado Miquel Roca. Y funcionó. Después, buscar un trabajo al 'innombrable' fuera de España, aunque en este caso había que tirar de las amistades internacionales, ya que involucrar de nuevo a una empresa española, como sucedió con Telefónica, no era lo más indicado. 

La opción Qatar tampoco dio resultado, porque Urdangarin no tiene título de entrenador y, por lo tanto, no podía ejercer como tal, ni en el equipo de aquel país ni en ningún otro. 

Los Duques, por su parte, también movieron sus fichas y una buena alternativa era trasladarse todos a Londres. No pudo ser porque las conexiones familiares con el padre de María Chantal Miller, nuera de Constantino de Grecia, no dieron resultado. 

Aga Khan, en una imagen de archivo (I.C.)Aga Khan, en una imagen de archivo (I.C.)

Por fin hubo una respuesta de la mano del príncipe Karim Aga Khan, gran amigo del Rey desde que ambos eran jóvenes. Como ya adelantó Vanitatis, ha sido una gestión personal de don Juan Carlos. En este caso será por partida doble. Por un lado apoyar económicamente a la infanta Cristina a través de su trabajo en la agencia de desarrollo Khan Development Network (AKDN), con sede en Ginebra y que compaginará con su horario laboral en la Fundación La Caixa y, por otro, dar trabajo a Iñaki Urdangarin en cualquiera de las muchas empresas que Aga Kahn tiene por el mundo. En este caso también sería alguna de las radicadas en Ginebra, lo que haría que el Duque viviera entre Suiza y Barcelona de tal manera que la unidad familiar sufritía lo menos posible.

Este favor vendría a solucionar los aparentes problemas económicos de los Urdangarin-Borbon. El Duque tendría trabajo muy bien remunerado, igual que la Infanta, que uniría a su sueldo de La Caixa (320.000€ en 2010) el de AKDN, con lo que sufragaría los gastos de la vivienda y el colegio de los hijos. 

La entidad que preside Fainé no puede hacerse cargo de esas partidas en unos momentos en que se han rebajado los presupuestos destinados a proyectos sociales de la Fundación. En cambio, sí lo puede hacer el amigo del Rey, líder de 18 millones de ismaelitas y uno de los hombres más ricos del mundo. Aga Kahn es descendiente directo de Mahoma, al casarse su antepasado Alí con Fátima, hija del profeta.