MUERE EL LÍDER CUBANO

La espía que amó a Fidel Castro vuelve a Cuba en busca del supuesto hijo de ambos

Marita Lorenz no pudo despedirse en vida, pero viajará a Cuba próximamente para dar su último adiós al que todavía es el amor de su vida y al que estuvo a punto de asesinar por encargo de la CIA

Foto: Fidel Castro y Marita Lorenz (Gtres)
Fidel Castro y Marita Lorenz (Gtres)

Cuando el sábado se enteró de la muerte de Fidel Castro en su pequeño piso de Queens cayó en una profunda tristeza. Marita conoció al comandante con solo diecinueve años y cayó bajo un influjo que dura hasta sus 77 años actuales. No sabemos si para él solo fue una de sus numerosas amantes, pero aquel encuentro supuso para aquella chica conocer a “su único amor”. Años después escribió la historia de su vida (y qué vida) en un libro que tituló ‘Yo fui la espía que amó al Comandante', editado por Península, y en el que el comandante ocupa una parte especial.

[Lea aquí 'Las mujeres de Fidel Castro: dos esposas y un ejército de 35.000 amantes']

Los primeros días tras conocerse la muerte del mandatario, fue difícil arrancar unas palabras a Marita, una espía que tuvo como misión matar a Castro, pero que se enamoró de él. “Está devastada y en shock”, nos confirmaba Mark, uno de sus hijos. Se llegó a pensar acudir este fin de semana a Cuba para asistir al funeral del comandante junto a Mark, invitada por los productores de la película que llevará a la gran pantalla el libro, con Jennifer Lawrence como protagonista, pero al final han decidido retrasar el viaje por las dificultades que han encontrado para llegar a la isla en estos momentos. “Siempre quise verle de nuevo y lo intenté, pero no pudo ser. Iré próximamente a presentarle nuestros respetos y buscaré a mi hijo”, confirma ella misma a Vanitatis.

Reunión de varios oficiales y Marita con Castro (Gtres)
Reunión de varios oficiales y Marita con Castro (Gtres)

Marita rechaza la versión de aquellos que como Idalmis Menéndez, casada con el hijo pequeño del dictador, han puesto en duda su muerte. “No, está muerto”, dice muy segura. A pesar del tiempo transcurrido, no oculta que Fidel Castro está presente en su vida. Marita cuenta cómo durante años le escribió cartas a través de la embajada cubana en Nueva York, pero nunca recibió respuesta. Se consuela con sus fotografías presidiendo el salón de su casa con el uniforme arrugado o aquella en la que la mira con pasión en un barco. Y la anciana, a quien él llamaba la Alemanita, que apenas sale de su piso, se aferra a aquellos recuerdos.

Y eso que ha tenido mucha vida. Pasó por un campo de concentración en su infancia en Alemania, país en el que nació, se embarcó en la aventura de ser agente de la CIA y más tarde del FBI, fue testigo de una conspiración para asesinar a John F. Kennedy y del caso Watergate, que expulsó de la vida pública a Richard Nixon…Su vida sentimental fue tan vertiginosa como la profesional. Fue amante de mafiosos sicilianos, un dictador venezolano, un ladrón, un policía… y una 'madame' la convirtió en una ‘party girl', pero nunca amó a nadie como a Castro. Y no se arrepiente de ello. Lo único que dice lamentar, y quizás ahora más que nunca, es no haberse quedado en la isla tras negarse a matar al comandante por encargo de la CIA. “No es que no pudiera; es que no quise”, cuenta. Es la decisión de la que está más orgullosa.

La espía que amó a Fidel Castro vuelve a Cuba en busca del supuesto hijo de ambos

Historia de un amor fugaz

Marita en su juventud (Redes sociales)
Marita en su juventud (Redes sociales)
Recordemos cómo fue aquel noviazgo. Viajaba Marita con su padre en el barco en el que era capitán cerca de la isla cuando Castro les regaló una visita a bordo espontánea. “Nunca olvidaré la primera vez que observé esa mirada penetrante, ese bello rostro, esa sonrisa picaresca y seductora. Puedo decir que en ese instante empecé a flirtear con él”, contó hace unos meses a Vanitatis. No se negó al beso que le robó en un camarote, pero regresó a Nueva York con su hermano, donde iban a establecerse para iniciar una nueva vida lejos del campo de concentración en el que habían pasado parte de su infancia. El comandante tardó tres días en enviarla un avión para llevarla a La Habana. Así fue cómo se convirtió en su amante. Alojada en su habitación, se paseaba por la ciudad vestida de militar hasta que un día se quedó embarazada y Castro perdió el interés en ella.

Ella cuenta en su libro cómo la drogaron para provocarle un aborto y volvió a casa. Dice Marita que, a su regreso, era una joven rota física y emocionalmente a la que los exiliados anticastristas y el Gobierno de Estados Unidos manipularon a su antojo por su cercanía con Castro. Así se involucró en la Operación 40, una trama gubernamental que unió a las agencias federales, el exilio cubano y la mafia para intentar derrocar a Castro. La enviaron a La Habana con dos píldoras letales. Siempre estuvo segura de que Castro conocía su misión, pero no impidió su encuentro. El comandante no se andó con rodeos: le preguntó sus intenciones y ella confesó. "Nunca olvidaré ese momento, agarró su pistola, me la entregó y me dijo: 'Aquí tienes, puedes matarme'. Le dije: 'No quise matarte la primera vez, no quiero matarte una segunda'", relata. Veinte años después Fidel le presentó a Andrés, el hijo que nunca había conocido.

La caída de la Mata Hari cubana

Marita Lorenz en una foto reciente junto a su libro (Gtres)
Marita Lorenz en una foto reciente junto a su libro (Gtres)


Su declive público se oficializó el 20 de abril de 1975 cuando el 'New York Times' publicó una serie bautizada 'Los secretos de la CIA'. En uno de los capítulos, titulado 'La Mata Hari que embaucó a Castro', se hizo pública su foto y su historia. Ella siempre entendió aquella jugada como una venganza por no haber matado a Fidel. Y lo lograron. Sin dinero, tuvo que acudir a los servicios sociales y pedir asistencia para comer o robar para alimentar a sus hijos. Ella denunció, junto a otros exagentes abandonados sin pensión por las agencias y el Gobierno, su situación de desamparo. Una rueda de prensa les dio la proyección que buscaban y los puso en el punto de mira de Hollywood. El resto de su vida son sus años recluida en casa, enferma y esperando que las películas le aseguren una vejez mejor. Dice que siempre quiso entregarle en mano una copia del libro y que viera su próxima película. No se le ocurrió enviárselo por correo.

 

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