AIRES NÓRDICOS Y COMIDA DE AÚPA

Fismuler: el nuevo restaurante de Nino Redruello que no te puedes perder

Nino Redruello lo ha vuelto a hacer: no contento con el éxito de Tatel, ahora se saca de la manga Fismuler, un local de aires nórdicos que atrapa con su encanto y en el que se come mejor que bien

Foto: Fismuler
Fismuler

Cada año surgen tres o cuatro nuevos restaurantes de los de visita obligada. En unos casos es por puro postureo: tienes que conseguir una mesa, hacerte una foto y subirla a tu Instagram para que el mundo rabie y sepa que tú ya has estado allí; en otros, verdaderamente el local merece esa visita, ya sea por lo bien que se come allí, ya porque el concepto sorprende, agrada, divierte

Fismuler (Foto: Luz Estudio)
Fismuler (Foto: Luz Estudio)

Fismuler tiene un poco de todo eso. Es decir, a Fismuler hay que ir (y decir que se ha ido). Se trata de la última propuesta de Nino Redruello y Patxi Zumárraga, los mismos de Las Tortillas de Gabino y La Gabinoteca, los mismos que llevan la dirección gastronómica de Tatel, otro de los 'must' del año pasado. Así que ya nos podemos imaginar que se tratará de una oferta moderna; también, que la cocina va a ser sin dobleces: muy cuidada, pero sin que se note la elaboración que lleva detrás. 

¿Qué tiene de especial? Para empezar, el espacio. Nada más entrar nos embarga una sensación de refectorio monacal, de austeridad casi calvinista. Paredes desnudas, mesas de madera corrida, espacio diáfano... Una mirada más detallada nos hará ver los mil matices de ese interiorismo aparentemente de derribo (firmado por Arquitectura Invisible, el estudio de Ignacio Redruello, hermano de Nino), pero que acierta plenamente al conseguir que uno se sienta cómodo entre desconchones, cables (lo que se han ahorrado en rozas) y estéticas imperfecciones. A la vista, además, las barras de servicio en las que se emplatan los aperitivos y se pone la guinda a los postres caseros y el pan.

Fismuler (Foto: Luz Estudio)
Fismuler (Foto: Luz Estudio)

¿Se come bien? Nino Redruello sabe muy bien lo que se hace: hunde sus raíces en La Ancha, restaurante fundado en 1930 por su abuelo, Santiago Redruello, y es la tercera generación de una familia entregada a la gastronomía. Así que le da importancia a la comida; esto, que parece una obviedad, no lo es tanto, y bastantes ejemplos tenemos de restaurantes que son puro fuego de artificio en lo que a cocina se refiere.

Garbanzos salteados con ternera y cigalitas
Garbanzos salteados con ternera y cigalitas

Vayamos al detalle: su carta es cambiante y se mueve al albur de los vaivenes del mercado. Entre nuestras recomendaciones, imprescindible la tortilla de boquerones frescos con piparras (11,50 euros), los garbanzos salteados con ternera y cigalitas (11,50 euros) o el paté de campaña (9 euros). Después, la carne o el pescado del día, que siempre tendrá una elaboración sencilla. "Hacemos una cocina de mercado basada en la filosofía 'slow food' y en el uso de productos naturales, ecológicos y de kilómetro cero; una cocina sencilla, sin más pretensión que la de dar de comer rico y sano, aunque con una sólida base técnica detrás", explican.

Ensalada de patata, cebollas asadas y bonito al sarmiento
Ensalada de patata, cebollas asadas y bonito al sarmiento

Para compartir. Es la idea. Fismuler sigue la tendencia (se pueden pedir medias raciones, que nos permiten picotear y extender el festín) y la amplifica al ofrecer dos mesas largas corridas, una alta con banquetas y otra baja con bancada, para que quien vaya llegando pueda sumarse a la comunidad, o al decantarse por la oferta de jarras: sangría, limonada, michelada, rebujito, clara de limón...; de modo que la bebida tenga también su papel en la reunión como lubricante social. 

Un rincón de Fismuler
Un rincón de Fismuler

Rincones especiales: los interioristas, entre los que se encuentra también la prestigiosa arquitecta Alejandra Pombo, han querido ofrecer no solo esos espacios amplios y comunales, sino también esconder algún que otro rincón lleno de magia y encanto; si vas en grupo y te es posible, intenta reservar la conocida como 'mesa Instagram': situada en un patio interior, te ofrece intimidad en un entorno que retrotrae a un tiempo inmemorial. Es una inmersión en una atmósfera nórdica y brumosa desde la que brindar porque se ha ido a Fismuler... o, mucho mejor, porque se ha vuelto.

Fismuler. Sagasta, 29. Teléfono 91 827 75 81.

Precio medio: 35-40 euros

 

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Gastronomía
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