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Un verano para tirarse a la bartola: los mejores destinos con hamaca
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Un verano para tirarse a la bartola: los mejores destinos con hamaca

¿Puede haber algo mejor que una hamaca para tumbarse a la bartola y una sombrilla para cobijarse del sol y ese sol, y ese libro sin horas y la muñeca sin reloj?

Foto: Foto: Dedon
Foto: Dedon

El verano es con hamaca o no es. El verano es nevera y cerveza fría y chapuzón y terraza a todas horas. El verano son vacaciones y unas sandalias. Debería ser siempre el campamento de cuando éramos pequeños, pero para descansar. Esto es un himno al horizonte y a la horizontal, al no hacer nada, al célebre 'reposo del guerrero', al querídisimo ver la vida pasar. Esta vez, desde hoteles que invitan al relax y playas en las que apoltronarse. Repantingados, las cosas no se ven igual.

1. ENTRE PINOS Y SOBRE EL ACANTILADO: CAN SIMONETA, EN MALLORCA
Mallorca siempre es Mallorca. Distinta, selecta, exuberante, de piedras antiguas y razones modernas. La isla entera está en Can Simoneta, que se asienta sin vértigo sobre un acantilado (nada raro en la tierra de la ensaimada) con sus 140 años de antigüedad. ¿Para bajar al mar? Nada de ascensor: unas escaleras excavadas en la roca y con premio. Te llevarán a las playa de Canyamel. Y al subir, tendrás lo que estás deseando: una puesta de sol y una cena bajo las estrellas (el hotel tiene cinco) en la terraza del restaurante con los barcos de pescadores en la bahía de fondo. Sabemos bien dónde hemos ido a parar: a un jardín mallorquín de cinco hectáreas con hamacas colgadas de los pinos. Hasta aquí podíamos llegar (a Capdepera, al norte de la isla). Eso sí, es solo para adultos (nada de niños).

2. EN UN ANTIGUO PAJAR CUYO NOMBRE NO OLVIDAREMOS: LES HAMAQUES, EN EL AMPURDÁN

Nos hemos venido hasta la tierra que fue testigo del amoroso y mundano trasiego de esos dos impostores a su manera que fueron Salvador Dalí y la musa encerrada en su castillo, Gala. Y esta vez lo hemos hecho en busca de una hamaca para tumbarnos. Nos gusta esta tierra fronteriza donde los chiringuitos siempre están asomados a la inmensidad.

La hamaca, de flecos y entre los árboles, la hemos encontrado en un antiguo pajar que hoy es un pequeño hotel de campo que además se llama como queríamos: Les Hamaques, en catalán. Dichas 'perezosas', como dicen con razón en algunos países de América del Sur, están entre magnolios, lavandas, hortensias y marquesas, que también son flores. Pero habrá que espabilarse, porque solo tiene seis habitaciones.

3. IBIZA ENTERA ESTÁ HECHA PARA TUMBARSE: LES TERRASSES
Otra isla y también balear. Salen a nuestro encuentro: nos quieren. Ibiza sigue siendo el paraíso del vestido blanco, un acto de desagravio por la tortura de nuestras rutinas y las prisas que siempre tenemos por llegar. Ahora reina la calma ¿Quién dijo estrés? Coge hamaca aquí y no la sueltes: están muy solicitadas y no tienen precio (las de las playas). Esta será de algodón cien por cien orgánico y natural, colgada en el entorno más hippy-chic.

¡Oh, el verano! Cuando te tumbes lo verás todo en blanco y en azul. Así es: estás en una casa que es un hotel en la carretera de Santa Eulalia, kilómetro 1. Se llama Les Terrasses: los suyos no hablan de descansar sino de soñar, no de comer sino de gustar, y cuando quieren decir estar les sale regenerarse.

4. EN LAS PLAYAS DE SAN JUAN DE LUZ (FRANCIA)
Siempre puedes coger y plantar tu tumbona en la playa. Tendrás que madrugar, que esto es como en el Oeste americano: la tierra para el que llega primero. Para esta vez, hemos elegido las de San Juan de Luz, la ciudad que mira al mar y sabe (y puede) vivir de él. Cuando te levantes, puedes darte una vuelta por su casco histórico, donde lo vasco se hace francés (y al revés), y dar buena cuenta de su cocina marinera: está lleno de restaurantes de los imprescindibles. Es paraíso de surferos. La arena, atlántica: la tumbona, lisa o a rayas.

5. NO ES UNA POSTAL Y TIENE HAMACAS CON VISTAS A LOS ALPES: GRAN HOTEL KRONENHOF, EN PONTRESINA (SUIZA)

Por fin hemos llegado a los Alpes: queríamos altura y sombra, paisaje de montaña espectacular, con Heidi rodando por las laderas (nunca la vamos a olvidar, aunque lo intentemos). En este entorno, las tumbonas son otra cosa: hacen promesas con la hechura del espejismo, de la corona en la cima. Basta con mirar. Los pies, y nuestra afición al glamour más hollywoodiense, nos han traído hasta el Gran Hotel Kronenhof, muy 'gran' y muy hotel, que se alza en una localidad suiza que se llama Pontresina y que nadie (o muy pocos elegidos) conocen, y eso que está a siete kilómetros de la famosísima Saint Moritz, a ella sí.

Por aquí pasó la belle époque y se quedó. El hotel, de 1848, fue modernizado ya en este milenio con un atrevido adosado que es, arquitectónicamente hablando, soberbio. Cuando estés en horizontal, te asombrará la verticalidad del macizo imponente del Bernina y el gigantesco glacial. Siempre hubo aquí hoteles de huéspedes, ya en el XIX: ahora te toca a ti.

6. EN UNA CASA 'ENCANTADA' VIEJA PERO MODERNA: HOTEL CAPRISUITE, EN ANACAPRI (CAPRI, ITALIA)

Nos acoge el mar Tirreno, el golfo de Nápoles. En el centro de la isla de Capri, en la localidad que alarga su nombre, Anacapri, hemos dado con el hotel perfecto para, por fin, no hacer nada: el Capri Suite. Lo tiene todo. A ver: isla, el mar y la playa cerca, y una construcción histórica aderezada con la más moderna decoración. Fue un monasterio, el de la iglesia de San Michelle, y es una casa 'encantada' con la cal al descubierto y un mobiliario azul -ya sabemos por qué- y amarillo, por los limones del fabuloso Sorrento.

Si te coges la habitación 'cítrica' y te asomas a su ventana, verás el jardín de la histórica villa Orlandi, como lo veía el mismísimo Andy Warhol, muy amarillo también, que veraneaba aquí. Para tumbarte, una vieja cama rodeada de ágaves y cactus, plantas de la isla, colocadas como si fueran libros en una biblioteca de ocho metros de altura. Casi es obligado leer.

El verano es con hamaca o no es. El verano es nevera y cerveza fría y chapuzón y terraza a todas horas. El verano son vacaciones y unas sandalias. Debería ser siempre el campamento de cuando éramos pequeños, pero para descansar. Esto es un himno al horizonte y a la horizontal, al no hacer nada, al célebre 'reposo del guerrero', al querídisimo ver la vida pasar. Esta vez, desde hoteles que invitan al relax y playas en las que apoltronarse. Repantingados, las cosas no se ven igual.

Playa Ibiza Andy Warhol
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