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Así fueron los últimos días de Paloma Gómez Borrero antes de su repentina muerte

La periodista compartió mesa y mantel con sus inseparables amigos de profesión y no paró ni un instante. Esto ha hecho más incomprensible su pérdida. Repasamos sus últimos momentos

Foto: La periodista Paloma Gómez Borrero en una imagen de archivo. (Gtres)
La periodista Paloma Gómez Borrero en una imagen de archivo. (Gtres)

Desde que se supo en qué tanatorio estaría Paloma Gómez Borrero, el desfile por la sala 17 de Tres Cantos ha sido imparable. Compañeros que habían trabajado con ella, corresponsales extranjeros, reporteros y fotógrafos de medios y agencias. A todos ellos siempre les había dedicado una sonrisa, una palabra amable y facilitado un teléfono que no es la norma en el mundo periodístico. Y lo llamativo de esta despedida es que la mayoría de los que querían brindarle este último homenaje acudían al tanatorio por cariño hacia ella. Hacia una mujer amada y respetada en un mundo periodístico tan poco corporativo.

Muchos de los que acudieron no conocían ni a Alberto, su marido, ni a sus tres hijos, ni a sus hermanos, ni al resto de la familia. Pero daba igual, porque el único hilo conductor era ella. Junto al féretro, muchas flores, muchas coronas y una gran foto suya a modo de recibimiento. Su inmensa sonrisa y los ojos alegres que trasmitían el único mensaje que ella podía dar y cuya interpretación podría ser esta: “Amigos, esto se ha acabado. He tenido una vida plena con los mejores amigos que podía tener. Una familia increíble, un trabajo privilegiado y he sido muy feliz. Ahora, a disfrutar de la eternidad, que también me lo pasaré igual de bien”.

No tuvo tiempo de despedidas, salvo con los suyos. Ha sido todo tan rápido, tan inesperado, que todos los que la trataban habitualmente estaban que no se lo creían. Hace quince días, Paloma quedaba con amigos para almorzar, tomar un cafetito o un gin-tonic a última hora de la tarde o a mediodía. Uno de los últimos fue con la Peña Cuarto Poder cuando acudió al almuerzo mensual que el grupo de periodistas organiza en el restaurante Lucio con un invitado de actualidad. Llegó a los postres como siempre con el bolsón a cuestas. Vestida de colores primaverales y con muy buen aspecto. Contó que volvía a Roma y que tres días después regresaba de nuevo a Madrid para participar en el programa de Cristina López Schlichting en la COPE. Tenía también su colaboración en 'Amigas y conocidas', donde estuvo hasta el pasado 8 de marzo. Ese día se celebraba el Día Internacional de la Mujer y Paloma bailó en directo con Rosa Villacastín, Inés Ballester, Francine Gálvez, Sonia Ferrer, Beatriz Cortázar y el resto de colegas. Supervisándolo todo su íntimo Alberto Maeso.

Vuela Paloma

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“Apareció de rojo, sonriente, divertida y cariñosa como es ella. Al día siguiente la ingresaron y ya no salió del hospital”, relata Villacastín, que la encontró hiperactiva como siempre. A partir de ese momento, comenzó la cuenta atrás, aunque como reconocía su hermano: “Si se encontraba mal, no nos los dijo. Como le había sucedido otras veces, estaba convencida de que se recuperaría. Hasta dos días antes no era consciente de que se moría y cuando se dio cuenta lo tomó con tranquilidad y con toda esa fe tan grande que tenía”.

Y fue precisamente en una de esas mañanas informativas en La 1 cuando una maquilladora le comentó que le veía los ojos muy amarillos, que se hiciera una analítica. Hizo caso a la profesional, fue al médico y le detectaron el tumor en el hígado. Ya no hubo tiempo para tratamientos, porque el cáncer estaba muy avanzado, aunque ella seguía con la vida de siempre de allá para acá con sus colaboraciones en radio, prensa y televisión, que a veces se le olvidaba cobrar del lío que tenía. Sus recitales poéticos por media España acompañada de un pianista y un barítono y sus viajes a Roma para estar con su marido y dos de sus hijos, porque el tercero vive en Milán.

“Esta hoja de ruta era lo habitual en ella. Solo con que contara la mitad nos agotaba”, recordaban en el tanatorio sus amigos el sábado de la despedida. Explicaba el hermano que, cuando aún estaba consciente, apareció un médico del hospital en la habitación para darle las gracias por ser un ejemplo de vida personal y profesional: “Doña Paloma, usted dignifica la profesión periodística. Nunca ha tenido complejos para mantener sus creencias en sus informaciones”. La respuesta de Paloma fue, como siempre, ilustrativa: “Lo que yo he hecho ha sido informar, siempre informar”.

Y siguiendo la estela marcada por ella, la familia solo daba las gracias a todos los que querían homenajearla: “Estamos abrumados con las muestras de cariño, con todo el afecto, el apoyo que nos estáis brindando. Cada uno de vosotros nos cuenta una anécdota que nos hace sonreír y darnos cuenta de lo querida que era para tantas personas. Lo único que no la hubiera gustado leer habría sido que en todas partes figurara su edad. Nunca la decía y muchos de vosotros nos dicen que se asombraban de que tuviera 82 años”. Sí, era octogenaria y con una vitalidad de adolescente.

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