visita de estado de los reyes a reino unido

Reyes españoles en UK: de las crónicas de Azorín al duelo de pamelas con Lady Di

Ni en la agenda del viaje de Alfonso XIII figuraba el motivo real de su visita, ni en la de Juan Carlos se incluyó lo de Gibraltar, ni en la de Felipe y Letizia aparece el 'duelo' con Kate

Foto: Los Reyes en Londres en 2011. (Gtres)
Los Reyes en Londres en 2011. (Gtres)

“Llueve sobre la capital londinense”. Así comienzan muchas de las crónicas que publican los medios españoles sobre los acontecimientos de mayor interés en Londres. Y así comenzaron las crónicas de los dos viajes de Estado que realizaron los monarcas españoles en el siglo XX: Alfonso XIII, en junio de 1905; y 81 años después, Juan Carlos I y Sofía de Grecia, en abril de 1986.

Los Reyes eméritos volverían después, al margen de los incontables viajes de carácter privado, en visita oficial a Londres, en junio de 2002, con motivo de los 50 años de Isabel II en el trono. Por lo tanto, han transcurrido 31 años desde el único viaje de Estado de los Reyes eméritos cuando inicien su primera visita al Reino Unido don Felipe y doña Letizia.

“Son un tantico luteranos”

“Fuera cae una lluvia desesperante”, escribió Azorín en las páginas de 'ABC', tras relatar magistralmente la misa a la que había asistido el rey Alfonso XIII, al día siguiente de su llegada a Londres, desde París, celebrada en la catedral católica de Westminster. La mayoría de los asistentes seguían metódicamente los movimientos del monarca español… “Yo tengo la vaga sospecha —dejó escrito Azorín— de que la mayoría de estas damas y de estos caballeros que llenan la iglesia son un tantico luteranos. Una leve perplejidad se produce en ellos cuando hay que levantarse, sentarse o arrodillarse”.

En todo caso, independientemente de los asuntos de familia y de Estado que trataran Eduardo VII y Alfonso XIII, durante aquellos primeros días de junio de 1905 la atención de los asistentes —y la curiosidad de los ausentes— se centró en analizar e interpretar cada gesto del monarca español, que parecía firmemente determinado a elegir esposa.

Alfonso XIII y Victoria Eugenia
Alfonso XIII y Victoria Eugenia
“La princesita rubia y vivaracha”

Dos eran las candidatas que aparecían en todas las quinielas: la princesa Patricia de Connaught, hija de los duques de Connaught y nieta de la reina Victoria I, que gozaba de tratamiento de alteza real; y la princesa Victoria Eugenia de Battenberg, nieta de la reina Victoria, sin tratamiento de alteza real.

No parece que los observadores del momento fuesen demasiado bien encaminados en sus pronósticos. Al igual que la reina madre, María Cristina, parece que se inclinaban a favor de la princesa de Connaught. El propio Azorín, aunque confesó en una de sus crónicas que no estaba enterado de “estos negocios de Estado”, por comprender que “son muy difíciles de descifrar”, sí se animó a dejar por escrito sus preferencias. “Tal vez la preferida sea la princesita rubia y vivaracha [María Eugenia de Battenberg]. Acaso, y yo hago votos porque suceda esto, sea la dulce y bondadosa Patricia”.

Como es bien sabido, nueve meses después, el 9 de marzo de 1906, la Casa del Rey anunció el compromiso de Alfonso XIII con la princesa Victoria Eugenia de Battenberg, para disgusto —sobre todo— de la reina madre, que no le facilitó mucho las cosas. “La dulce y bondadosa Patricia” se casó en febrero de 1919 con Sir Alexander Ramsay, oficial de la Marina Real.

Siempre nos quedará Gibraltar

Jarreaba sobre la ciudad de Londres el 22 de abril de 1986, un día después del 60 cumpleaños de Isabel II, fecha en la que llegaron al aeropuerto de Heathrow los Reyes de España, Juan Carlos y Sofía, que ya ocupaban el trono desde hacía más de diez años y ya habían conducido la Transición política hacia la monarquía constitucional. Fueron recibidos por los príncipes de Gales, Carlos y Diana, gesto que puso de relieve el alto nivel oficial con el que la reina Isabel quiso distinguir la visita de sus parientes de España.

Los Reyes eméritos con los príncipes de Gales.
Los Reyes eméritos con los príncipes de Gales.

Bien distintos fueron los asuntos a tratar por los monarcas en esta su primera y única visita de Estado al Reino Unido. El marco general era de entendimiento y colaboración entre dos reinos amigos. Aunque las relaciones de España con el Reino Unido han sido casi siempre complejas, sobre todo por la cuestión de Gibraltar, que se sitúa como telón de fondo permanente desde principios del siglo XVIII. Y este fue, lógicamente, el común denominador de los asuntos que ocuparon a los monarcas durante sus tres jornadas de estancia en el país amigo.

El sol se abrió paso entre las nubes durante la parada militar y la recepción que tuvo lugar en Windsor, con protocolo de Estado, donde los cronistas no pasaron por alto la sonrisa de la reina Sofía y su elegancia (abrigo verde y pamela negra), como tampoco la de Lady Di, que lució un abrigo crema y azul marino y pamela con tonos a juego.

Aquel disgusto en Zarzuela

Ha sido precisamente la relación familiar lo que ha permitido superar las sucesivas torpezas —o provocaciones, mejor— que han puesto en riesgo la buena sintonía entre el Reino Unido y España desde el regreso de la monarquía a nuestro país.

Conocido es, por ejemplo, el enorme disgusto que produjo en la Zarzuela el anuncio de que el príncipe de Gales y su esposa iniciarían su luna de miel en Gibraltar. Una decisión que la propia reina Sofía calificó de “torpeza innecesaria” y que impidió su asistencia a la boda de Carlos de Gales y Diana Spencer, cuando ya “teníamos los trajes preparados”, en palabras de doña Sofía.

Sin embargo, la buena relación personal siempre ha permitido superar ese tipo de desencuentros oficiales. De hecho, los cuatro se reunirían posteriormente en Marivent. Y más tarde, los soberanos españoles acogieron durante unos días a los príncipes de Gales, cuando su matrimonio estaba ya prácticamente abocado a la ruptura.

Confidencias en el Dorchester

Londres ha sido —y sigue siendo, probablemente— escenario de momentos importantes en la vida de los Reyes eméritos. El más trascedente, sin duda, fue el que tuvo lugar en 1961. Juan Carlos y Sofía viajaron a principios de junio a Londres y se hospedaron en el hotel Claridge, con motivo de la boda de Eduardo de Kent y Catalina Worsley, duques de Kent. En ese viaje se consolidó definitivamente su relación, después de sus largas conversaciones en el Dorchester. La princesa griega descubrió a un hombre “que tenía mucho más calado del que aparentaba”, muy distinto al que había “tomado por frívolo, juerguista y superficial”. Y el príncipe Juanito, con un futuro aún muy incierto en España, cultivó esa relación, que se formalizó en septiembre de ese mismo año.

Casi dos años más tarde, ya en la Zarzuela, “cuando no éramos nadie”, los dos volvieron a revivir aquellos días de confidencias en Londres.

A carreras por las calles de Londres

No llovió aquel 24 de abril de 1963, día en el que contrajeron matrimonio Alejandra de Kent (la segunda de los tres hijos del duque) con Angus Ogilvy. Fue un gran acontecimiento social. Alrededor de 300.000 personas salieron a las calles y unos 200 millones siguieron el evento por televisión en todo el mundo.

Sin embargo, pocas horas antes se había producido un episodio triste. Casi se había rozado la tragedia. La reina Federica de Grecia, madre de la que era entonces princesa Sofía, viajó a Londres unos días antes de la boda junto con su hijo Constantino —que iba acompañado de su novia, Ana María— y la pequeña, Irene. Se establecieron en el hotel Claridge. Y por la tarde, la reina e Irene decidieron salir a ver escaparates.

De repente, una mujer se abalanzó sobre la reina y la zarandeó, aunque fue reducida por un agente de seguridad que las seguía a escasos metros. Pero cuando cruzaron a otra calle se toparon con un grupo de personas, que palos en ristre, salieron en defensa de la agresora, derribaron al escolta y comenzaron a perseguir a la reina y a su benjamina. Después de varios minutos de angustia, corriendo de un lado para otro, las dos se encontraron en una calle sin salida. No había nadie a quien pedir auxilio. Y ante la inminencia de ser agredidas, comenzaron a llamar a las puertas… Una joven norteamericana las acogió en su casa hasta que fueron localizadas por el agente de seguridad, que las acompañó al domicilio de unos amigos.

Luego se supo que la agresora era la esposa de Toni Ambatielos, un sindicalista griego encarcelado, acusado de actividades clandestinas como miembro del Comité Central del Partido Comunista griego. Su mujer, Betty, luchaba en Londres por la liberación de su marido.

Letizia vs. Kate

Los pronósticos no auguran lluvia en la primera visita de Estado de los Reyes de España al Reino Unido. Algunas nubes, eso sí. Don Felipe y doña Letizia viajan a la capital londinense, después de dos aplazamientos, con un buen número de asuntos de Estado en la cartera.

Sin don Juan Carlos recibió buenas palabras, en 1986, sobre “las diferencias que existen ente nosotros”, en clara alusión a Gibraltar, ahora no se espera nada más al respecto que la reiterada alusión a la “amistad asegurada” entre ambos países “como buenos aliados”.

Ahora bien, el Reino Unido se encuentra actualmente en unas circunstancias muy distintas. El Brexit abre un escenario nuevo. Y la diplomacia de un país y de otro se esforzarán por abrir cauces que permitan negociar a medio plazo asuntos tan importantes como el estatus de los españoles residentes en las islas, el estatus de los británicos residentes en España, la protección de los millones de turistas, la seguridad jurídica de las empresas, las relaciones comerciales y un largo etcétera.

Aunque, al igual que en la visita de Alfonso XIII el asunto principal no figuraba en la agenda, en esta ocasión todas las miradas se girarán hacia los encuentros vis a vis entre la reina Letizia y la duquesa consorte de Cambridge, Kate Middleton. Un verdadero duelo de elegancia entre la más popular de los royals británicos, que luce generalmente el color azul, y la reina de España, que últimamente ha optado por el rojo.

Como escribió Azorín en junio de 1905, quien esto escribe tampoco está enterado de nada de estos negocios. Son muy difíciles de interpretar.

Letizia y Kate en un montaje de Vanitatis.
Letizia y Kate en un montaje de Vanitatis.

Fermín J. Urbiola
Fermín J. Urbiola
Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

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