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  1. Casas Reales /

PROCLAMACIÓN DE LUXEMBURGO

Gran desfile de tiaras en Luxemburgo: estrenos, zafiros de valor incalculable y muchos quilates

La proclamación del gran duque Guillermo de Luxemburgo reunió a varias casas reales europeas, que deslumbraron con tiaras históricas cargadas de elegancia y tradición

Los grandes duques de Luxemburgo con los reyes de Holanda. (Getty)

La proclamación del gran duque Guillermo y la presencia de las casas reales de Holanda y Bélgica han puesto en primer plano no solo la historia política, sino también el legado joyero de la realeza del Benelux. En esta ocasión, varias tiaras históricas han brillado sobre las cabezas de las royals, piezas cargadas de historia, simbolismo y sofisticación, que conectan generaciones de monarcas con momentos inolvidables.

Entre las protagonistas, la gran duquesa Stéphanie ha lucido por primera vez la tiara belga, mientras que la reina Máxima, Amalia de Holanda, la princesa Elisabeth de Bélgica y la reina Matilde han escogido otras joyas emblemáticas, cada una con su propia historia y significado. Estas tiaras, algunas con más de un siglo de antigüedad, no solo realzan sus looks de gala, sino que también evocan décadas de tradiciones y eventos históricos que siguen vivos a través de estas piezas.

Foto de familia de la cena de gala. (Monarchie Belge)

Como mencionábamos, la gran duquesa Stéphanie ha lucido por primera vez la tiara belga. Fue diseñada en 1953 por el joyero Henry Coosemans con 854 diamantes, incluyendo uno central de 8 quilates, todos procedentes del Congo Belga, de ahí su nombre. Hecha en platino sobre base de paladio, fue un regalo de la Société Générale a la princesa Josefina Carlota de Bélgica con motivo de su boda con el gran duque heredero Jean de Luxemburgo.

Josefina Carlota la llevó el día de su enlace para las fotos oficiales y más tarde la prestó en varias ocasiones a su nuera Sibilla, bisnieta de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Tras su muerte en 2005 estuvo a punto de subastarse, pero el gran duque Enrique la compró a sus hermanos para conservarla en la familia. Hasta ahora la había lucido la gran duquesa María Teresa, quien ahora ya se la ha cedido a Stèphanie.

La gran duquesa Stèphanie. (Getty)

Máxima optó por la ta tiara de xafiros de la casa real de los Países Bajos, una pieza que forma parte del conjunto conocido como grand parure de la reina Emma. Realizada por la joyería Mellerio en 1867, fue comprada en 1881 por Guillermo III para su esposa. Consta de 31 zafiros y 655 diamantes de Sudáfrica, montados originalmente en oro, con un zafiro central de 44 quilates que perteneció a la reina Ana.

El conjunto se amplió progresivamente, incluyendo brazaletes, un collar de diamantes y zafiros, y un pectoral con un gran zafiro central que Máxima también lucía. Aunque muy utilizada por las mujeres Orange, adquirió más protagonismo cuando la ahora reina la eligió en 2013 para la ceremonia de investidura del rey Guillermo Alejandro. Doce años después la ha vuelto a lucir en la proclamación del gran duque Guillermo.

La reina Máxima. (Getty)

Por primera vez Amalia de Holanda ha optado por la tiara de la reina Emma. La pieza fue creada en 1890 por Royal Begeer en Utrecht para la reina Emma, con diamantes y opción de incorporar rubíes en su parte central.

Tras el fallecimiento de Emma en 1934, pasó a su hija, la reina Guillermina, y después, en 1962, a la reina Juliana, que nunca la llevó. Fue la otrora reina Beatriz quien la lució con frecuencia, incluso la eligió en su boda con el príncipe Claus, y también en ocasiones sus hermanas Irene y Margarita, así como la princesa Laurentien. La tiara incluso fue retratada por Andy Warhol en 1984 en un célebre retrato de Beatriz.

Amalia de Holanda. (Getty)

Matilde de los belgas se decantó por la tiara del Imperio Belga, la más importante de su joyero. Es una pieza versátil de diamantes, originalmente regalada por el pueblo belga a la princesa Astrid de Suecia con motivo de su boda en 1926. Se trata de un bandeau del que surgían once tallos con diamantes, representando las nueve provincias belgas, el Congo y la ciudad de Bruselas. Con el tiempo, los once diamantes se transformaron en adornos triangulares con diamantes en el centro, dando un aspecto más suntuoso.

Tras la trágica muerte de la reina Astrid en 1938, la tiara permaneció en manos el rey Leopoldo hasta que en 1960 pasó a la reina Fabiola, quien la lució en numerosas ocasiones, en su versión completa o como bandeau, como la luce ahora Matilde. Posteriormente, la reina Paola también la utilizó y con la abdicación del rey Alberto II en 2013, la tiara pasó a la reina Matilde.

Por su parte, la duquesa de Brabante ha elegido la tiara que sus padres le regalaron por su 18º cumpleaños, adquirida en una subasta. Con motivos florales y realizada en platino y diamantes, Elisabeth la estrenó durante la cena de gala celebrada en honor a la mayoría de edad de Ingrid Alexandra de Noruega.

Como vemos, desde piezas centenarias hasta diseños más recientes, las joyas lucidas esta noche han conectado generaciones de reinas y grandes duquesas, recordándonos que en la realeza, la elegancia y la historia van siempre de la mano.

Sthéphanie de Luxemburgo
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