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Camilla conecta con la historia más polémica de su familia en su visita más personal a Italia

La duquesa de Cornualles ha empleado su visita a Italia para recordar a su polémica bisabuela, amante del rey de Inglaterra y que pasó sus últimos años exiliada en Florencia

Foto: El papa Francisco con el príncipe Carlos y Camilla. (EFE)
El papa Francisco con el príncipe Carlos y Camilla. (EFE)

El príncipe Carlos y la duquesa de Cornualles han pasado unos días en Italia en el marco de su gira oficial europea que los está llevando a recorrer varios países. En esta ocasión, por tierras italianas, Camilla ha aprovechado para acercarse a una de sus historias familiares más controvertidas: la de su bisabuela, amante del rey Eduardo VII de Inglaterra, a su vez tatarabuelo del príncipe Carlos, Alice Keppel, que pasó sus últimos años refugiada en una villa florentina, desterrada del Reino Unido y lejos de las innumerables polémicas que había protagonizado.

Camila Parker Bowles apuró su visita a Florencia para evocar la memoria, denostada y cuestionada en muchas ocasiones, de su bisabuela, a la que dejó flores mientras recordaba los veranos de su infancia jugando en los “gloriosos jardines llenos de estatuas” de su Villa dell’ Ombrellino. Reveló así una conexión hasta ahora prácticamente desconocida entre su familia y la ciudad toscana. Además también contó que le gustaría volver a comprar la propiedad en la que Alice Keppel pasó sus últimos años.

El príncipe Carlos y Camilla. (Reuters)
El príncipe Carlos y Camilla. (Reuters)

“Ahora está en manos privadas y toda tapiada. Es una tragedia, siento que debería comenzar una campaña para comprarla de nuevo. Era un lugar magnífico”, dijo Camilla y también explicó al tabloide británico ‘Daily Mail’ que siempre se había arrepentido de que su madre vendiera la “maravillosa villa familiar”.

Allí, su bisabuela encontró un refugio en el que guarecerse del escarnio público internacional. Su biografía había estado plagada de escándalos y provocaciones, no le había faltado detalle: espionaje, conspiraciones y adulterio son solo algunos de los ingredientes que a principios del siglo XX la convirtieron en carne de cañón de la agresiva prensa sensacionalista de la época. Su aventura extramatrimonial con el rey Eduardo VII, 27 años mayor que ella, la convirtió en la más popular de sus amantes, con un estatus casi equiparable al de la reina Alexandra.

Tras el estallido de la I Guerra Mundial, Alice Keppel fue acusada, sin pruebas, de ser una espía de alto rango alemana. Pese a que ella quiso declarar públicamente para desmentirlo, el juez no se lo permitió, por miedo a que pudiera sacar a la luz escándalos de todo tipo. Aunque la denuncia acabó por desinflarse, no era conveniente tener cerca la tentación y el propio rey Jorge V presionó a Alice para que se esfumara de Inglaterra. Entonces, vendió y cerró todas las propiedades que tenía allí y se fue a vivir a Italia, a la villa florentina, donde nunca más se supo de ella.

Si finalmente Camilla se decide por comprar la villa, su nombre se sumaría al de inquilinos ilustres de la propiedad, acostumbrada a albergar a personajes controvertidos, cada uno a su manera. Ahora, la pintura de las paredes se está cuarteando y las puertas de hierro están oxidadas, pero todavía se puede percibir en su majestuoso aspecto el brillo de la gloria de sus mejores tiempos, cuando sus jardines a la italiana, en una colina sobre el río Arno, conquistaron igualmente, antes que a la duquesa de Cornualles al científico revolucionario Galileo Galilei, entre otros, que también encontró reposo entre sus muros en sus años más convulsos.

Camilla concluyó encantada su visita a Florencia, donde también sorprendió al ir de compras a pie por las principales tiendas de ropa del centro de la ciudad, y confesaba que “usaría cualquier excusa para volver”.

Mientras, su marido, el príncipe Carlos de Inglaterra, visitaba el pueblo de Amatrice, devastado por el terremoto que asoló el centro de Italia el pasado agosto.

De nuevo juntos, la pareja, a punto de cerrar su visita a Italia, visitó el Vaticano, donde tuvieron su primer encuentro con el papa Francisco y que ha sido la segunda visita de Camilla al Vaticano, después de la reunión con Benedicto XVI en 2009. En esta ocasión, eligió un conjunto en color beis claro, que acompañó con un fular, zapatos y bolso del mismo tono, que en pro del carácter informal de la reunión rompió el protocolo vaticano que reserva el negro y la cabeza cubierta para las mujeres de monarquías no católicas y establece el blanco solo para reinas o consortes católicas, en lo que se conoce como 'privilegio de blanco', que en la actualidad solo pocas pueden disfrutar: Letizia de España, la Reina Sofía, Paola y Matilde de Bélgica, María Teresa de Luxemburgo y Charlène de Mónaco. En su anterior cita en el Vaticano, Camilla vistió de negro estricto y con velo.

Camilla y Carlos con el papa Francisco.
Camilla y Carlos con el papa Francisco.

En el resto del viaje, los duques aprovecharon para compaginar románticos paseos juntos entre las infinitas obras de arte florentinas y capuchinos para desayunar con visitas por separado a Nápoles, donde Camilla visitó las excavaciones arqueológicas de Herculano, sepultadas por la erupción del volcán Vesubio, la villa de un excapo mafioso que ahora es un centro en el que se trabaja con menores discapacitados, la sastrería tradicional donde Maurizio Marinella confecciona sus famosas corbatas y una popular pizzería donde probó una de las joyas gastronómicas napolitanas: la pizza Margarita.

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