@Amparo de la Gama  14/09/2011

Aquiles tiene la cara perfecta, la de Brad Pitt, y japoneses y americanos la buscan en Troya. La mítica ciudad se encuentra a 300 kilómetros de Estambul y a 40 de la ciudad turca de Cannakale. Un vuelo une a estas dos ciudades, de manera que el viajero se evita las carreteras turcas. Si Homero, el poeta ciego de la isla griega de Chíos, no hubiera existido, Schliemann nunca hubiera seguido sus pasos y nos hubiese privado a la Humanidad del espectáculo visual de la ciudad de Troya, de la que aún queda mucho por decir. La Odisea, atribuida a Homero, es la historia de un regreso. No solo es el viaje de Ulises desde Troya a Ítaca, sino el recorrido de la guerra hacia la paz. Y esa historia del hombre que prefiere la vida a la fama inmortal que concede la muerte gloriosa, es el argumento mas codiciado para del próximo rodaje que se está preparando.

El éxito de la superproducción Troya, en la que Brad Pitt interpreta a Aquiles, ha doblado el número de visitantes que se acercan a observar sus ruinas. Wolfgang Petersen trazó en 2004 un guión inspirado en el género, cuyo argumento está basado en la Ilíada de Homero, pero en donde también se incluye material de la Eneida de Virgilio. De este rodaje la ciudad de Cannakale recibió como obsequio el famoso caballo (en la imagen). De la historia del equino queda por aclarar si la célebre leyenda tiene alguna verosimilitud. Se ha dicho que el caballo podría haber sido un instrumento de asedio similar a un ariete, con el que los griegos lograrían derribar las murallas. También hay indicios de que las murallas podrían haber caído debido a un terremoto, con lo que el caballo no pasaría de ser una metáfora surgida de la imaginación de Homero. Pero las señas de identidad las marca este célebre equino que ya es todo un símbolo en la entrada de la mítica ciudad.  
 
El puente de Troya
 
En el rodaje de Wolfgang Petersen solo se rodaron unos planos en la mitológica ciudad de Turquía. En concreto, el que más se reconoce es el del Puente de asedio. Aunque en pantalla llegan a aparecer unos veinte mil soldados, la mayoría de las escenas están creadas por ordenador. A Brad Pitt le exigieron en su contrato incrementar su masa muscular entre 3 y 5 kg para encarnar al legendario Aquiles y, curiosamente, en la filmación se lastimó el tendón de Aquiles, por lo que el rodaje se suspendió seis semanas. Filmes y leyendas siguen surgiendo de este reducto mitológico. El argumento que realmente tiene una película por si sola es la historia del “Tesoro de Troya”. Heinrich Schliemann, uno de los pioneros de la arqueología pero dedicado al comercio, siguiendo las descripciones de La Iliada encontró el emplazamiento de Troya en Hissarlik. Sin tener en cuenta los comentarios de algunos colegas de su época que pensaban que Troya no era más que una fábula mítica del poeta Homero, Schliemann comenzó a excavar en 1870 en el noroeste de Turquía, en esta colina de Hissarlik, y no en Bunarbashi (Grecia), donde ya se había buscado sin éxito. Allí encontró el oro y lo sacó clandestinamente de Turquía y se lo llevó a Grecia. La esposa de Schliemann, luciendo joyas pertenecientes al tesoro encontrado durante las excavaciones de Troya, fue un autentico escándalo en la época.
 
Nueve ciudades en una
 
Lo más significativo es que en este descubrimiento resultó que el oro no era de la época descrita por Homero, sino de una época anterior, el año 3000 antes de Cristo. Las ruinas halladas no pertenecían solamente a una ciudad, sino a nueve superpuestas en distintas épocas, abarcando un período de unos 4500 años. Los arqueólogos se quejan de que la poca experiencia de Schliemann le habría hecho destruir una parte de los restos al excavarlos, creyendo que la Troya de Homero era la más inferior.
 
Posteriormente, se trasladó al emplazamiento de la antigua Micenas, uno de los reinos que según la Iliada atacó Troya, en busca de la tumba de Agamenón. No la encontró, pero sí un tesoro aún más valioso que el de Troya.
 
Hacia 1938, Carl Blegen descubrió que la Troya de Homero corresponde al séptimo nivel de los nueve hallados. Al margen del rapto de Helena, que según Homero fue el motivo de la guerra, se supone que históricamente Troya era una ciudad que, gracias a su privilegiada situación estratégica en el estrecho de los Dardanelos, se dedicaba a cobrar peaje a los navíos que pasaban del Mar Egeo al Mar Negro. Esta podría haber sido la verdadera razón por la que los griegos decidieron atacarla. En 1992, investigadores de las universidades de Tubingen y Cincinnati, empleando técnicas de sonar, descubrieron que la ciudad del séptimo nivel estaba rodeada de una extensa muralla con foso. De modo que la bahía natural en la que se asentó Troya ha acabado por desecarse y desaparecer empujando al mar unos kilómetros.
 
Vidas cantadas
 
La sequía que rodea la ciudad hace impensable que alguna vez el mar pasara por allí. Celal, nuestro guía, nos lo asegura. "Y para que te lo creas, mira", dice recogiendo un puñado de arena del pie de una de las bases de las murallas. “Hay piedrecitas, tierra parda y restos de conchitas. Cuando se levantaron estas murallas, el mar se encontraba a un paso". El guía nos conduce por un laberinto de ruinas de ciudades superpuestas. Los  japoneses y americanos quedan atónitos. Se olvidan de la película de Brad Pitt por momentos y solo saborean el olor de las piedras ancestrales.
 
"Y aquí estaban las Puertas Esceas", describe Celal,  "aquí Héctor se enfrentó a Aquiles, los dos solos, ante sus ejércitos...". Algunas de las ruinas son difíciles de interpretar debido a la multitud de ciudades superpuestas. Todas en una. Y en lo más profundo el mejor de sus secretos sigue durmiendo bajo tierra. Ya lo explica la misma Helena, la musa de esta ciudad: "La tristeza es nuestro destino, Héctor, es por eso que nuestras vidas serán cantadas para siempre por todos los hombres que vendrán". Es por eso que aun seguimos regresando a Troya.
 
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