Hoy Chabelita cumple 18 años y lo hace, para disgusto de la tonadillera que la ha criado, embarazada. Pero esta historia comenzó en 1995, cuando Isabel Pantoja se planteó volver a ser madre. En aquel momento no tenía novio, ni una pareja estable (al menos que hubiera trascendido) para ese proyecto de vida futura, por lo que decidió que el primer paso era informarse. Y lo hizo a través de los organismos correspondientes en Madrid y Sevilla, que se lo pusieron muy difícil por sus condiciones personales. En uno de sus viajes profesionales a Perú le habló de sus deseos de maternidad no biológica al amigo empresario que la había contratado. Este le dijo que allí los trámites eran más fáciles porque los orfanatos estaban llenos. Y, efectivamente, un año después, un bebé llamado Isabel ya tenía una nueva familia (Vea su vida en imágenes).

Ante ciertas informaciones que aseguraban un trato de favor por parte del presidente Fujimori en el proceso de adopción, la cantante fue muy clara: “No han hecho conmigo nada diferente. Me sometí a todas las pruebas legales, de salud, tests de idoneidad y cuestionarios de todo tipo. Investigaron mi patrimonio, mi solvencia, mi vida con entrevistas que duraban horas. Fui al juzgado varias veces para ratificar los datos. Y permanecí casi un mes en un hotel con la niña tras aparecer su nombre en la prensa por si alguien la reclamaba. Un tal Montesinos, exasesor de Fujimori, llegó a acusarme de haber cometido irregularidades”. Fue una adopción pública y difícil por el interés mediático. Una vez que Pantoja regresó a Madrid, las aguas se calmaron. 

A diferencia de su hijo Kiko, que siempre estuvo expuesto y sirvió como reclamo en conciertos y reportajes exclusivos, a Chabelita decidió cuidarla de miradas ajenas. Un par de posados en su revista de cabecera y nada más. En aquellos años, Pantoja se relacionaba con poca gente del espectáculo, salvo con Lolita y los Gordillo. Prefería su círculo de siempre y a Dulce, la joven que contrató como cuidadora, que con el paso de los años se convirtió en indispensable en la vida de la niña. Ella era la encargada de recogerla de la guardería, del colegio más tarde y se encargaba de todas sus necesidades cuando Isabel no estaba. La abuela Ana, que sí se ocupó de Kiko cuando era pequeño, con la nueva nieta tuvo menos oportunidad.

Problemas de inadaptación

Dulce ha sido y es una de las personas más importante e influyentes en la vida de la niña, que tuvo una infancia muy feliz y una adolescencia mucho menos complicada que la de su hermano  Kiko, del que nunca se pudo sacar ningún provecho académico. En el caso de la hoy mayor de edad, pasó por varios centros por los cambios de rumbo de su madre. Fue aprobando los cursos sin mayores problemas. Los últimos años que Pantoja vivió en Madrid acudía a un colegio inglés cerca de la M-30 donde no se sentía muy a gusto, porque algunos alumnos de alta alcurnia la hacían de menos.

Lo bueno que siempre tuvo Chabelita es que casi nunca se lo tomaba a mal. Tenía su grupo de amigas, que la arroparon y aún hoy las siguen tratando. Cuando su madre se fue a vivir a Marbella, al enamorarse de Julián Muñoz, la niña también se mudó de domicilio y de colegio, con lo que eso significa para una quinceañera. Fue entonces cuando su carácter cambió y se rebeló contra las normas familiares y domésticas. Desencuentros, castigos y vuelta a empezar. Dulce siempre estuvo en la sombra, recogiendo lágrimas y despechos, porque la adolescente no entendía qué razones tenía su madre para matricularle en un internado situado entre Sevilla y Cantora, donde recalaría finalmente. La niña se hizo mayor y se enamoró de Alberto Isla, un muchacho con el que ha querido ser madre. El futuro empieza ahora para ella... y no será fácil. Tampoco para su madre.