cita con el glamour en mónaco

Beatrice Borromeo y Pierre Casiraghi reaparecen en el Baile de la Rosa

La fiesta y el baile tuvieron lugar en el Sporting de Montecarlo y todas las miradas se concentraron en la pareja

El Baile de la Rosa como lugar donde recordar a Grace Kelly y revivir el glamur del Mónaco de siempre. Un año más, los Grimaldi tuvieron su cita para recibir a la primavera y, a la vez, recaudar fondos para la fundación que lleva el nombre de la princesa Grace. La fiesta y el baile tuvieron lugar en el Sporting de Montecarlo. Hasta allí se desplazaron varios miembros de la familia que ocupa el principado y así es como se pudo ver, por primera vez desde que fueron papás del pequeño Stefano, a Beatrice Borromeo y Pierre Casiraghi, cómplices, guapos y encantados de posar ante la prensa. Junto a ellos, pero sin pareja, estaba la hermana de él, una Carlota Casiraghi que apostó por lucir una melena a lo Veronica Lake que realzaba aún más su belleza clásica.

Carlota Casiraghi durante el Baile de la Rosa. (Gtres)
Carlota Casiraghi durante el Baile de la Rosa. (Gtres)

El vestido que llevaba Beatrice, azul oscuro con falda y transparencias en el escote, delataba una figura muy recuperada después del parto, que tuvo lugar el pasado 28 de febrero en el hospital Grace de Mónaco. Fue la propia hermana de la princesa la que lo anunció a través de Instagram, asegurando que estaban ante "una nueva fecha para añadir al calendario familiar". Mucho más tradicional en su atuendo, un Pierre con barba de varios días demostró que ellos también pueden mostrarse elegantes a pesar de recurrir a los tradicionales esmóquines con pajarita.

Carolina de Mónaco y Karl Lagerfeld. (Gtres)
Carolina de Mónaco y Karl Lagerfeld. (Gtres)

Al acontecimiento tampoco faltó Carolina de Mónaco que, como suele ser habitual, asistió acompañada del diseñador Karl Lagerfeld y sus inseparables gafas de sol. Su vestido de cuello cerrado, volantes en las mangas y en la falda le confería un aire atrevido y original que no pasó precisamente desapercibido. Durante la cena, el modisto se convirtió en su gran cómplice en un marco en el que las rosas lo adornaban absolutamente todo: desde la cubertería a la mantelería, demostrando una vez más que en el Baile de la Rosa el exceso primaveral es, precisamente, su mayor encanto.

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