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Máscaras de lucha libre mexicana, del fracaso al mito

Hay objetos que se convierten en tendencia en un momento dado y que comienzan a verse repetidos en todos lados, en multitud de soportes y con
Foto: Máscaras de lucha libre mexicana, del fracaso al mito
Máscaras de lucha libre mexicana, del fracaso al mito
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    Hay objetos que se convierten en tendencia en un momento dado y que comienzan a verse repetidos en todos lados, en multitud de soportes y con distintos significados. Ocurrió con el Smiley, ocurrió con las calaveras y ahora parece que está ocurriendo con las máscaras de lucha libre mexicana. Se trata de un objeto que lleva presente en la cultura del país americano desde hace tiempo, y su historia es similar a la de tantos otros éxitos: a su primer usuario no le sirvió, pero acabó convirtiéndose en el elemento más característico de esta disciplina en México, a mitad de camino entre el deporte y el espectáculo. Ahora llega hasta las pasarelas de moda y de ahí... a 'la dominación mundial'.

    Según ha explicado Víctor Martínez, hijo del artífice de la primera máscara, el origen de este atuendo fue casual y se debió a la petición de un estadounidense, y no de un mexicano. Su padre, Antonio H. Martínez, originario de León, en el estado central de Guanajuato, fundó un taller de zapatos deportivos en busca de "fama y fortuna". Y en estas estaba cuando, en 1933 surgió la lucha libre en México y a Martínez padre “le gustó tanto que se convirtió en asiduo", aunque por aquel entonces los luchadores provenían de Estados Unidos.

    Entre ellos ‘Ciclón McKey’, que le encargó "una capucha, algo que se amarre en la cabeza como un zapato para no perder la identidad". Encargo que Antonio Martínez cumplió con la fabricación de una máscara de dos piezas elaborando primero un molde, tal y como hacía con los zapatos, aunque "fue un fracaso rotundo porque nunca una cabeza puede ser como una horma, no le halló la cuadratura". A ‘Ciclón McKey’ la careta no le acabó de gustar nunca, por lo que se marchó del taller con un considerable enfado. Ante tamaño cabreo, el autor del atuendo llegó a la conclusión (precipitada) de que el negocio no iba a resultar.

    No obstante, a los seis meses ‘Ciclón McKey’ regresó a Deportes Martínez y pidió seis unidades con una mayor inversión de dinero para no repetir errores pasados. "Mi padre inventó las diecisiete medidas que me legó", las cuales están patentadas para combatir la piratería, según cuenta Víctor Martínez. El hijo del inventor afirma que aquellas segunda hornada de máscaras quedaron tan "perfectamente bien" que McKey pasó a ser conocido como La Maravilla Enmascarada y cada vez más luchadores las incluyeron en su vestuario.

    De 'Murciélago Velázquez' al legendario 'El Santo'

    Hoy día la pérdida de esa careta en el ring significa la deshonra y se resuelve en combates mano a mano, donde también se apuestan cabelleras. El primer mexicano que la usó fue ‘Murciélago Velázquez’, seguido de ‘El Solitario’, ‘Blue Demon’, ‘Tiniebla’, ‘Huracán Ramírez’, ‘Místico’ o ‘El Santo’, que con sus éxitos en el ring y el cine convirtió la máscara en leyenda.

    Para el luchador ‘Sangre Azteca’, cuya máscara muestra el calendario de la civilización precolombina del mismo nombre, este accesorio "es el sello de la lucha libre" porque "te identifica a ti como luchador, te convierte en tu personaje". Pero él es sólo uno de los 250 luchadores que según el Consejo Oficial de la Lucha Libre Mexicana, practican esta modalidad, la mayoría mexicanos, aunque también hay dos japoneses, un ruso y un italo-americano.

    La máscara también ha evolucionado en los 77 años que lleva abierta la tienda de los Martínez en la capital mexicana. Ahora se hace de cuatro piezas para adaptarse mejor a la curvatura de la cabeza y, mientras antiguamente se hacía con cuero y piel de cabra, lo que provocó la calvicie en muchos luchadores, ahora se emplean micropieles, rasos y sintéticas para su elaboración. El precio oscila entre los 55 y los 140 dólares.

    "La primera máscara tenía que inventarse en México porque ya los aztecas luchaban enmascarados", opina Martínez. Sin embargo, en la actualidad las máscaras han traspasado fronteras ya que el producto se exporta a Irlanda, España, Alemania, Francia, Italia, Australia, Japón, Estados Unidos, Ecuador, Colombia y otros países latinoamericanos, gracias también al éxito de producciones hollywoodienses como Nacho Libre. "Si no existiera la máscara ya no habría morbo en la lucha libre, desaparecería el bien y el mal", asegura el artesano, y concluye, "sin máscara el luchador no es nadie, la máscara siempre existirá".

    El Arena México es el recinto más grande construido para esa disciplina en el país, con una capacidad de 16.400 espectadores. Una encuesta nacional difundida a finales del año pasado situaba la lucha libre como el cuarto deporte más popular de México, con un 6% de seguidores, por detrás del fútbol, el baloncesto y el béisbol.