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Una noche en el Casino de Torrequebrada con ‘Sandokán’

Agustín Rivera - 25/08/2010

Construir a finales de los setenta un parking de ocho plantas en subterráneo, a 50 metros del mar, sólo podía ser obra de un ingeniero fuera de serie o de un tipo muy osado. No lo sé. Aparco en la planta -3. Tras entregar mi DNI, pregunto en la recepción por mi contacto, Rafael Belmonte, director de Juego del Casino de Torrequebrada (Benalmádena), un madrileño de 36 años que empezó de crupier en Torrelodones. En un minuto llega trajeado y con un teléfono inalámbrico interno que atiende veloz.

Primero, las máquinas de azar. Las tragaperras. Hay 80. No sigan leyendo si presentan síntomas ludópatas. Apostando sólo tres euros puedes ganar un bote de 6.167 euros. En otra maquinita el botín es mayor: también con tres euros conseguirías 21.000 euros. Si Belmonte no me lo confirma dos veces jamás lo creería. Hay nicotina sobrevolando la sala. A la sinhumos ministra Trinidad Jiménez le queda mucho trabajo. Aunque no fumen, a muchos jugadores les gusta este ambiente cargado. Ellos sabrán.
Cada cierto tiempo aparece un inspector de Policía que representa la ley y el orden de la Junta de Andalucía. Son los que mandan. Vigilan que todo vaya bien. Cuando dejan su turno a un compañero los crupiers enseñan sus manos vacías, sin fichas, a los jefes de mesa. Señal de juego limpio, transparente. También hay un director de seguridad de paisano que merodea por las 23 mesas. Es alto. El hombre no lleva un traje gris.
El casino, que emplea a 150 personas y recibe la visita de 130.000 personas al año, se inauguró en abril de 1979. Hace cinco años se remodeló casi por completo. Adiós a las cortinas y los espacios oscuros. La dirección apostó por espacios diáfanos, con los techos más altos, bien iluminados y una cúpula que preside la sala principal de este Casino Royale sin rastro de James Bond que porta dos máximas: 1) La trampa es imposible y 2) El éxito es azar puro.
El cliente habitual conducía a un estereotipo de individuo de puro grande en salas cerradas. Veo a parejas treintañeras. A veinteañeros con ganas -y caras- de póker. A muchas mujeres. Gente muy diversa. Grupos con una vestimenta muy normal que se gastan apenas 50 euros y luego se vuelven a casa creyéndose ser el álter ego del mafioso Robert de Niro en Casino, aunque esto no sea Las Vegas, sino Benalmádena.
Sabonis y N’Dong también juegan
En la ruleta americana veo a un tipo de cabellera plateada que se gasta dinero a espuertas. Es el constructor Rafael Gómez, Sandokán, dueño de Arenal 2000, e imputado en la Operación Malaya. Belmonte no me dice que es él. Me hago el despistado sobre la identidad del tipo, como si no lo reconociera. El leve hilo musical también despista: suena la canción del Mundial de David Bisbal. Luego Alejandro Sanz. En las pantallas de televisión, dos de ellas gigantes, emiten fútbol de la Premiere inglesa. Ni rastro de baloncesto. Y eso que aquí son clientes Arvydas Sabonis, presidente del Zalgiris Kaunas, y el senegalés Boniface N’Dong, la última temporada en el Barça, tras su paso por el Unicaja Málaga.
Los crupiers, todos vestidos con esmoquin, descansan 20 minutos por hora trabajada para luego, en el caso de la ruleta, tirar la bola en sentido contrario al de la rueda. Desde 1976 a 2006 las 11,7 millones de bolas lanzadas han recorrido dentro del cilindro 4.400 kilómetros.
Entre los juegos más exitosos figura el Texas Hold’em póker. En los dos últimos dos años se ha disparado la demanda. La apuesta mínima es de 100 euros. En la ruleta se puede apostar por sólo 2,5 euros. En las tragaperras desde un céntimo. “Lo importante es que tienes la opción de ganar dinero. En la ruleta si sale por ejemplo el 20 que tú has apostado ganas ese número por 35. Hay clientes muy poderosos que ganan miles de euros cada noche”, explica el director de juego.   
Los “5.400” del constructor
Sandokán parece ser uno de ellos. En agosto suele acudir al Torrequebrada al menos una vez a la semana. El verano pasado presenció el concierto de Isabel Pantoja en los exteriores del casino. Se lo pasa bien. Disfruta. Silba en sus vaivenes entre la ruleta americana, donde se la está jugando esta noche, y la ruleta francesa.
El crupier, que recoge las fichas con un rastrillo de mesa, suelta una cifra: “5.400”. No puedo comprobar que se traten de 5.400 euros, pero los asiduos al juego no dudan que el constructor coquetee en la mesa con esta cantidad. No conviene olvidar que en partidas de póker Gómez se llegó a apostar con Juan Antonio Roca, ex asesor de Urbanismo del Ayuntamiento de Marbella, hasta 3 millones de euros.
El empresario cordobés viene escoltado por un grupo de amigos. “Tú sí que eres bueno”, le anima a un compadre de mesa. “No hay quien pueda con él”, asegura Sandokán, que coloca las fichas sobre el tapiz colorado apostando siempre números distintos. Lleva los pantalones oscuros muy amplios, como si les sobraran dos tallas.
El dinero va rodando. Hace juego y prepara negocios en el casino. “Mañana me reúno con Tomás”, adelanta a su amigo sin descifrar el apellido de Tomás. Va a la ruleta americana. Sílbala otra vez, Sandokán.
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ACERCA DE

Nació a tres kilómetros del Mediterráneo, frente al estadio de La Rosaleda. Cosecha malagueña del 72. Empezó a croniquear en el periódico del triangulito (Diario 16). Trabajó doce años en la esfera verde (El Mundo). Enviado especial a 15 países de cuatro continentes (aún le faltan Oceanía y la Antártida). Vivió en dos archipiélagos (el balear y el japonés). Le dio por publicar un libro de cine (El Viaje de los Ingleses: rodando con Antonio Banderas) y crear un blog con su nombre. Desde enero de 2009 escribe en El Confidencial. También es profesor asociado de Periodismo en la Universidad de Málaga.

Le encanta el reporterismo y la tinta, también de verano.

http://www.agustinrivera.com

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