La leyenda urbana de Carmen Lomana

@Paloma Barrientos - 23/01/2010

La leyenda urbana de Carmen Lomana
 

Desde que Lomana apareció en el panorama mediático las leyendas urbanas han rodeado (y rodean) su esencia vital. Los que la conocemos desde hace años sabemos de su trayectoria y realidad sin necesidad de añadir artificios ni oropeles. Su biografía es mucho más normal de la que algunos quieren presentar e incluso, a veces, de las propias interpretaciones de nuestra protagonista.

Ahora, además, se añaden ciertas maldades de conocidos, que no amigos, que cuentan, y no paran, sobre sus exageraciones. Aunque algunos nombres conocidos del mercadeo social denominan a esos sucedidos como de simples invenciones. Son los mismos que aseguran que si fuera millonaria no iría a las televisiones cobrando, que si de verdad tuviera amigos influyentes no tendría necesidad de organizar cenas en su casa con gente a la que acaba de conocer, que una verdadera celebridad no necesita llamar para que la convoquen a determinados actos. Éstos y otros comentarios negativos que sabe de dónde proceden le traen al fresco: “Yo vivo mi vida sin molestar a nadie. Por lo tanto, lo que hagan, digan o hablen es problema suyo. Pienso seguir como hasta ahora. Disfrutando de mis amigos, de mis viajes y, dentro de poco, del baile. Me apasiona bailar”.

En realidad hace unos años Carmen habría pagado por recibir clases de Poti, el coreógrafo y maestro áulico del programa que se estrena en breve en Telecinco. “No pudo ser porque tenía mucho trabajo y no me podía dedicar tiempo suficiente. Soy una mujer afortunada y positiva porque durante un tiempo he llorado mucho y por eso aprovecho todas las etapas buenas que me presenta el destino”. Tiene previsto dedicar tres días semanales al aprendizaje. Es mujer marchosa pero el ritmo no es su fuerte. Le falta coordinación corporal. Otra de las cuestiones que quiere controlar es el vestuario porque considera que “ya no tengo edad para que me vistan como una teenager”.

Respecto a las leyendas urbanas que la acechan, hay algunas que no le gustan. Está descontenta con los comentarios sobre su viaje a la India, que ha dado para todo tipo de especulaciones. Desde que se trataba de un touroperador con marajá incluido en el precio de la expedición hasta que la famosa fiesta de cumpleaños era en realidad un atractivo turístico más.

En realidad el palacio es ciertamente un hotel donde se ven los luminosos de exit y en la puerta principal los clubes de lujo a los que está adherido dicho establecimiento. Dentro del complejo de Udaipur hay una parte donde vive el marajá y su familia que de esta manera pueden mantener lo que fue la vivienda imperial y fue allí donde se organizaron las veladas más intimas. El viaje ya estaba previsto y pagado por ella mucho antes de que la dirección del programa 'DEC' se planteara acompañarla en esa aventura televisiva.

Lomana cobró después su colaboración y dietas pero los previos los adelantó ella ya que originariamente se trataba de un viaje privado con un grupo reducido de amigos capitaneados por Carlos Mundi, que mantiene una excelente relación con el titular del palacio. De ahí la invitación al cumpleaños que nunca formó parte de ningún paquete promocional. Según Mundi, la anfitriona no forma parte del atrezzo sino que es real como la vida misma. Quizá el problema surgió cuando la propia Carmen, a la vuelta del viaje, me contó que tenía previsto organizar una cena de bienvenida a Padmaja, hija del maharajá a la que había conocido hace años cuando las dos estudiaban en Inglaterra.

Seguramente sería un lapsus producido por el largo viaje, ya que a la joven hindú de 28 años la vio por primera vez en el cumpleaños del padre/marajá. El caso que Padmaja, que tenía previsto viajar a Madrid para acudir a Fitur en su calidad de directiva comercial del complejo hotelero de Udaipur no pudo venir. Carmen mantuvo su cena a la que acudieron amistades como Cristina Macaya, Ana Rosa Quintana y Juan Muñoz, Jaime Polanco y Fiona Ferrer, Marta Sánchez Nuria March con sus parejas respectivas. Como buena anfitriona, no dejó nada al azar y mandó perfumar el ascensor como hace cada vez que recibe. Por cierto, el marajá de Uadipur la llama constantemente a su móvil. Y esto no es leyenda sino observación directa. ¿Se imaginan a Lomana de maharaní de Udaipur?
 

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