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se paga al peso

Welkhome Club, el local donde las copas te las pones tú (como en casa)

Este bar, que no tiene nada de tradicional, nos da la bienvenida a la república independiente de su hogar ya desde el nombre, con un juego de palabras de los que tanto se llevan ahora, que ya nos hemos abonado como las estrellas del old Hollywood al brunch de los domingos. Y no es casualidad, porque el Welkhome es un club con una propuesta llamada a revolucionar la forma en la que los humanos nos entregamos al casi cotidiano pero sublime acto de beber. Te lo contamos todo de esta neotaberna con aires de club y también de ultramarinos, por eso de la que las bebidas se pagan al peso. El invento le habría hecho gracia a Andy Warhol.

Bienvenido a casa

No lo pone en el felpudo a la vieja usanza, pero sí, en cierta manera, en el nombre, que ya anticipa un concepto diferente del bar de siempre. Por el Welkome Home sincopado pero también por su apellido. Sí, el Welkhome es un club, no privado sino público (abierto a mayores de 18 años), pero igualmente con las hechuras y mañas de un club (ofrece descuentos a quienes se registren como socios). Hospitalario, hogareño, acogedor. Con diferentes espacios (habitaciones), tanto para grupos que necesitan estar a sus anchas como para quienes adoran la intimidad.

En el Welkhome quieren que te sientas como en casa

Customizando las copas

La personalización ha llegado también a las tragos, así que si prefieres ser el Diego Cabrera o Javier de las Muelas de tu propio cóctel, adelante. Este es el lugar ideal, porque está pensado precisamente para experimentar y personalizar las copas según los gustos, veleidades y manías de cada cual.

El mueble bar (nada de minibar)

Como la idea es que te sientas igual que en tu casa (o mejor), tienes a tu disposición una extensa variedad de destilados exclusivos y artesanales, lo mismo de aquí que de allá, lejos de nuestras fronteras; es decir, las ginebras elaboradas en Madrid o el ron procedente de Granada compiten en este gran mueble bar con los whiskies llegados directamente de Japón, cuna gastro donde las haya, o Taiwán.

Los destilados exclusivos y artesanales de su mueble bar

A mesa puesta

Pero no solo de mueble bar vive el Welkhome, porque en esta casa hay una mesa bufet que ya la quisieran para sí los invitados al festín de Babette, por poner un ejemplo (cinematográfico), porque aquí lo mismo encontrarás una selección de botánicos, cítricos, especias y frutas de temporada que los snacks dulces y salados que a uno le pide el cuerpo cuando de lo que se trata es de beber (y gozar). En esta despensa aún hay más: esa carta de bocados fríos para los que quieran maridar un poco de jamón ibérico o un poco de queso viejo de oveja, que al igual que los destilados se sirven en copa de balón.

Se paga al peso

Nada de pagar por copas como suele suceder, sino al peso, en plan vieja tienda de ultramarinos. ¿Cómo se hace? Según se cruza el umbral, un prescriptor -he aquí la modernidad- hace de cicerone: te recibe, te da la bienvenida, te acompaña y aconseja sobre mezclas y etiquetas, para pasar después a pesar la botella elegida y dejar los hielos sobre la mesa del club asignada. Al final de la película, volverá a pesarla para pagar en función del alcohol consumido.

Aquí se viene a coctelear

Los tragos oscilan entre los 7 y los 13 euros por shot, según el destilado, que puede ser bronze, silver o gold. Esto quedará anotado en una tablet, no en plan DGT, sino todo lo contrario: para que tu elección sea recordada en tu próxima visita. Al fin y al cabo, uno siempre está deseando volver a casa. El Welkhome aspira a ser eso: hogar, dulce hogar, aunque luego se presente, tendencias mandan, como lounge club.

La idea

Ofrecer algo "diferente y único" en la gran ciudad que permitiese "eliminar algunas de las barreras que encontramos en los bares de copas convencionales, como un menor tiempo de espera a la hora de ser servido, haciéndonos sentir como si estuviésemos en casa después del trabajo o tras cenar con los amigos". La tuvieron un grupo de amigos muy emprendedores. A la vista está. En la calle Montesquinza, número 15, esquina con Orfila, en el muy castizo barrio de Chamberí (Madrid).

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