Roma, Lisboa y París: tres viajes románticos para festejar a San Valentín como se merece

No todo debe ser flores, bombones y complementos: arranca la sonrisa de Duchenne más sincera de todas regalándole a tu pareja un viaje a estos lugares.
Foto: Roma, Lisboa y París: tres viajes románticos para festejar a San Valentín como se merece

No todo debe ser flores, bombones y complementos: arranca la sonrisa de Duchenne más sincera de todas regalándole a tu pareja un viaje a cualquiera de estos lugares, ideales para ser vividos a dúo. 

PARÍS

Es un básico que, al menos, una vez en la vida -o por relación, eso depende de ti- tienes que cumplir: festejar a San Valentín en la ciudad de la Luz y capital del amor, París. Imagina la colección de estampas en las que presumir de amor: un paseo por la ribera del Sena, alrededor de las islas de Saint-Louis y la Cité, bastará para derretir a tu pareja y llenar de corazones tu perfil de Instagram. En el Pont Marie manda la tradición que los enamorados se besen mientras piden un deseo pero si sois más de candados, los podréis enganchar en el Puente de las Artes, el de l'Archevêché, el Solferino y la pasarela Simone de Beauvoir. Imprescindible también perderse por las calles de Montmartre y alcanzar la cima de la colina: las vistas que se tienen de París desde las escaleras del Sacré Coeur son maravillosas -sí: ya nos hemos acostumbrado todos a la torre Montparnasse, gracias-, e invitan, cómo no, a un beso de película, con toma de travelling y todo. Sin salir de Montmartre, hay que visitar el Jardín des Abesses, donde los artistas Fréderic Baron y Claire Kito han creado el Muro de los Te Quiero, un mural de 40 metros cuadrados con la frase 'te quiero' escrita mil veces en 250 idiomas diferentes.

Que son, más o menos, las veces que pronunciaréis la frase durante otro de los planes románticos por excelencia: cenar a la luz de las velas mientras surcáis las aguas del Sena, ya sea en un Bateaux Mouche o en un crucero privado por el Canal Saint-Martin. Si no, puedes brindar desde las alturas a la salud de San Valentín con un buen champagne en el restaurante Jules Verne -en la mismísima Torre Eiffel, 125 metros por encima de los Champs Elysées-, cuya carta está firmada por el famoso chef Alain Ducasse; o regalaros un homenaje a lo Carrie Bradshaw en la cúpula con vidrieras del restaurante Kong (1 rue du Pont Neuf), diseñado por Philippe Starck, en el último piso del edificio Kenzo desde donde se disfruta de unas vistas de infarto del Pont Neuf y el Sena. ¿Para dejarse llevar por la pasión cuando caiga la nochenbsp; En el hotel Apostrophe (3 Rue de Chevreuse) os agasajarán con una botella de champán en la habitación, la cama decorada con vuestras iniciales con pétalos de rosas y unos candados para juraros amor eterno en el Pont des Arts...

ROMA

Cualquier momento se puede convertir en el más romántico en la Ciudad Eterna con un simple paseo a media tarde por el Coliseo y la Vía dei Fori Imperiale, o por el Gianicolo, la octava colina de Roma, desde la cual se contemplan las mejores vistas de la ciudad, o una puesta de sol desde el restaurante panorámico Zodiaco (en el Viale del Parco Mellini 88), que a 139 metros de altura regala una vistas para no olvidar del casco antiguo de la ciudad y los Castelli Romani, y conocido por sus caminos que forman la Ruta de los Amantes. Federico Moccia puso de moda el que las parejas engancharan un candado al Ponte Milvio -y tiraran la llave al Tíber-, así que no podéis ser menos. Si no hay sitio para vuestro candado, siempre os quedará arrojar una moneda a la Fontana de Trevi... 

LISBOA

Ese encanto decadente que arrulla a la capital de Portugal, unido a un paseo lento cogidos de la mano por Chiado o Bairro Alto, bastan para que planear una escapada de San Valentín a Lisboa sea una opción de lo más prometedora. La ciudad está llena de escenarios y momentos once-in-a-life-time: como las vistas y puestas de sol que se contemplan desde los miradores de la ciudad como los de Santa Luzia, Portas do Sol, Graça, São Pedro de Alcântara y Santa Catarina, o la atmósfera que se vive en un crucero en barco para contemplar Lisboa desde el Tajo y con otra perspectiva diferente con el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém como testigos. 

¿Y qué mejor que acabar la noche cenando en alguna de las casas de fado? Puro romanticismo cuando tras la cena se baja la intensidad de la luz y el silencio absoluto deja paso al dulce sonido de las voces de los fadistas. Apunta estas tres direcciones -las mejores- del Bairro Alto, que es donde están las mejores casas de fado de Lisboa: Fado Nó Nó (Rúa do Norte, 47-49), el Café Luso (Travesía Quimada, 10) y el Arcadas do Faia (Rúa da Barroca, 54-56). Y si queréis ya 'morir' de romanticismo al más puro estilo Lord Byron, id a Sintra, esa ciudad maravillosa al lado de Lisboa y que es una locura apasionada entre el kitsch más rotundo y el Romanticismo (con mayúsculas) más exacerbado, y la que el poeta definió como “el jardín del paraíso terrenal”.  

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