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La 'desbandá' en el clan Alba marca la primera Semana Santa sin la duquesa
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CAYETANA ERA DEVOTA DEL CRISTO DE LOS GITANOS

La 'desbandá' en el clan Alba marca la primera Semana Santa sin la duquesa

La duquesa vivía la Semana Santa sevillana con un gran fervor. Su casa se convertía en el punto de encuentro de familiares y amigos. Pero, sobre todo, servía para que sus hijos se juntaran en torno a ella. Eso ya ha desaparecido

Foto: La duquesa de Alba junto a cinco de sus hijos en un fotomontaje realizado en 'Vanitatis'
La duquesa de Alba junto a cinco de sus hijos en un fotomontaje realizado en 'Vanitatis'

Carlos Huéscar está manteniendo las mismas costumbres de su madre, para la cual el Jueves Santo era una de las fechas más emblemáticas de la Semana Santa. Por la mañana, acudió a la iglesia del Cristo de la Salud, conocido popularmente como el "de los gitanos" para saludar a la hermandad tal y como lo hacía Cayetana. Aunque en el caso de la duquesa también daba su aprobación a la decoración de flores y velas del paso.

El futuro duque de Alba llegó a las doce y media de la mañana y despuñes de conversar con el presidente de la Hermandad rezó ante la urna donde se encuentran las cenizas de su madre. No coincidió con su hermano Cayetano, que prefirió acudir unas horas después. La relación entre el primogénito y el jinete se encuentra en punto muerto. Carlos Huéscar considera que, como nuevo jefe de la Casa, su obligación es continuar con el legado controlando, dirigiendo el patrimonio tanto de la fundación como del resto de las empresas familiares. Por su parte, Cayetano, que organizó determinadas iniciativas para poner en valor la marca Alba según él miusmo declaraba en una entrevista exclusiva, no coincide con él en las formas.

De hecho, el duque de Huéscar se sintió miuy molesto por los comentarios de su hermano, que mientras vivió su madre fue su gran favorito, al que dio plenos poderes. Por ahora, los hermanos no se han visto. El paso de la procesión del Cristo de los Gitanos y su parada en Dueñas con el recibimiento del primogénito marca las relaciones de la saga Alba.

Una semana muy especial

Para la duquesa de Alba su Semana Santa comenzaba el Viernes de Dolores y terminaba el Domingo de Resurrección asistiendo por la tarde a la Maestranza, donde nunca se perdía las tardes de Curro Romero. Antes de que su salud flaqueara, este era su calendario. Dejaba Madrid y se instalaba en su palacio de Dueñas, al que iban llegando sus hijos y sus invitados, entre los que nunca fallaban sus íntimos Tere Pickman y Diego Miranda, con los que compartía verano en San Sebastián.

La duquesa paseaba por las calles de Sevilla, aceptaba las invitaciones a los balcones de amigos –como el de Pilar Burgos o la azotea del palacio de la Motilla– y visitaba iglesias y capillas. Rezaba en La Macarena, en el Cachorro, El Gran Poder… y, por supuesto, no faltaba su encuentro con la hermandad de Los Gitanos en el templo que ella ayudó a reconstruir. Fue el lugar que eligió para que reposaran sus cenizas y donde figura su nombre en una placa como benefactora. Para Cayetana, su Cristo de la Salud o de los Gitanos, como se conoce popularmente, y su Virgen de las Angustias eran su referente religioso. Un recinto tan especial que lo utilizó también para presentar ‘oficiosamente’ a Alfonso Díez cuando quiso que su noviazgo fuera público. Este año la Virgen de las Angustias lucirá en su salida de La Madrugá el manto que Doña Cayetana regaló a la hermandad, valorado en 5.000 euros.

Cuando ya los problemas de movilidad complicaron la vida cotidiana de Cayetana, la duquesa varió la rutina religiosa de Semana Santa, que no la doméstica. En uno de los salones se colocaba una mesa grande con un bufet compuesto por tortillas de patata, medias noches, salmón, carne asada, sándwiches, gazpacho, crema de almendras, ensaladas y diversos postres, entre los que nunca faltaban las torrijas. En otra sala se preparaba un pequeño bar con las bebidas, que se iba reponiendo. Por la casa iban pasando sus amistades y las de los hijos, y desde que se casó con Alfonso, familiares y amigos de su marido. Los menús de diario más los del bufet de las procesiones se han organizado siempre en las cocinas de Dueñas. Formaba parte de la intendencia cuya responsable era y es Ana María, a quien la duquesa de Alba dejó una generosa gratificación en sus últimas voluntades.

Este año será Carlos, el primogénito, el que se encargue de dar las órdenes pertinentes para que Dueñas funcione como un reloj suizo esta Semana Santa. Sus hijos estarán con él y, salvo cambios de última hora,no se espera que su hermano Cayetano lo acompañe. Los desencuentros de los últimos meses no facilitan el acercamiento.

Polémica por la llamada de la ‘levantá’ de Genoveva

El Jueves Santo, Cayetana esperaba en la puerta de Dueñas a que pasara la procesión del Cristo de los Gitanos, que por deferencia siempre paraba para que ella hiciera la llamada de la ‘levantá’ del paso. Durante años ella fue la encargada de esa liturgia. Después cedió el testigo a sus hijos e incluso a su nuera Genoveva Casanova, que al aceptar el encargo se convirtió en centro de polémica. Aducían que estaba divorciada, no pertenecía a la Casa de Alba y que si la titular estaba enferma o no podía aguantar hasta las seis de la mañana, que fueran sus hijos quienes la representaran en tan relevante acción. El asunto quedó en el olvido para todos los que no son de Sevilla y desconocen la raigambre de los usos y costumbres de Semana Santa, que hay que cumplir cuando se aceptan las normas de las cofradías. Otra cosa son las personas que vienen de fuera y no entran en esa dinámica.

Al año siguiente volvió la calma y fue Carlos Huéscar el que dio el toque de martillo al paso del Cristo y un emocionado Alfonso Díez a la Virgen de las Angustias. Una decisión de la duquesa para afianzar la posición pública de su marido. Nadie imaginaba que sería la última Semana Santa para la aristócrata y que hubiera tantos cambios en la vida de muchos de los protagonistas de la Casa de Alba.

Ahora, aquella concentración del clan Alba en la capital hispalense ha desaparecido. Alfonso Díez cambia las procesiones de Sevilla por Palencia, donde se siente arropado por sus hermanos. Eugenia y Fernando se quedan en Marbella compartiendo vacaciones de playa y chiringuito. Y Genoveva Casanova cierra el círculo mostrándose en Sevilla con su novio, José María Michavila.

Carlos Huéscar está manteniendo las mismas costumbres de su madre, para la cual el Jueves Santo era una de las fechas más emblemáticas de la Semana Santa. Por la mañana, acudió a la iglesia del Cristo de la Salud, conocido popularmente como el "de los gitanos" para saludar a la hermandad tal y como lo hacía Cayetana. Aunque en el caso de la duquesa también daba su aprobación a la decoración de flores y velas del paso.

Semana Santa José María Michavila
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