A PLAYA MEDITERRÁNEA Y ATLÁNTICA

Cuatro restaurantes de estreno con sabor a verano

El mar se cuela por las rendijas de este barco urbano y cosmopolita que nos lleva. Hemos recalado en un chiringuito con peces en pleno Madrid y nos hemos hecho atlánticos al atardecer en la ría de Arosa
Foto: El Chiringuito del Señor Martín, en la calle Mayor de Madrid
El Chiringuito del Señor Martín, en la calle Mayor de Madrid

Mar, mar y más mar. Se cuela por todas las rendijas de este barco urbano y cosmopolita que nos lleva. Así que hemos recalado en El Chiringuito del Señor Martín, que ha logrado la ingeniería del puerto en una calle mayor de tierra adentro. Mediterráneos (y modernos a rabiar) son también el Cachitos y la trattoria italiana Flavia, coctelerías ambas además, como atlántico al cubo es el Culler de Pau nada más entrar en la ría de Arosa. Y son todos nuevos (o casi). ¿Cómo no iban a saber a verano?

El Chiringuito del Señor Martín, en Madrid

No nos podíamos imaginar que nos dieran donde más nos duele y además en plena cumbre asfáltica, es decir, en la madrileña calle Mayor (en el número 31). Nos han abierto un chiringuito que se hace llamar a lo grande beach bar, como si esto fuera Conil, y se ha llenado de peces hasta por las paredes sin tener mar (el mural es del colectivo artístico Boamistura). Podría ser un cuento ilustrado de cualquiera de nuestros autores más imaginativos, pero es un mostrador de pescado fresco en el que se despachan carabineros, navajas, percebes, erizos, ostras y salmonetes con la alegría veraniega del cucurucho, donde se empaquetan los calamares y boquerones fritos, listos para llevar.

El invento playero es cosa de la pescadería El Señor Martín, que tiene su puesto en el Mercado de San Miguel y que ha querido rendir todos los honores, incluso a mesa puesta, al pescado fresco. Ni que decir tiene que la pesca que se practica es sostenible y que su cocina logra coser la paradoja del fast slow food (comida rápida lenta). En El Chiringuito del Sr Martín, cuya decoración  ha corrido a cargo de Marta Banús, que hizo lo propio en los alabados Le Cocó, El Columpio y La Tasquería, cunden las frituras, la plancha y las cocciones. ¿El secreto? Está en el rebozado y el aceite de oliva virgen extra. Para la ocasión han seleccionado vinos de pequeñas bodegas, caso del Ribera del Duero PSI, hermano pequeño de Pingus. No faltan el vermú, el champán y la sangría. Abierto de 11 a 1h. Precio medio de la carta: 25-30 euros.

Cachitos, en Barcelona

La interiorista Estrella Salietti y el arquitecto Pepe López de Hoyo han conseguido que queramos ir al Cachitos de la avenida Diagonal (nº 508) no solo a comer y beber, sino a mirar. A observar cómo en un más difícil todavía se mezcla el arte taurino con las torres de los castellers y un hurra a lo mediterráneo, para recordar al respetable quiénes somos y de dónde venimos. Lo que resulta es una taberna de vanguardia -absténganse los que busquen un restaurante formal-, un tanto canalla, con árboles que dan claveles como frutas y hiedras que trepan por la paredes, y a la que se puede ir tanto de copas -es coctelería- como buscando desayunar. El chef José Miguel Manzanal firma la carta: te podrás pedir unas croquetas de jabugo o pollo de corral, unas láminas de alcachofa, unos canelones con foie y trufa o unos huevos rotos. Abierto hasta las tres de la mañana.

Foto: Jp Escobar
Foto: Jp Escobar

Flavia, en Madrid

Más mar y más Mediterráneo y también más vanguardia en este afterdinner que se levanta en Madrid (C/ Gil de Santivañes, 2, junto a la Puerta de Alcalá) como templo de la cocina italiana con nombre de dinastía imperial romana, Flavia. Una trattoria en dos alturas para corazones (y estómagos) urbanos y cosmopolitas, cuya puesta en escena se ha dejado en manos de la arquitecta y diseñadora rusa Elena Kardhs. La planta inferior está dispuesta para la comida o la cena, ideada por Hugo Berton y Borja Palacios, y la superior, para los cócteles y la música. En la carta mandan, como suele suceder y nuestra salud agradece, los productos ecológicos y frescos. Prometen la mejor pasta (también para celiacos), deliciosas pizzas cocidas en horno de leña y elaboradas por maestros pizzaiolos, y cócteles de hierbas selectas y frutas recién recogidas (recomiendan el Bellini de Flavia). Abre de 13:30 a 1:30, de domingo a jueves (viernes y sábado cierra a las 3 h). Precio medio: 25 euros. 

Culler de Pau, en O Grove (Pontevedra)

El restaurante de altos vuelos (y alta mar) de Javier Olleros y Amaranta Rodríguez vuelve a estos fueros gastronómicos con la cara lavada y recién peinada (ha reabierto tras una reforma), que en este caso es lo mismo que decir con una huerta ecológica propia, mayor protagonismo para el vino -ahí está su bodega acristalada- y una sala polivalente, que corren tiempos de diversificar. La experiencia gastronómica al máximo nivel aquí, en la ría de Arosa, está servida. En el Culler de Pau hay carta y dos menús: el gastronómico, que es largo (80 euros), y el de degustación, que es breve (48 euros). Hacen una oda a los espárragos, las alcachofas y los guisantes lágrima. La cocina de Olleros es “creativa y emocional”. En O Grove (Reboredo, 73). ¡Ah!, se puede ver el atardecer en la ría a través de su magnífico ventanal. 

Ocio

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