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CASAS REALES

Los mejores amigos de la princesa Letizia: el oro blanco y los diamantes

El pequeño joyero con el que la princesa Letizia llegó a Zarzuela en 2004 se ha convertido en un gran cofre que engorda con el paso

El pequeño joyero con el que la princesa Letizia llegó a Zarzuela en 2004 se ha convertido en un gran cofre que engorda con el paso del tiempo. Pero, a diferencia del de otras princesas europeas como Mary de Dinamarca o Mette Marit de Noruega, el de la nuera real está sellado con un candado a cal y canto. Ni el Estado ni Patrimonio Nacional se encargan de su gestión y custodio: los diamantes, el oro blanco y la alta bisutería de la princesa de Asturias son privadas, como las de cualquier familia del país. Algunas de sus regalías forman parte del histórico legado familiar de su marido, que han pasado de generación en generación, como la tiara y los pendientes que lució el día de su boda, mientras que otras, las últimas adquisiciones, más modernas y funcionales, figuran en los catálogos de las últimas colecciones de prestigiosas familias de orfebres como los Durán, los Yanes, Cartier, Perodri o las hermanas ovetenses Quirós. (Ver álbum)

¿Cuánto gasta Letizia en joyas? Mucho si se compara con el sueldo de cualquier ciudadano. Poco comparado con su alter ego, Rania de Jordania, que adorna su innata elegancia con diseños de alta costura y joyas que presumiblemente superan los 50.000 euros. Según publicaba el pasado sábado La Otra Crónica de El Mundo, el príncipe Felipe se habría gastado  una casntidad similar en una diadema de la célebre Ansorena, fundada en 1845, que le habría regalado a su esposa con motivo de su quinto aniversario de boda. La princesa habría optado por no exhibirla debido a la actual situación económica del país. Pero, a pesar de la imagen de austeridad que se quiera proyectar, los brillantes que sí que luce sin pudor en cuanto surge la ocasión son los que engarzan su complemento favorito: los brazaletes.

Los joyones de Letizia: Oro blanco, diamantes y relojes de última generación

En la reciente boda de Nicolás de Grecia, Letizia lució una pulsera de Cartier en oro blanco y pavé de brillantes, cuyo precio superaría los 16.000 euros que tuvo que desembolsar cuando se encaprichó del brazalete de la colección Salvaje de Perodri en oro amarillo y blanco de 18 kilates, que también ha lucido en multitud de ocasiones. Unas piezas de un gran valor que conviven con las tres pulseras de Tous con el nombre de sus dos hijas y el de su sobrina Carla, hija de la fallecida Érika Ortiz Rocasolano, que la mediática Rosa Oriol le habría regalado tras coincidir con la nuera real hace unos años en la entrega de unos premios en la Cámara de Comercio de Manresa.

Además, entre sus joyones también destaca la alianza matrimonial de oro blanco con diamantes de talla baguette de Suárez, que en su día le costó al príncipe más de 3.000 euros, o un exclusivo anillo de Gucci, cuyo precio ascendería hasta los 8.000 euros. Se desconoce si Simoneta Gómez Acebo, relaciones públicas de Cartier, ‘hace precio’ a sus primos o no, pero lo cierto es que la ex periodista estrella, como la definió Carla Bruni, posee un auténtico arsenal de pendientes rubricados por la casa francesa. Sus preferidos: los que forman parte de la colección Secrets de Boudoir.

Las perlas australianas, las más caras del mercado y las favoritas de su madre, Paloma Rocasolano, están cada vez más presentes en su joyero, siempre combinadas con el oro blanco y los mejores amigos de la mujer, en palabras de Audrey Hepburn: los diamantes. Los pendientes Chandelier, que emulan a las grandes joyas de los marajás de la India, también son todo un must en su particular cofre del tesoro, en el que cohabitan los particulares diseños de Paloma Cuevas, esposa de Enrique Ponce, para la firma Yanes.

Relojes de última generación como el Millenary Précieuse de cuerda manual y nácar blanco engastado en diamantes de 18 kilates de la colección 2007/2008 de Piguet o el que recibió de manos de su suegro, el rey Don Juan Carlos, el día de la pedida, y de la misma marca, coexisten con las exclusivas piezas de alta joyería y bisutería que han convertido Zarzuela en una isla del tesoro en sí misma.

Herencias familiares

En nada se parece el joyero actual de Letizia al de hace cinco años. A parte de sus últimas compras, que son las más modernas, la princesa ha recibido numerosos regalos por parte de su familia política. Nada más abandonar su profesión en los informativos de TVE y entregarse a su labor como consorte real, Letizia Ortiz percibió su primera joya: su anillo de compromiso, al que más tarde seguiría un collar de perlas y zafiros que le entregó la Reina y que perteneció a su suegra, María de las Mercedes. Pero, sin duda alguna, la más especial de todas fue la tiara que adornó su cabello aquel lluvioso 22 de mayo de 2004.

Bautizada como La Peregrina, con un impresionante diamante de forma de pera, se trataba de la misma diadema que doña Sofía había lucido en su boda con el Rey, y también de la primera tiara que la princesa Victoria Luisa de Prusia recibía de manos de su padre, el Káiser Guillermo II. Además, resulta habitual ver a Letizia luciendo otra de las tiaras de la colección personal de su suegra. En la boda de Victoria de Suecia, llevó la tiara floral que el Gobierno español regaló a la entonces princesa de Grecia por su matrimonio con don Juan Carlos en 1962. La diadema, de platino y diamantes, lleva la prestigiosa firma de la joyería francesa Mellerio y resulta tan funcional que se puede llevar como broche y gargantilla.

Pero si la Familia Real disfruta de un presupuesto de más de ocho millones de euros que salen de los bolsillos de todos los españoles, ¿no deberían exponer sus joyas como hacen otras casas reinantes en Noruega, Dinamarca o el Reino Unido?¿ Puede ser considerada privada una transacción comercial de la Primera Familia? Tal vez ahora que se han decidido a teorizar sobre el interés general que puede despertar la institución monárquica entre las nuevas generaciones con la creación de la Fundación Hesperia, lleguen a la conclusión de que resulte mucho más rentable crear un museo con tanta joya de última y novísima creación.

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