Mujeres, lujo y escándalos en la vida de Bernie Ecclestone, el magnate de la Fórmula 1

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Mujeres, lujo y escándalos en la vida de Bernie Ecclestone, el magnate de la Fórmula 1

Bernie Ecclestone, en una imagen de archivo (Reuters)

Lara Fernández - Sígueme en    Twitter  - 25/02/2012

Tiene una fortuna estimada en 3.000 millones de euros. Entre sus amigos se encuentran Mick Jagger, Naomi Campbell, Michael Douglas o Jennifer Lopez. La Fórmula 1 se rinde a sus pies, después de que, con sus manos y su extraordinaria visión de negocio, la elevara a lo más alto, convirtiéndola en un espectáculo y en uno de los deportes que más dinero mueven. Y, sin embargo, la vida privada de Bernie Ecclestone dista de ser objeto de envidia y admiración, sobre todo después de que se destapara el fiasco de su último y tormentoso matrimonio, el que protagonizó junto a la croata Slavica Malic, madre de dos de sus hijas -Petra y Tamara-, y cuyo divorcio fue uno de los más caros de la historia.

Una vez cruzado el umbral de su casa, el magnate de la Fórmula 1 se adentraba en un infierno alejado del glamour, la exclusividad y el lujo que rodeaba a su trabajo, tal y como recoge Tom Bowel en El hombre que inventó la Fórmula 1, una suerte de biografía no autorizada que vio la luz en Inglaterra el pasado año, no exenta de polémicas y críticas por parte de la prensa y del propio Ecclestone, y que hace tan sólo unos días se publicó en español.

La obra de Bowel, especializado en biografías de millonarios, contó en un principio con la aprobación y colaboración del patrón de la F1, hasta que éste se dio cuenta de que destriparía sus miserias más íntimas haciendo especial hincapié en su situación amorosa y familiar, la misma que le costó, en 2009, 650 millones de euros, los que obtuvo Malic tras el sonado divorcio. Ya desde el primer día de su relación, en el que tuvieron un enfrentamiento en el que la modelo amenazó con pegarle una patada, los chantajes -para que se casara con ella tras quedarse embarazada de Tamara-, los insultos -"le llamaba enano y le agredía en sus habituales arrebatos"-, y las humillaciones -Slavica, 28 años menor que él pero 23 centímetros más alta, solía airear la escasez de sexo en la pareja- fueron una constante en su vida.

Sus otras relaciones fueron algo mejor. Antes de ese matrimonio, Ecclestone vivió unos años con la joven asiática Tuana Tan, una mujer que cumplía las exigencias del magnate de la F1: sumisa, ama de casa dedicada a él y una amiga y confidente leal. Nada más conocerla, Ecclestone abandonó a su primera mujer, Ivy Bamford, con la que se casó, con escasas ganas, pues ya estaba obsesionado por su trabajo, y con la que tuvo a su primera hija, Debbie.

Ecclestone, el peor enemigo, pero el mejor para los negocios

Pero la debilidad de Ecclestone no la componen únicamente las mujeres. Su verdadera obsesión, su talón de Aquiles, es el trabajo. Lleva los negocios en la sangre, desde el momento en el que, sin apenas estudios, vendía chucherías en el colegio. Poco después, se dedicó a los recambios de bicis y, con sólo 16 años, unió su don natural para los negocios con su afición por el motor, dedicándose a los de las motos, así como a vender coches de segunda mano, dejando entrever ya su habilidad con las negociaciones. Llegó incluso a pilotar algún que otro coche de Fórmula 1, pero su problema en un ojo y un posterior accidente le relegaron al paddock.

Desde ese lado ha ejercido de relaciones públicas con todo tipo de celebrities, ha hecho negocios, ha apoyado la campaña que otorgó las elecciones a Tony Blair en su día, ha conseguido que los circuitos paguen por cada carrera y que las televisiones pugnen por retransmitirlas, ha premiado la lealtad de sus amigos y ha atemorizado sin piedad a sus enemigos, a los que siempre ha avisado de que él es "muy buen amigo, pero un enemigo muy jodido. Si me la haces, tarde o temprano la pagarás".

Del último atracador que osó irrumpir en la casa que comparte con su actual pareja, una treintañera brasileña, en el londinense barrio de Chelsea, allá por 2010, para robarle y pegarle una paliza, nunca se ha vuelto a saber nada. Lo único que trascendió después de aquel episodio fue la rentabilidad que sacó el magnate de la F1 con la agresión, tras aprovecharla para una campaña publicitaria de la marca de relojes Hublot, uno de los patrocinadores del Gran Circo, que rezaba: "Lo que hace la gente por Hublot". Una muestra más de la fuerte y pragmática personalidad del patrono de la Fórmula 1.

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