De Venecia a Londres en el mítico Orient Express: otra manera de explorar el mundo

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De Venecia a Londres en el mítico Orient Express: otra manera de explorar el mundo

Laura S. Lara  /  Efe  28/04/2011

Un ‘tren fantasma’ hizo parada hace unos días en una estación de París, ante el asombro de los viajeros que esperaban en el andén. No es para menos, se trataba del Orient Express, el legendario ferrocarril de lujo que enlazó durante más de un siglo Londres y París con el este de Europa. Y es que los siete vagones que sobrevivieron a la época dorada de este mítico transporte inmortalizado en la célebre novela de Agatha Christie (Asesinato en el Orient Express, de 1934), se encuentran actualmente en uso... aunque tan solo unos pocos privilegiados pueden comprobarlo cada año. Estos vagones datan de 1929, y cuatro de ellos han sido clasificados como patrimonio histórico. Por esta razón, no es de extrañar la reacción de sorpresa de las personas que esperaban su tren en la Gare de l'Est el pasado martes. Curiosamente desde esa estación salió el primer Orient Express con destino a Constantinopla (nombre con el que se conocía a la actual Estambul), el 4 de octubre de 1883.

Hoy, una línea de explotación privada denominada Venice Simplon Orient Express cubre la ruta entre la ciudad de los canales en Italia y la capital británica, pasando por París y utiliza algunos de estos vagones históricos. Sus atractivos itinerarios tienen una duración de entre dos y seis días, y ofrecen la posibilidad de revivir el lujo y el romanticismo del siglo XIX, viajando en una réplica del tren más famoso de todos los tiempos, fabricado en 1864 por George Pullman. Los pasajeros que pasan la noche a bordo del Orient Express son transportados a épocas pasadas a través de sus glamurosos vagones, sus confortables compartimentos, el servicio personalizado de los mayordomos y su restaurante, cuyo mobiliario data de principios de siglo. Todo ello hace que el viaje en el Venice Simplon Orient Express sea perfecto para disfrutar de unas vacaciones especiales. O incluso el escenario ideal para los viajes privados más exclusivos. Quién sabe, quizás nos encontremos con Hercules Poirot de camino a nuestro compartimento...

 
Un interior de lujo
 
El tren está pensado para llevar un máximo de 17 vagones: 9 coches-cama con compartimentos dobles (asientos convertibles en litera), 2 con 7 compartimentos individuales (asientos convertibles en camas individuales) y otros 4 dobles. Asimismo, cuenta con tres vagones-restaurante, cada uno con su propia temática y decoración, un coche-bar abierto todo el día y ambientado por un pianista, otros dos destinados al equipaje, y una boutique.
 
Los vagones se asemejan a las dependencias de los transatlánticos de los cruceros de lujo. Grabados de polvo de plata, paredes de marquetería, sofás de cuero, cortinas de terciopelo y lámparas de vidrio soplado son sólo algunos de los detalles que ornamentan cada rincón del convoy.

En el interior de cada compartimento se respira paz y sofisticación. Estas suites en movimiento están completamente equipadas, como si de habitaciones de hotel o camarotes de barco se tratase, y se les ha añadido ducha, algo de lo que el tren original no disponía.
 
 
 
En el bar y sala de fiestas, un piano pone la guinda a un medio de transporte diseñado para la recreación absoluta de las clases pudientes, en un momento en que el ferrocarril se impuso como el medio de transporte por excelencia para las largas distancias, y donde se privilegiaba el confort y no la rapidez. Y es que por la moqueta del antiguo Orient Express pasearon estrellas de cine y figuras históricas de la política y la realeza, en sus viajes a la costa azul francesa, así como al centro y este del continente.
  
Un restaurante de cinco tenendores sobre raíles
 
Las comidas a bordo están pensadas para que los gourmets disfruten de un extra dentro de una experiencia de por sí inolvidable. Una luz tenue crea el ambiente y manteles bordados, vasos de cristal y cubiertos de plata invitan a una cena de la que seguro se acordarán toda su vida. Los menús combinan ingeniosamente las gastronomías francesa e italiana, la influencia de una o de otra, reflejando aún más la verdadera esencia del tren. La calidad de los platos, añadida a la belleza de la puesta en escena, explica que el tren haya sido reconocido como miembro de honor de Relais et Châteaux.
 
Solo para nostálgicos

La historia del Orient Express es también la de su larga decadencia, un hecho que alimenta la nostalgia y también el mito. Escenario de numerosas intrigas literarias y crímenes de ficción, en su período de máximo desarrollo, la Compañía Internacional de los Vagones-Cama y de los Grandes Expresos Europeos, gestora de los famosos trenes, llegó a disponer de 4.000 vagones de lujo, de los que apenas 60 sobreviven hoy en día.

Sin embargo, desde 1929, las malas noticias para el ferrocarril se acumularon: el "crash" bursátil, la Segunda Guerra Mundial, el surgimiento del automóvil como vehículo de masas, la popularización del avión entre la jet set... Así, los vagones del Orient Express fueron desapareciendo. Durante los años 70 los trenes fueron quemados por completo para recuperar el metal, sin considerarse el valor de sus interiores. A los pocos que salieron indemnes, la moda impuso unas cubiertas de formica que camuflaban las marqueterías antiguas, recuperadas años más tarde con gran dificultad. 
 

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