Gonzalo Miró ha recibido una de las mejores noticias de su vida. El Tribunal Constitucional ampara su Derecho a la Intimidad para preservar la identidad de su padre, dato que nunca reveló ni Pilar Miró y ni él. Ha tardado ocho años en recibir la sentencia, que ahora es firme. Después de varios años colaborando en Espejo Público, ahora trabaja en Radio Marca como tertuliano. Tiene un restaurante, La Parcelita, que funciona a pleno rendimiento, dos proyectos de televisión a punto de ser realidad y aún mantiene su carnet del PSOE.

 

¿Qué ha supuesto la sentencia del Tribunal Constitucional?

Una alegría enorme. El saber que la justicia funciona y que los jueces en todas las instancias han protegido mi derecho a la intimidad, que era lo que yo pedía desde el principio. Decidí que, como no vale todo, sólo tenía un camino, que era demandar. Hay que saber que la justicia nos ampara y que hay una línea que no se puede traspasar.

¿Lo tenía claro desde el principio?

Si, clarísimo. Tarde días en tomar la decisión y no fue un calentón. Sabía que era un proceso largo y con un coste económico importante, pero siempre confié en que la justicia me daría la razón, como así fue. Tenía claro que podía alargarse en el tiempo, pero también que no podía rendirme a la mitad.

El hecho de ser hijo de Pilar Miró y luego convertirse en personaje al ser novio de Eugenia Martínez de Irujo ¿influyó a la hora de dar cobertura a esa noticia?

No lo sé, pero nunca tendría que haber salido. Como si me hago trapecista, ingeniero nuclear o novio de Carolina de Mónaco.

Tuvo una frase muy contundente: “A nadie le importa quien es mi padre”

Así es. Es que no le importa a nadie quién es mi padre, por eso a la hora de demandar tenía que ser consecuente y llegar hasta el final. El Constitucional ha amparado mi derecho a la intimidad.

¿Le hizo daño?

Fue muy injusto. Me acordé de mi madre y que si ella no había dicho nada, nadie tenía derecho a publicitar nada.

¿Cuál ha sido el coste de ser el hijo de Pilar Miro?

Un coste muy positivo. Ayer mismo una señora por la calle se acercó y me dijo: “Guapo, te quiero por tu madre”.

Llevas dos años con tu novia, Ana Medinabeitia ¿Se plantea un proyecto de futuro? ¿Quiero decir que si tienen intención de casarse?

Parezco el día de la Marmota porque siempre digo lo mismo. No me gusta tener planes a largo plazo porque el futuro se encarga demasiadas veces en desbaratar los proyectos. No sé, prefiero ir viviendo la vida y no me planteo qué voy a hacer dentro de unos años.

¿Influye su pasado en esta manera de ver el futuro? Se han desvanecido muchos planes, muchos afectos en su vida...

No sé lo que va a pasar mañana y, por lo tanto, hacer planes y que luego no salgan puede producir frustración. Y me niego a vivir de esa manera. Con lo cual, voy a corto plazo, que me salen mejor.

Ha pasado momentos muy trágicos y podía ir por la vida de resentido y no lo hace. Aparentemente se le ve feliz

Me considero una persona con mucha suerte, no un alma en pena. Creo que lo que me sucedió en su día (la muerte de su madre Pilar Miró) fue una auténtica putada, pero intento sacar la parte positiva. Sé apreciar el tipo de vida que me dejó encaminada y me he ido manejando bien. Unas épocas más duras que otras. Me emociona que después de tantos años la gente siga recordando a Pilar Miró.

¿Aparte de su madre quienes han sido las personas más importantes de su vida?

Blanca Álvarez (locutora de TVE) mucho, y cuando ella murió también fue otro palo muy grande. Jesús Martín, que era la mano derecha de mi madre en televisión. Felipe González… He tenido la suerte de seguir manteniendo las relaciones con el entorno de mi madre. Después de fallecer, cuando yo tenía 16 años, puse mucho de mi parte. Me han ayudado para llevar una vida medianamente ordenada. La parte mas complicada fue de los 18 a los 22.

¿Por qué?

Digamos que era una edad difícil y loca. Aunque se hacían cargo de mí, no tenía a nadie que estuviera encima en el día a día. Yo tampoco tenía muy claro lo que quería hacer con mi vida. Fue una etapa en la que no estaba nada centrado. Empecé Humanidades y Periodismo y no terminé nada. Al final me fui a Estados Unidos, donde hice producción de cine y televisión en la Academia de cine de Nueva York, donde aprendí muchísimo.

¿Cómo lleva su parcela de intimidad?

Bien. Cuando se respeta a los medios te respetan a ti. Esa relación de reciprocidad funciona y no seré yo quien la tuerza. Creo que la crisis afecta a todos y las persecuciones en coche cuestan dinero. Y creo también que he tenido momentos en que el eco informativo era alto. He tenido persecuciones de película.

¿Asumía lo que era ser el novio de la hija de la duquesa de Alba?

Si, claro. Soy bastante consecuente, pero no puede valer todo. Y en un tiempo valía todo.

¿Tenía el síndrome Casa de Alba?

No, en absoluto. Puedo entender que interese en un momento determinado, pero si se quiere desaparecer del mundo con tu pareja y no puedes, eso es grave. Nunca he dado exclusivas ni he cobrado por unas declaraciones.

¿Mantienes relación con la Casa de Alba?

Con Cayetano, muy buenas. Solemos hablar a menudo. Con Eugenia, no. También sé que la duquesa tiene una buena imagen mía y el trato que tuvo conmigo siempre fue muy bueno.

Le llamaba “el ateo” por no participar en la Misa de Gallo en el palacio de Liria, una Nochebuena.

Esa historia se saco de madre. Fue absurdo y si llego a saber la que se organizó después por supuesto que hubiera ido. No fue ninguna chulada.

¿Cuál es el coste de haber sido novio de Eugenia Martínez de Irujo?

No lo sé. Dígamelo usted. Yo voy haciendo, sintiendo y regateando en mi vida.

¿Por qué montó el restaurante? ¿Por seguridad?

Antes de ir de copas, los amigos picábamos o cenábamos en algún lugar y entonces nos planteamos por qué no abríamos algo que fuera nuestro. Hace un año y medio que abrimos y la verdad es que funciona muy bien.

Vive en La Finca, tiene un restaurante ¿Le molestas que le denominen “izquierda caviar”?

No lo había escuchado, pero para mi el ser de izquierdas tienen que ver con las convicciones y que todos tengamos las mismas oportunidades en la vida.

¿Sigue teniendo el carnet del PSOE?

Sí.

¿Y cómo lo ve?

Pues que no hay ningún tipo de calado en la gente. El PSOE está perdiendo votantes y electorado a pasos agigantados. Tendría que ser ese partido en el que la gente se refugie y, sobre todo, los jóvenes. La clase política está tan mal vista por su propia culpa y entonces se buscan otras opciones. Quiero pensar que el partido está a tiempo de remontar el vuelo. Hay que cambiar las caras y encontrar un liderazgo que genere ilusión.