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La hija de Esther Koplowitz, en guerra por dos títulos nobiliarios

Rebelión en casa de Esther Koplowitz. Rica, influyente, poderosa y enigmática, la empresaria y marquesa consorte de Cubas tiene varios frentes abiertos. A la aparición de
Foto: La hija de Esther Koplowitz, en guerra por dos títulos nobiliarios
La hija de Esther Koplowitz, en guerra por dos títulos nobiliarios
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Rebelión en casa de Esther Koplowitz. Rica, influyente, poderosa y enigmática, la empresaria y marquesa consorte de Cubas tiene varios frentes abiertos. A la aparición de un presunto nuevo hermano, se une la lucha que está llevando a cabo una de sus hijas, fruto de su matrimonio con Alberto Alcocer, por convertirse en aristócrata. Esther Alcocer Koplowitz es la única de las hermanas que no cuenta con título nobiliario. Ahora, respaldada por su madre, ha iniciado una batalla por la sucesión en el condado de Santa María de Loreto y en el marquesado de Arcos, vacantes tras el fallecimiento de su última depositaria, Mercedes de la Torre y Alcoz, residente en Carolina del Norte, Estados Unidos.

El BOE recogió el aviso el 23 de noviembre de 2011. Pero, la hija del empresario de la gabardina y la esposa de Fernando Falcó no es la única persona que lo solicita: Emma de Zea y López de la Cal, conocida en las altas instancias de la burguesía y la aristocracia como una experta en demandas nobiliarias, también lo ha hecho. El caso se ha complicado tras la repentina muerte, días antes de Navidad, de ésta última, de 59 años. “Los hijos o sucesores de la fallecida tendrían que solicitar del Ministerio de Justicia que se les concediera la subrogación en los expedientes de sucesión de los respectivos títulos”, explica a Vanitatis Javier Timermans, abogado experto en Derecho Nobiliario y marqués de Villapuente.
 
A pesar de esta particularidad, este portal ha podido saber que la solicitud se sigue dirimiendo en los órganos competentes. “Los respectivos expedientes y alegaciones de los aspirantes se envían a la Diputación de la Grandeza de España, quien emite un informe (no vinculante), sobre quién de ellos tiene a su criterio mejor derecho para suceder en los títulos. Posteriormente, se mandan al Consejo de Estado, que también emite un informe no vinculante. Y, finalmente, lo hace el Ministerio de Justicia. Una vez reunidos los tres informes, se envían a S.M. el Rey que, en virtud del artículo 62.f de la Constitución, es quien decide a quién concede la sucesión”, prosigue Timermans.

Pero, la batalla no está ganada todavía, ya que ambas partes tendrán que presentar sus alegaciones para optar a la otorgación final de dichos títulos. “Hay que probar ser descendiente del poseedor del primer título y tener parentesco con el último. Aunque al fin y al cabo la concesión del mismo se basa en una cuestión de primogenitura, el que más cercano esté es el que se lo lleva”, manifiesta José Miguel Carrillo de Albornoz, abogado, escritor y experto en las cuatro casas ducales más importantes del país. “A través de un árbol genealógico documentado, se examina la línea. La descendente es prioritaria sobre la ascendente y colateral. De ser ambos candidatos pertenecientes a la línea descendente, quien esté a menos grados tiene preferencia sobre el que esté a más. En caso de igualdad de línea y grado de ambos candidatos, el título se dirimirá a favor del aspirante de mayor edad. Si ninguno de los aspirantes es descendiente en línea directa y no hay ascendientes, se hará por propincuidad, es decir, el más cercano en grado al último titular de la merced”, concluye el marqués de Villapuente.

El Marquesado de Arcos y el condado de Santa María de Loreto tienen su origen en Cuba, de donde proceden los antepasados de Esther Romero de Juseú y Armenteros, madre de las hermanas Koplowitz. El primero lo recibió en 1792 Ignacio de Peñalver y Cárdenas, hijo de Gabriel de Peñalver y Calvo de la Puerta, alcalde de La Habana y primer marqués de Casa Peñalver, un título que han llevado la propia Esther Koplowitz, su abuela y ahora Carmen Alcocer, su hija pequeña. En cambio, el condado de Santa María de Loreto le fue concedido a Gabriel de Peñalver y Calvo de la Puerta, hijo del primer marqués de Peñalver. Si finalmente Esther Alcocer gana la guerra iniciada para convertirse en condesa y marquesa, tendrá que pagar entre 700 y 2.000 euros a Hacienda en concepto del impuesto correspondiente de sucesiones por la hipotética concesión de dos títulos que no llevan Grandeza de España. El precio variará dependiendo si la sucesión es directa o transversal.

La batalla nobiliaria que ha iniciado Esther Alcocer Koplowitz no es la única que ha librado su familia. En los años 70, Alicia Koplowitz reclamó a la justicia los títulos del marquesado de Bellavista y el de Real Socorro, que finalmente logró restablecer en 1971 y 1984 respectivamente. Años más tarde, cedió éste último a su hijo Alberto, mientras que Pelayo, el menor del matrimonio con Alcocer, recibió el de San Fernando de Peñalver. Pedro es el único que no tiene título.

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#6
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Los títulos nobiliarios no deberían tener existencia oficial.Deberían depender de asociaciones privadas como sucede en Francia o Alemania donde cada familia titulada es consciente de sus orígines y no necesita para nada un reconocimiento oficial por parte del estado.En España los títulos nobiliarios han perdido su naturaleza jurídica basada en la carta de concesión que una vez abierta establecia el régimen sucesorio a seguir.Los políticos,en el S.XXI, hicieron tabla rasa de las cartas de concesión de los títulos y legislaron que por lo que se rige la sucesión es la pura y dura primogenitura traicionando y acabando con la esencia histórica y jurídica de los títulos de manera que ahora suceden personas a las que no les corresponde según la carta de concesión.Debido a la monarquía, los títulos tienen en España caracter oficial y por ese motivo se cambio absurdamente la legislación para favorecer a la mujer de PJ Ramirez,ni mas ni menos. Borbón firmo la nueva legislación que establecia una falsa igualdad entre el hombre y la mujer.De no haber monarquia,los títulos serian algo privado que se basarian en sus antecedentes históricos,su carta de concesión,lo único que les da fundamento.
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#5
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3 Claro que tienen sentido, el de la vanidad.

Sí se repasase a los títulos antiguos muy pocos de los que los ostentan podrían acreditar vínculo sanguíneo alguno con el primer titular.

Y si vamos a los títulos nuevos, sólo se trata de tener la cartera bien llena para acceder a alguno.

Y no le cuento ya sí se tiene que examinar la nobleza por las cuatro ramas. Quedan menos de cuatro. Pero aún así, hay mucha gente que se impresiona con eso, y de eso va la &034;historia&034;.
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#4
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1 Con todo que tiene, quiere mas. Ha olvidada que entramos desnuda iqual que salimos.
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#3
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Los títulos nobiliarios deberían extinguirse por decreto ley.En la época que vivimos no tiene ningún sentido.
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#2
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¿1972 y lo ostentó la abuela? Revisen las fechas de lo escrito
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#1
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!con la que está cayendo!,vanitas vanitatis.
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