VIAJE

Montseny: por qué tienes que descubrir ya este maravilloso paraíso catalán

Es tan verde que no se puede aguantar y tan frondoso que está cuajado de leyendas de brujas y bandoleros. Y también de mujeres de agua, castillos, pueblos con encanto y cosas ricas de comer

Foto: Así es la piscina que comparten las casas La Solana y La Cort, en Arbucias, a la sombra de Les Agudes.
Así es la piscina que comparten las casas La Solana y La Cort, en Arbucias, a la sombra de Les Agudes.

El Montseny. Es decirlo y se nos pone una selva delante de los ojos. Un paraíso de color verde que no podía ser más natural. Para descubrirlo hay que llegar hasta Barcelona y arrimarse a Gerona hasta dar con las comarcas de Osona, Vallés Oriental y La Selva, que son las tierras que ocupa, ya lejos del mar, aunque no mucho, en el prelitoral. La espesura que te vas a encontrar aquí es difícil de imaginar. Por algo está cuajadito de mitos y de leyendas: que si las mujeres de agua, que si las brujas de Viladrau. En el Espai del Montseny de este último pueblo, así para empezar, te lo contarán. Y además reina la 'calma' como en ningún otro lugar. Seguimos dándote razones para ir ya pero ya. No vale posponer.

El Parque Natural del Montseny. (Foto: Diputación de Barcelona)
El Parque Natural del Montseny. (Foto: Diputación de Barcelona)

1. El bosque encantado. E incluso animado, sin bandido Fendetestas, como en la novela de Fernández Flórez (y la película de José Luis Cuerda), pero con bandolero Serrallonga y con el aire catalán en vez del gallego. Si alguien se piensa que lo que se va a encontrar aquí es un bosque mediterráneo sin más, dada la proximidad de nuestro mar, craso error. La variedad ecológica es tal que este mismo da paso al eurosiberiano y el boreoalpino; una diversidad en Europa sin igual. Una locura en verde, que para eso estamos en una reserva de la biosfera. A 50 kilómetros de Barcelona y con una extensión de 30.120 hectáreas. Desde luego hay sitio para perderse y árboles que contar.

2. Montaña para aburrir. Con el Turó (de l'Home) como techo, con sus 1706 metros, y Les Agudes, que le sigue bien cerca, con sus 1703, y otros altos como el Pla de la Calma, el Montseny aparece imponente, queriendo tocar el cielo. En el bosque reinando como señores de la vegetación, los castaños. Y entre ellos, el de Can Cuch (se visita desde Cánovas), con doce metros de perímetro y en cuyo interior vivió, y no es cuento, un carbonero; el de Gros dels Roters en Arbucias o el de Les Quinze Branques en Brull.

Paisaje del Montseny con el castillo de Montsoriu al fondo.
Paisaje del Montseny con el castillo de Montsoriu al fondo.

3. De pueblo en pueblo. No todo iban a ser árboles, prados, cantizales, peñascos, landas, ríos y riachuelos. Dentro del Montseny hay un montón de pueblos de esos que uno está deseando descubrir, tipo Breda, con bella estampa y mucha cerámica, que no fue donde tuvo lugar la rendición histórica que pintó Velázquez, que eso está en los Países Bajos; Viladrau, plagadito de fuentes; Brull, a 800 metros sobre el nivel del mar y unas vistas que alcanzan hasta los Pirineos y Montserrat, o San Celoni, que es mucho más que el nombre de un exitoso restaurante. Un pueblo con abundante patrimonio cultural y gran belleza paisajística. La de todo el lugar.

Uno de los pueblos del Montseny. (Foto: Ayuntamiento de Viladrau)
Uno de los pueblos del Montseny. (Foto: Ayuntamiento de Viladrau)

4. Otros tesoros. Además del regalo para los ojos que es todo, y decimos todo, lo que tendrás a tu alrededor, en el Montseny encontrarás vino, aceite, embutidos, quesos, cerveza, castañas (aquí, en Viladrau, está el Centro de Manipulación de la Castaña), plantas aromáticas, cerámica y un largo etcétera artesanal que te harán quererlo aún más. Y eso que no hemos dicho ni pío aún del chocolate, que también manda y mucho por aquí. Encontrarás manjares en Vallflorida Xocolaters, en San Esteban de Palautordera o Santa María de ídem; o en Pastisseria Forners, en Santa María de Palautordera también.

5. Castillos a gogó. Es un buen refugio para nosotros, el mejor, y también lo fue para los señores feudales que, en plena Edad Media, huían de la presión sarracena. Así que llenaron estas tierras de castillos inexpugnables en los lugares más estratégicos, muchos de ellos hoy desaparecidos. Sí queda, sin embargo, el de Montsoriu, que es magnífico y está siendo objeto, para nuestra fortuna, de una (bendita) restauración. Está en la carretera de Breda a Arbucias y es obligado por lo menos verlo desde abajo allá en lo alto con toda su solemnidad, aunque se puede subir a pie por una pista forestal que sale de la urbanización Fogueres de Montsoriu (40 minutos caminando). También el de Fluvià, con una iglesia románica en su interior, hoy convertido en albergue con campo de fútbol, pista polideportiva, dos piscinas, tres campos de aventura, dos parques infantiles, dos piscinas y un estanque, y lo restos del de Montclús, que era uno de los más notables del Montseny, sobre Palautordera, y que también se puede conquistar.

El soberbio castillo de Montsoriu, en plena restauración. (Foto: Montsoriu.cat)
El soberbio castillo de Montsoriu, en plena restauración. (Foto: Montsoriu.cat)

6. No te pierdas tampoco. Los dólmenes de la Serra de l'Arca, entre Aiguafreda y Brull, a los que se llega en una excursión de dos horas y media; la Estela de la Calma o Sitja del Llop, un megalito que forma parte de una de las paredes de una cabaña de pastor y es el resto prehistórico a mayor altura del macizo (hoy en el pueblo de Montseny pero recreado en el Pla de la Calma); la Font Bona de Sant Marçal, nacimiento del río Tordera; el monasterio benedictino de San Salvador de Breda o lo que queda de él (la catedral de la Selva) y el monasterio de Sant Marçal, a 1.145 metros de altitud y con iglesia románica, que hoy es un hotel de montaña (a 10 kiómetros de Viladrau).

Xalet La Coromina.
Xalet La Coromina.

7. Dónde comer. En el Romaní de Breda podrás dar cuenta de platos de toda la vida como la escudella, los caracoles, los arroces o las carnes a la brasa, o de otros más innovadores como la terrina de foie gras o el magret de pato. En el hotel Can Cuch, en Cánovas y Samalús, probarás los vinos de su cava de roca natural y su cocina de vanguardia. Y en el Xalet Coromina, en Viladrau, sabrás lo que es bueno en su comedor de verano en pleno jardín. Por estos lares mandan los platos de carne y pescado, no separados sino juntos. El llamado mar i muntanya.

8. Dónde dormir. Lo suyo es quedarse a vivir el tiempo que se pueda en alguna de las casitas de invitados (de alquiler) que Teresa Canal tiene en medio de este paradisiaco parque natural. La casa principal es una masía del siglo XVII; no decimos más. La Solana es para cuatro personas y La Cort de El Solei para dos, independientes y unidas por las piscina, que es común. Con barbacoa y salón chill out, rodeadas de agua y verde, de caballos, perros y gallinas, todo muy bucólico. Son puro Montseny. En Arbucias, un pueblo "muy cuco", palabras de la dueña, salpicado de casas modernistas y novencentistas, con interesantísimo museo etnográfico, y sobrado de animación. A solo 30 minutos de Gerona y a una hora de las playas de la Costa Brava. La paz y la tranquilidad, desde luego, eran esto. Más información: 626480528 y 872012094; turismomontseny@gmail.com.

La Solana y La Cort, un refugio en el Montseny.
La Solana y La Cort, un refugio en el Montseny.

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