Gemma Cuervo, la gran dama de la escena que triunfó como tiktokera
La tarde del sábado conocíamos la noticia de su muerte. Ingresó en el Hospital La Paz hace una semana, donde ha fallecido. La despedida y el homenaje serán en el tanatorio de Tres Cantos
Gemma Cuervo en una foto de archivo. (Europa Press)
El 7 de marzo, Gemma Cuervo envió un mensaje en su cuenta de Instagram donde daba las gracias “a todas las personas que me han regalado respeto, cariño y tiempo”. Continuaba explicando que muchas de ellas “quizá, sin saberlo, me ayudaron a seguir caminando cuando el camino pesaba”. Al hablar con ella, reconocía esa travesía del desierto que tuvo que recorrer en varias etapas de su vida, pero que formaba parte de un pasado olvidado.
Era fundamentalmente una mujer feliz, positiva, alegre y muy espiritual. Durante un tiempo organizaba unas sesiones de desconexión a las que acudían amigos, gente anónima y periodistas. Nos decía que el fin de estos encuentros era conectar con el sol, con la luz y con el espíritu. Desconozco si alguien de los que asistieron a esas actividades lúdicas consiguió ese propósito. La verdad es que no hacían falta esas premisas. Lo importante era pasar un buen rato, reírse y disfrutar de sus miles de historias y vivencias que, entre baile y baile, nos contaba. Y a la vez, ella quería informarse y preguntaba todo porque le interesaba todo.
Gemma Cuervo con sus hijos, Cayetana y Fernando. (José Oliva / Europa Press)
Le gustaba la ópera, el ballet, la música en general, el cine, los videos de cocina y los de trucos que no llegaba a creérselos del todo, la lectura, el arte y viajar. Decía que ahora era más fácil recorrer el mundo y que siempre fue uno de sus sueños haber disfrutado de tiempo y dinero para hacerlo. “Me gusta cuando mis hijos y mis nietos me cuentan sus cosas y sobre todo lo mucho que se mueven. Hay veces que no sé por dónde andan”, me contaba en diciembre pasado cuando la llamé para felicitarle las Navidades y estuvimos de charla un buen rato. Cortamos la conversación porque quería ver ‘MasterChef’, uno de los programas que más le gustaba y al que acudió un par de veces como invitada.
Tenía una memoria prodigiosa y se acordaba perfectamente de los diálogos de algunas de las obras en las que había intervenido en los famosos Estudio 1, cuando solo había un canal de televisión. Y, por supuesto, en los diálogos con sus compañeras de reparto de ‘Aquí no hay quien viva’, Emma Penella y Mariví Bilbao. Serie en la que trabajo hasta el 2010. Eran las ‘Supernenas’, como se llamaban, y disfrutaba de cada rodaje, aunque a veces fueran agotadores. “Ya tendré tiempo de descansar cuando me encuentre con San Pedro”, contaba cuando le preguntaba en aquella época si no quería retirarse.
Gemma Cuervo y su hija Cayetana en una foto de archivo. (Gtres)
Se interesaba por cómo entretener a sus seguidores: “A mis followers, no los puedo aburrir con tonterías”. Y hacía un esfuerzo para llenar de contenido su Instagram primero y su TikTok después. Dos cuentas que, desde el primer momento, se convirtieron en un escaparate para la gente joven y para la de su edad. Les decía que no había que tener miedo a contar las cosas y daba las gracias a Jorge Anegon, su community manager, y a su hija Cayetana, que fue la inductora para que a sus 87 años se convirtiera en la reina de las redes.
¿Qué se puede decir de Gemma Cuervo más allá de su intensísima vida profesional donde demostró que formaba parte del olimpo de los grandes intérpretes? Era la dama alegre, positiva, atenta, divertida, tolerante y libre. Tenía una frase que marcaba su historia vital y la tenía grabada a fuego: “La dignidad es lo más importante que tenemos y nunca hay que permitir que nos la roben”.
Querida Gemma, aún recuerdo una vez que coincidimos en un festival en Canarias y me descubriste el ron miel. Sigue viajando por las nubes hasta llegar al cielo.
El 7 de marzo, Gemma Cuervo envió un mensaje en su cuenta de Instagram donde daba las gracias “a todas las personas que me han regalado respeto, cariño y tiempo”. Continuaba explicando que muchas de ellas “quizá, sin saberlo, me ayudaron a seguir caminando cuando el camino pesaba”. Al hablar con ella, reconocía esa travesía del desierto que tuvo que recorrer en varias etapas de su vida, pero que formaba parte de un pasado olvidado.