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Escapadas para el puente de mayo: de Pals a Ciudad Rodrigo, cinco destinos espectaculares en España

Una villa marinera en la Asturias más azul, una ciudad de habanera, otra ciudad encantada, un pueblo bonito a rabiar y el que no podía ser más monumental. Nos vamos de viaje

Foto: Esta villa del Ampurdán te hará aún más viajero de lo que eres. (Foto: Ayuntamiento de Pals)
Esta villa del Ampurdán te hará aún más viajero de lo que eres. (Foto: Ayuntamiento de Pals)

Puente a la vista y de nuevo la oportunidad de cruzar al otro lado, de cambiar de aires y de ribera. Y es justo lo que hacemos ahora que por mayo era por mayo, cuando hace la calor y lo demás –como en el poema–. Trigo y flores. Llegar hasta uno de los pueblos más pintorescos del litoral cantábrico, donde hemos echado el ancla aprovechando los aires marineros; dejarnos arrebatar por la belleza de Pals o contar los monumentos de Ciudad Rodrigo como si fueran ovejitas para dormir, solo que nosotros para soñar. Estos son los cinco destinos cercanos -no salimos de España- para este puente. Partimos.

1. Un pueblo marinero: Puerto de Vega

La verdísima Asturias, ahora más azul, siempre nos está llamando a gritos, ya sea por sus valles, sus tesoros arquitectónicos o sus reclamos marineros, como en esta ocasión, cuando el que nos tienta es Puerto de Vega, dentro del más conocido Navia, famoso por su leche y Campoamor, allá en la costa occidental del principado, con todo su sabor a sal, el de sus caseríos tan propios, pero también el de las casonas blasonadas, como la de Trelles, donde murió Jovellanos, y esas otras casas de los indianos que tanto abundan por aquí. A Puerto de Vega le sobra tipismo y encanto. Solo hay ver su puerto y la plaza medieval de Cupido. Toda una marina que pintar, aunque sea con tu imaginación (o fotografiar, claro). Para colmo, la villa tiene pasado ballenero y vive de la pesca y su industria; esto es, conservas, salazones y escabeches.

Así es Puerto de Vega. (Foto: Turismo de Asturias)
Así es Puerto de Vega. (Foto: Turismo de Asturias)

No te pierdas: la venta del pescado los lunes, miércoles y jueves a las 17:30 en la lonja, en blanco y azul, ni el Museo Etnográfico Juan Pérez Villamil. Lo aprenderás todo sobre los oficios artesanos, los modos de vida tradicionales y demás.

Te gustará: el romanticismo de su ambiente. Entre las quintas, los artistas, los jardines y el pasado glorioso…

Dónde dormir: el Pleamar es un hotel con encanto y jacuzzi. Desde 70 euros.

2. Una villa monumental: Ciudad Rodrigo

Hay tantos monumentos en esta tierra fronteriza que no se pueden contar. No hay muchos conjuntos histórico-artísticos como el de esta noble ciudad amurallada del oeste castellano. Uno no sabe si tirar hacia la catedral de Santa María, irse de palacios y de iglesias por sus magníficas calles o lanzarse a la conquista de ese bastión de baluartes, fosos y revellines –en esta plaza medieval acontecieron muchas invasiones bárbaras–mientras llegan los ecos de Portugal. Aquí la lección de historia no está en el papel, que también, sino en la piedra. Su aire señorial –también cunden por doquier los palacios y casas solariegas– te embaucará. Dominándolo todo, el señor castillo. Y allá abajo, el puente sobre el Águeda.

El castillo en el que podrás dormir. (Foto: Parador de Turismo)
El castillo en el que podrás dormir. (Foto: Parador de Turismo)

No te pierdas: la capilla de Cerralbo, levantada (atención) para hacer sombra a la catedral, el palacio de los Águila, la iglesia de San Andrés de origen románico y el hospital de la Pasión, fundado en época de los Reyes Católicos y aún en funcionamiento.

Te gustará: la proximidad del país vecino y de la ciudad ídem, que es Cáceres, volvámosla a llamar bella.

Dónde dormir: por supuesto en el Parador de Turismo, que es lo mismo que decir en el castillo, el de Enrique II de Trastámara, que contempla la villa, como nos dicen, con su elegante torre del homenaje desde un tajo elevado como un nido de águila. Desde 88 euros.

3. Una joya gótica: Pals

Ay, Pals. Es decirlo y se le ponen a uno los dientes largos. El Ampurdán, este es el Bajo (Gerona), esconde tesoros así, tan soberbios. Porque la belleza de Pals es de esas que no se pueden aguantar y además con flores. La de sus muros y la de su paisaje, que llega hasta el mar. Pals es Pals, Masos de Pals y Platja de… En efecto, este lugar de la tierra que fascinaba a Dalí (y a Gala) lo tiene todo. Por si fuera poco ser uno de los recintos góticos mejor conservados de la tierra ampurdanesa, con la Torre de las Horas, románica, a la cabeza, resulta que también goza de playa y de un entorno que volverá locos a los amantes de la naturaleza, con sus marismas y arrozales.

Pals desde lo alto. (Foto: Ayuntamiento de Pals)
Pals desde lo alto. (Foto: Ayuntamiento de Pals)

No te pierdas: el mirador de Josep Pla, desde donde se divisan los campos de la región y hasta las islas Medas, muy cerquita de la desembocadura del Ter.

Te gustará: su aire de película. Esas calles empedradas, esos arcos de medio punto, esas ventanas ojivales.

Dónde dormir: en Massalvi, una masía del XVII convertida en hotel de lujo en la zona verde protegida del Quermany de Pals. Tiene piscina cubierta y sauna. Desde 122 euros.

4. Una ciudad de órdago: Cádiz

Como decía Carlos Cano, “La Habana es Cádiz con más negritos; Cádiz, La Habana con más salero”. Pues eso. Eso y que cuando uno ve la estampa de su catedral junto al mar y su cúpula relucir, recubierta como está de azulejos dorados, ya cree que ha puesto un pie, habanera mediante, en las Américas. Hemos desembocado, porque aquí se desemboca como si fuéramos ríos, puro Atlántico, en la Tacita de Plata, la ciudad más antigua de Occidente. Es fenicia esta Gadir, puerto de Indias y cruce de culturas, y estuvo, cómo no estando donde está, amurallada.

Lo suyo es recorrer lo que queda de aquel sistema defensivo: por el Campo del Sur para ver los baluartes de Los Mártires y Capuchinos junto a la Caleta, a la que guardan las espaldas los castillos de San Sebastián y Santa Catalina. Y hay muchos más. Y patear también su casco histórico, de calles estrechas y pequeñas plazas, con barrios de tanto tronío como La Viña, El Pópulo o Santa María, epicentro del cante flamenco. Mucho arte hay en Cádiz y no somos ningún Colón. Grande Cádiz, también con sus palacios barrocos. Descubriendo sus secretos después de que ya hemos hecho lo propio con Tarifa.

La catedral y el mar de esta Habana con más salero. (Foto: Cádiz Turismo)
La catedral y el mar de esta Habana con más salero. (Foto: Cádiz Turismo)

No te pierdas: el pescaíto frito en la plaza de San Juan de Dios, la Santa Cueva en la plaza de San Francisco, con pinturas de Goya, o el Oratorio de San Francisco Neri, en el barrio del Mentidero, junto a la plaza –hay tantas– de San Antonio.

Te gustará: la calle Zorrilla, que es la calle para tapear, y que te llevará hasta los jardines de la Alameda Apodaca y el parque Genovés, miradores de lujo sobre el mar, y luego hasta buen puerto, el de la ciudad.

Dónde dormir: en el hotel Convento Cádiz, un antiguo convento del XVII en pleno centro histórico. Desde 81 euros.

5. Un monumento natural: Bolnuevo

Hay en las inmediaciones del muy vacacional Mazarrón una ciudad encantada que no es la proverbial de Cuenca, que alimenta de magia natural su serranía, sino la menos conocida pero también impactante de Bolnuevo, sin duda uno de los reclamos turísticos de Murcia. La costa de este lado del Mediterráneo, que permanece virgen viniendo desde Águilas hasta acá, guarda estos tesoros. Esculturas en primera línea de playa, en el golfo de Mazarrón, y del color de su arena. O dicho de manera más concreta, formaciones de un material arcilloso conocido como greda, compuesto de sílice y aluminio, derivado de la alteración de rocas ígneas y metamórficas. Cambiamos la historia por la geología. ¿Quién las esculpió? El aire, con la ayuda de la arena y el agua del mar.

Las esculturas naturales de Bolnuevo. (Foto: Murcia Turística)
Las esculturas naturales de Bolnuevo. (Foto: Murcia Turística)

No te pierdas: la fauna del lugar. Si miras al cielo, puede que veas volar un águila perdicera. Si miras al suelo, una tortuga mora o un lagarto ocelado.

Te gustará: el camino que va de Bolnuevo hasta Puntas de Calnegre, que se puede alargar hasta Cala Blanca y hasta el Cabo Cope, entre Lorca y Águilas. Está salpicado de calas y playas vírgenes.

Dónde dormir: en el pequeño hotel familiar Atrium, a 200 metros de la playa, con solo 10 habitaciones y un restaurante, Manduca, donde disfrutar de la cocina mediterránea.

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