Aunque en un acontecimiento de estas características lo importante suelen ser las medallas, algunos países se han tomado tan en serio sus uniformes que parece que van a competir en las Olimpiadas del glamour. Está el equipo norteamericano, que ha confiado la reinterpretación de los colores de su bandera a Ralph Lauren. Cárdigans de punto con dibujos invernales, chaquetones marineros y gorros de nieve en azul, blanco y rojo que han gustado tanto a la afición estadounidense que ya se han agotado en su tienda online. Hasta el osito de peluche típico de la firma, vestido ad hoc, se ha convertido en un best seller.

Los franceses se han puesto en manos de Lacoste, la marca gala de ropa sport cuyos inicios están irremediablemente unidos a las pistas de tenis. A su creador, el jugador de los años 20 René Lacoste, le apodaban el cocodrilo, de ahí el logo y la historia posterior. Para Sochi, el equipo irá elegantemente vestido de gris perla, azul marino, beige y blanco.

Los suecos han hecho causa común con la cadena de ropa que les está situando en las calles más céntricas de todas las capitales del planeta. H&M ha elegido el azul y el amarillo de su bandera para unos diseños modernos que dan ganas de ponerse para ir a ligar al gimnasio.

Pero además de marcas conocidas y uniformes de desfile prêt à porter, va a haber otros grandes momentos ‘fashion’ en las Olimpiadas de Invierno que empiezan mañana en la localidad rusa de Sochi. Y no nos referimos solamente a las elecciones estrafalarias de las parejas de patinaje artístico, que cada vez que hay competición hacen las delicias de los amantes de lo kitsch. Este año la medalla fashion está muy reñida.

Nosotros apostamos por un viejo conocido del público español: el esquiador Hubertus de Hohenlohe, único representante del equipo olímpico de México, que ha elegido para deslizarse por las pistas nevadas del balneario ruso una equipación inspirada en el traje de mariachi. "Es una idea que nace de combinar mi amor por la música con el folclore mexicano y la elegancia de las grandes ocasiones. Los maricahis cantan cuando se casa la gente, en momentos realmente importantes", le cuenta a Vanitatis desde Sochi. Su propuesta, producida por Kappa, ha causado sensación en los medios internacionales por su originalidad. “Pues espera a ver el uniforme de inauguración, está todo bordado por unas mojas de Turín. Parece que lo ha diseñado Coco Chanel”, añade. No es la primera vez que arriesga con su atuendo. En una competición previa ya se presentó con una camisa campirana de mangas largas y un corbatín como los que usan los charros bajo el traje. "Elijo las ideas y luego las pongo en marcha con los diseñadores de Kappa. Es un proceso muy creativo. Y divertido también. Porque, aunque queremos ser elegantes, también tiene que haber un poquito de sentido del humor", asegura.

Habitual de Marbella, donde sus padres, el príncipe Alfonso de Hohenlohe-Langenburg e Ira de Furstenberg, fueron durante las décadas doradas de las jet set toda una institución de la vida social de la Costa del Sol, Hubertus ha participado ya en seis citas olímpicas desde su estreno en Sarajevo en 1984. Con una larga trayectoria como esquiador profesional (y como cantante pop, no lo olvidemos), a los 55 años, este descendiente de la casa real de Württemberg no tiene ninguna intención de retirarse. Tampoco espera batir ninguna gran marca, más allá de convertirse en el olímpico más longevo de la historia de los juegos de invierno. "Lo importante es pasarlo bien; me encanta ver a la gente realizando sus sueños. Tiene una energía muy especial", cuenta desde Rusia. De los demás uniformes, confiesa que se ha fijado en los nortemericanos y en los galos. "Lacoste es una firma que me gusta mucho y estoy un poco celoso de sus gorros y de sus accesorios. Están en la msima casa que nosostros... espero robarles algo", bromea. 

Tampoco el equipo de curling de Noruega se queda atrás en apuestas audaces. Con un uniforme basado en estampados zig zag que rivalizan con los colecciones de Missoni, no van a dejar que nadie pierda de vista la piedra mientras pasan sus cepillos por la pista de hielo. Y que conste que todas las quinielas les adjudican, como poco, la medalla de plata. Vamos, que no aspiran sólo a convertirse en árbitros de la elegancia.