Borja Thyssen no quiere guardaespaldas en su vida privada

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Paloma Barrientos - Sígueme en    Twitter  - 30/03/2012

Borja Thyssen no quiere guardaespaldas en su vida privada
 Borja Thyssen y Blanca Cuesta, en una imagen de archivo

Desde que era pequeño, Borja Thyssen ha convivido con la sombra de los escoltas que han formado parte de su paisaje doméstico y el de su familia desde que Carmen Cervera entró en la vida del barón. Primero los pagaba el padre adoptivo, después Tita, y cuando hubo la ruptura materno-filial, cada uno se financiaba su seguridad.

A diferencia de otros profesionales que se limitan a cuidar de sus jefes como es lo habitual y racional, en el caso de Tita y su hijo han sido más que eso, convirtiéndose también en noticia. Por ejemplo, en el caso de la baronesa, su escolta fue el encargado de entregar 18.000 euros a cambio de un supuesto vídeo comprometedor para la nuera. Nunca existieron esas imágenes y la estafa fue monumental. En otra ocasión, un amigo traidor de Borja vendió a las televisiones una historia malvada y falsa con el guardaespaldas y Blanca como protagonistas. La fabulación no tuvo más trayectoria que hacer daño a la pareja B&B y terminó como había empezado, sin que tuviera repercusión en la vida del matrimonio.
 
Ahora los guardaespaldas de la pareja vuelven a ser noticia porque se había dicho que Borja había prescindido de ellos por cuestiones económicas. Más o menos venían a decir que la crisis también les afectaba y que habían decidido suprimir gastos, y que uno de los primeros había sido rescindir el contrato a los profesionales de seguridad.
 
Según ha sabido Vanitatis, es cierto que ya no los mantienen, pero las razones son otras. Por un lado, la tregua de ETA ha modificado la vida de muchas personas que, como los Thyssen, eran objetivo de la banda terrorista. Y por otro, y el más convincente, se refiere a que, al trasladarse a “La Finca”, la elitista urbanización con una seguridad a prueba de todo, no necesitan escoltas cuando están en su domicilio. Otra cosa son sus salidas públicas, donde les sigue acompañando un “cuidador” profesional.
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