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La Princesa Leonor rompe con la tradición de las comuniones en la familia Borbón

Será una comunión atípica. Sin duda, la menos íntima de todas las celebradas hasta la fecha en el seno de la Familia Real

Foto: La Princesa de Asturias, Leonor, en una imagen de archivo (Gtres)
La Princesa de Asturias, Leonor, en una imagen de archivo (Gtres)

En la fecha en la que celebra su primera comunión la Princesa Leonor, adquiere un especial significado alguna de las consideraciones que dejaron escritas los cronistas de 1975, hace justamente 40 años, con motivo del acontecimiento familiar que se celebró en el palacete de La Zarzuela el 30 de mayo, festividad de San Fernando. El entonces infante don Felipe, con siete años de edad, recibió su primera comunión en la pequeña capilla de La Zarzuela, en el transcurso de una ceremonia muy similar a las celebradas en 1972 y en 1973, años en los que tomaron su primera comunión, respectivamente, las infantas Elena y Cristina.

La Princesa de Asturias, en una imagen de archivo (Gtres)
La Princesa de Asturias, en una imagen de archivo (Gtres)

“Como ya es tradicional en la familia real española —y ya sucedió lo mismo con el Rey Don Alfonso XIII, con el Infante Don Juan y con el Príncipe Don Juan Carlos, en los distintos tiempos y lugares—, el rito de administrar la primera comunión se revistió siempre de una solemnidad íntima y familiar, sin especiales invitaciones, sin galas de ningún género y, desde luego —y concretamente el acto de ayer—, despojado de protocolo alguno…”

Así contextualizaba su excelente crónica en ABC Julián Cortés Cavanillas, que no olvidó detalle importante alguno en su relato de aquella jornada. Salvo, claro está, la destacada ausencia de don Juan, el abuelo del infante, posteriormente príncipe heredero y hoy Rey Felipe VI de España. Una ausencia ampliamente comentada, que por motivos obvios no reseñó el prestigioso cronista.

Efectivamente, con el denominador común del carácter íntimo y familiar, las circunstancias de las sucesivas celebraciones de este acontecimiento religioso fueron muy distintas. Don Alfonso XIII era el rey de España aquel 23 de junio de 1898, un año marcado por la crisis de la guerra de Cuba. Y a su primera comunión, que tomó de manos del obispo de Sión en la capilla del Palacio Real, asistieron todos los ministros del Gobierno, aunque no su presidente, Mateo-Sagasta.

Comunión en Lisboa

Un cuarto de siglo después, el 22 de junio de 1923, celebraron su primera comunión los infantes don Juan y don Gonzalo de Borbón, también en el Palacio Real, en una ceremonia solemne, aunque ciertamente más familiar.

Don Juan junto a su nieta la infanta Cristina (Vanitatis)
Don Juan junto a su nieta la infanta Cristina (Vanitatis)

Muy distintas fueron las circunstancias en las que celebró su primera comunión don Juan Carlos, el 5 de enero de 1947, fecha en la que cumplió 9 años. Don Juanito, como se le llamaba cariñosamente, que había regresado poco antes de su primer internado en Friburgo (Suiza), disfrutaba por primera vez del ambiente familiar, aunque en el exilio de Estoril, y tomó la primera comunión en la capilla privada del cardenal de Lisboa, el patriarca don Manuel Gonçalves Cerejeira, arropado por su familia y con la asistencia de un invitado de honor, el rey Humberto II de Saboya. La noticia de este acontecimiento no se difundió hasta el día 7 de enero, desde El Vaticano y citando fuentes de Radio Londres.

Y, por cierto, tampoco fue un año de suerte para el joven heredero de un monarca sin trono, porque cuando su padre, don Juan, negociaba con Franco el futuro del pequeño, y advirtió que este comenzaba a interesarse y a hacer preguntas sobre los asuntos de España, decidió su regreso a Friburgo de la mano de su fiel preceptor Eugenio Vegas Latapié, su “único amigo” en el internado. Aunque, como es bien sabido, al año siguiente viajó a España para iniciar la larga andadura que es de todos conocida.

Privadas y familiares

En realidad, la tradición de acontecimiento íntimo y familiar de la familia real española, ajena al protocolo convencional, se inicia con la celebración de la primera comunión de las infantas Elena y Cristina (en 1972 y 1973, respectivamente), con ceremonias prácticamente privadas en la capilla de La Zarzuela, en la fiesta de San Fernando (30 de mayo). Y tuvo este carácter prácticamente privado por decisión, sobre todo, de doña Sofía, que quiso mantener el criterio de su madre, la reina Federica, de educar a sus hijos junto a las o los jóvenes de su edad, en un colegio del entorno, sin especiales distinciones por su condición.

Así transcurrió, también, la jornada del 30 de mayo de 1975, en la que el infante don Felipe tomó la primera comunión, vestido con pantalón corto y camisa, todo de blanco, al igual que los zapatos y los calcetines. A la ceremonia, celebrada en la pequeña capilla por el padre dominico Juan Manuel Aguilar, asistieron sus padres, sus hermanas, su abuela, sus tíos y primos, así como el personal de La Zarzuela y los profesores de su colegio, Santa María de los Rosales.

Este centro docente, fundado en 1952, que acogió en esos años y hasta su trágica muerte (1956) al infante don Alfonso —hermano pequeño de don Juan Carlos—, es en el que reciben actualmente su formación básica las hijas del Rey Felipe VI y de Doña Letizia. Se trata de un colegio de inspiración cristiana, en el que el Rey ostenta la presidencia de honor de la Fundación Paideia (titular de la propiedad), donde está previsto preparar al alumnado para la primera comunión (4º de Primaria) y para la confirmación (1º de Bachillerato), si bien contemplan igualmente opciones alternativas para aquellos cuyos padres no deseen que sus hijos reciban estos sacramentos.

El Rey Felipe VI junto a sus hijas Leonor y Sofía (Gtres)
El Rey Felipe VI junto a sus hijas Leonor y Sofía (Gtres)

En consonancia con los usos y costumbres actuales, los soberanos españoles han ido algo más allá que sus predecesores. Y, así, siguiendo la estela de las monarquías del siglo XXI, han previsto que sus hijas disfruten de una vida ordinaria similar —lo más similar posible— a la de cualquier niño o niña de su edad.

Un punto de inflexión

Un criterio que, como se ha dicho, asumió como propio la reina Federica de Grecia en los años 40, pero del que no pudo participar el rey Juan Carlos, dadas las especiales circunstancias que marcaron su niñez, su adolescencia y su juventud.

Sin embargo, en el marco histórico actual, Don Felipe y Doña Letizia han decidido resguardar por el momento a doña Leonor de la agencia oficial, salvo muy escasas excepciones, de igual manera que tampoco tiene vida pública la princesa Amalia de Holanda (tiene 11 años) o Elisabeth de Bélgica (casi 14 años), heredera del trono belga desde julio de 2013.

En este contexto debe entenderse la novedad que supone el hecho de que la Princesa Leonor no solo haya participado en la catequesis del colegio para la primera comunión, sino que además participe también en la ceremonia junto a sus compañeras y compañeros de curso, vestidos con el uniforme de los Rosales, en la iglesia parroquial de La Asunción de Nuestra Señora de Aravaca.

Se trata, por lo tanto, de una expresión más —muy significativa, desde el punto de vista histórico— del afán que han mostrado los Reyes por subrayar ese carácter de igualdad que otorga la Constitución a todos los españoles, no solamente ante la ley, sino también en la práctica de los usos y costumbres sociales, religiosos, culturales y hasta deportivos… Y de hecho, salvo la trascendencia que tiene la celebración de este sacramento a los ojos de la fe, como acontecimiento social no deja de ser más que una anécdota.

El periodista Fermín Urbiola
El periodista Fermín Urbiola
Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

www.ferminjurbiola.com o en Facebook

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