Preocupación por el estado de salud de la duquesa

Preocupación por el estado de salud de la duquesa

La duquesa de Alba, entrando en el hospital este martes (I. C.)

L. F. - Sígueme en    Twitter  - 13/03/2012

El entorno de Cayetana Fitz-James Stuart anda más preocupado que de costumbre por el estado de salud de la matriarca del clan Alba. Tal y como ha podido saber Vanitatis, la flamante esposa de Alfonso Díez, que por fin ha hecho caso a su médico y ha bajado el ritmo para ver si así remitían la fiebre y los vértigos que le afectaban desde hace una semana, apenas sale de su palacio de Dueñas, algo extraño en ella.

Cayetana Alba, que siempre se ha mostrado muy reticente a las atenciones médicas, sigue ahora al pie de la letra las indicaciones de su médico de confianza, el doctor Trujillo -médico que operó a la duquesa en enero de 2009 de hidrocefalia y uno de los pocos invitados al enlace de la duquesa con el funcionario- que, junto con el doctor Miguel Ángel Muniaín, se encarga de la salud de la aristócrata de primera mano.

Por ello, este mismo martes, la duquesa de Alba se encaminaba, del brazo de su marido y de otra persona de su confianza, a la Clínica Sagrado Corazón de Sevilla para someterse a un chequeo completo riguroso siguiendo las recomendaciones del galeno.

Cayetana entraba a primera hora de la mañana en el hospital, y lo hacía no sin dificultades de movilidad, lo que sumado al catarro que le ha afectado este invierno y que no termina de curarse, ha provocado que la salud de la aristócrata se resienta más de lo habitual, impidiéndole disfrutar de su luna de miel, así como acudir a algunos actos que tenía programados, como los premios taurinos El Cossío

Un resfriado que ha derivado en bronquitis

Los cambios de temperatura del calor de la calefacción de sus palacios al frío que ha hecho las pasadas semanas, hizo quela gripe de la duquesa de Alba derivara en una bronquitis que sus amistades llegaron a temer que se complicara acabando en neumonía. Por ello, su médico de cabecera le recomendó reposo, incluso guardar cama, algo que para la aristócrata entraña enorme dificultad teniendo en cuenta que está acostumbrada a dar largos paseos mañana y tarde.

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