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Hotel Salinas de Imón, el regreso a las termas romanas

Guadalajara

Hotel Salinas de Imón, el regreso a las termas romanas

@P. B. 16/04/2011

Las salinas de Imón, de origen romano, fueron durante siglos un importante centro neurálgico y comercial que atraía a mercaderes de toda la península en la denominada ruta de la sal. Una periplo mercantil que finalizaba en Guadalajara y que, como la ruta de la seda, creaba a su alrededor importantes infraestructuras con una arquitectura propia formada por casonas, almacenes, acequias y una canalización de la que aún se vislumbran restos.

Durante mucho tiempo este enclave mantuvo su época de esplendor que fue decayendo por la competencia de las salinas marinas y que finalmente quedaron inutilizadas en el siglo pasado. Ahora no solo se ha recuperado esta zona sino que la villa de Imón, a medio camino entre Sigüenza y Atienza, se ha convertido en un lugar de retiro para todos aquellos que quieran disfrutar del encanto del paisaje con el espectacular cañón del río Salado y la tranquilidad y relax del hotel Salinas de Imón, ubicado en una imponente casona del siglo XVII.
 
El establecimiento familiar, regentado por Lucio, Marta y Raquel San Martín tiene anexo un centro termal que aprovecha los beneficios del agua salinas y combina un perfecto servicio con actividades singulares como cursos de pintura y restauración de muebles. “El programa en régimen de media pensión permite disfrutar de todos los servicios del hotel (piscina, gimnasio...) y se obsequia a los clientes con un acceso al spa o un hidromasaje Wellness System (una innovadora cama de agua que realiza masaje con chorros a presión)”, explica Raquel San Martín, añadiendo que “también organizamos reuniones de empresa que tienen mucho éxito porque este lugar es mágico y es prácticamente imposible no relajarse.La gente se aleja cada vez más de los fines de semana “normales” y busca valores añadidos, experiencias que compartir y vivir. Por eso intentamos ofrecer escapadas y actividades adaptándonos a los gustos de cualquier persona. Tenemos muchos grupos que vienen a pasar juntos un fin de semana y quieren hacer algo divertido, de aventura, catas (ahora muy de moda la de gin tonic), gymkanas por Sigüenza, rutas del románico, pesca... y lo que intentamos es que la gente se lo pase bien y disfrute al máximo”.
 
El hotel Salinas de Imón ha logrado aunar una cuidada decoración con la comodidad de las habitaciones, cuyo atractivo también radica en que cada una de ellas es diferente. Según explican los dueños, “escoger una habitación es como elegir un sueño. La habitación Carlos III, en la que pernoctó el monarca, es el reflejo de una época. Incluso uno puede trasladarse a Oriente con la habitación China. El Palomar, en una de las dos torres, nos recuerda el arrullo de las aves enamoradas”. Disfrutar de la tranquilidad del entorno, de la piscina cuando hace calor, de un pequeño comedor donde los desayunos se convierten en el primer ritual de la mañana con una puesta en escena impecable...
 
Después, un paseo por los alrededores y como regalo final disfrutar del balneario termal. “El principal beneficio del spa es que el cliente lo tiene en exclusiva durante una hora. Preferimos concebir un pequeño espacio en el que se puedan relajar a crear zonas más grandes con piscinas compartidas. Por eso ideamos este concepto que consta de un jacuzzi y una cabina termal de Katharsis, de  prestaciones únicas, que combina diferentes ciclos bioclimáticos, mediante la aplicación (de forma automática) de diferentes temperaturas y grados de humedad. Por supuesto, tenemos también cabinas de masaje y tratamientos. Disponemos de una cama de agua que a la gente le encanta y que produce un intenso masaje por chorros de agua caliente, totalmente personalizado, sin necesidad de mojarse ni desnudarse”, explica San Martín.
 
Y si alguien prefiere hacer turismo cultural, los alrededores se le brindan la oportunidad: “¡Lo difícil es seleccionar qué ver solo en un fin de semana! Las salinas de Imón -unas de las más importantes de la época y curiosamente en funcionamiento hasta hace tan sólo unos años-, Sigüenza -la ciudad del Doncel- con una riqueza románica y arquitectónica como pocas, Atienza -con un grandísimo patrimonio monumental-, el Hayedo de la Tejera Negra -el bosque de hayas más meridional de Europa-, los llamados ‘pueblos negros’, por el tipo de arquitectura que emplea la pizarra como elemento constructivo principal, el Parque Natural del Barranco del Río Dulce, Hita, Miralrío... Todo es precioso”, concluye Raquel San Martín, la cara visible y amable del Hotel Salinas de Imón.


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