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Casa Real desconocía que Mario Conde iba a publicar conversaciones privadas con el Rey

“Se sabía que Mario Conde escribía unas memorias. Sólo sabíamos eso. De esto [publicación de conversaciones entre el ex presidente de Banesto y el Rey, en

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Casa Real desconocía que Mario Conde iba a publicar conversaciones privadas con el Rey
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    “Se sabía que Mario Conde escribía unas memorias. Sólo sabíamos eso. De esto [publicación de conversaciones entre el ex presidente de Banesto y el Rey, en el libro Los días de gloria, que sale hoy a la calle] no teníamos conocimiento”, comentan a Vanitatis desde Casa Real.

    “Contaré mi relación con el Rey. Tengo que hacerlo”, dijo Mario Conde en una entrevista que se publicó en enero en el suplemento de un diario nacional, y donde decía “tengo material, con nombres y apellidos, sobre quién y cómo se tomó la decisión de intervenir Banesto”, pero, al parecer, en Zarzuela no se leyó.
     
    El jefe de prensa de la Casa Real, Ramón Iribarren, también lo desconocía. Se ha enterado este sábado a través de la revista Época, que da buena cuenta de éstas. Pero, ¿sabe el Rey que Mario Conde entrecomilla conversaciones telefónicas entre ambos, en las que el monarca le habla a su vez de conversaciones entre él y el presidente Felipe González, sobre la intervención de Banesto?
     
    Antes de ir al grano de la cuestión, Conde explica que conoció el rey en 1984, con motivo de una regata en la que participaban ambos. Entonces él era un consejero delegado de Antibióticos S.A. y abogado del Estado. Les presentó el armador del barco que utilizaba el Rey en estas competiciones, el señor Cusí, dueño de unos laboratorios farmacéuticos. Fue quien le dijo a Conde que don Juan Carlos quería conocerle. Se vieron en Marivent, aunque “no recuerdo absolutamente nada de lo que hablamos”. Al padre del Rey le conocería ya una vez en Banesto, un día en casa de José Antonio Martín Alonso Martínez, en Mirasierra.
     
    Estando Conde en el viejo edificio de Banesto, en Castellana 7, sonó su teléfono. Era el Rey. Seguramente le dio el número Juan Abelló, el intermediario de las relaciones “propiamente económicas” con don Juan Carlos, piensa.
     
    El tono era “efusivo”, “casi festivo”. ¿Qué quería el monarca? Siempre, según Conde, “recomendarme a Paco Sitges para el cargo de presidente de Asturiana del Zinc”, una empresa controlada mayoritariamente por Banesto.
     
    Conde escribe lo que supuestamente le dijo en aquella conversación telefónica: “Parece, Mario, que Jaime Argüelles deja la presidencia. Dicen que su hijo Pedro quiere sustituirle. Pero quizá el profesional que domina la empresa es Paco Sitges. No sé si deberías plantearte nombrarle presidente de Asturiana”.
     
    La cena en El Lobillo
     
    Mario habla también de una cena celebrada en octubre de 1987 en la finca El Lobillo con el Rey y el duque Miguel Primo de Rivera, en plena negociación de su entrada en el Consejo de Banesto. Aquella noche Conde habló con el Rey del “problema derivado de que su padre fuera hijo de rey y padre de rey sin, al mismo tiempo, poder ser rey (…) Agradecí al Rey su tremenda confianza para conmigo por hablarme con sinceridad de un asunto tan delicado y le dije: Lo entiendo, señor. Lo que está claro es que hay sólo un Rey y sólo un padre del Rey y mi lealtad al Rey nada tiene que ver con el cariño que sienta por su padre y así seguirá siendo. Por cierto, señor. A diferencia de otros, jamás me refiero a vuestro padre como “el Rey”. Le llamo señor y más propiamente don Juan. Porque una cosa es una cosa y otra, otra”.
    Ya eran las cinco de la mañana y cada uno se fue a su cama. “Pocos meses después, por avatares del destino, yo alcanzaría la presidencia de Banesto; Paco Sitges, como relaté, la de Asturiana del Zinc (…) Allí donde las pasiones sustituyen a los afectos y la red tejida con intereses desconoce lealtades y agradecimientos. Allí contemplé cómo el Rey era utilizado, aunque fuera simbólicamente, en operaciones financieras. Quizá no tan simbólicamente. Por eso mi relación se enfrió”.
    1992, el año crucial
    En 1992, dados los episodios que les tocó vivir “drásticamente” juntos, sus afectos se fueron cimentando. Fue un año muy crucial aquél. (¿Por qué crucial? Por “todo. Organizo un congreso en el Vaticano y hablo de algo que 17 años después empieza a plantearse: los componentes éticos de un capitalismo financiero. En ese año estalla la crisis del socialismo español, con escándalos como Ibercorp. Es la primera vez que los 100 años de honradez del socialismo se ponen en tela de juicio. También es un año en el que la monarquía lo pasa muy mal. Se rompe un pacto y la vida privada del monarca empieza a salir en los papeles en el verano del 92”, explicó Mario hace unos meses en una entrevista).
    Conviene recordar que en enero de 1993 tuvo lugar el cese del jefe de la Casa del Rey Sabino Fernández Campo (por “diferencias de criterio”, explicó Sabino) y Fernando Almansa pasó a controlar los medios.
    Después, el 9 de junio de 1993, Mario Conde fue investido doctor honoris causa por la Universidad Complutense de Madrid, en un acto presidido por el Rey, ante la presencia de Joaquín Leguina, pese a su pesar. Estuvieron Polanco, Anson, Rojo, Fuentes Quintana…
    Conde sentía entonces “afecto, mucho afecto” por el Rey, a pesar de que “ideológicamente no era monárquico”. “El día resultó memorable. El Rey se encontraba feliz. Yo también”. Justo un mes después, el 9 de julio, el Rey le comentó que en el Partido Popular había mucha preocupación por su salto a la política.
    -¿Siguen con esas?
    -Sí.
    -Vuestra majestad sabe que en Banesto estoy bien y es desde donde puedo servir a la Monarquía con mayor eficacia.
    El Rey no contestó (…) El silencio del Rey me preocupó.
    “Mantuve al Rey alejado de este escenario de negociación, porque se trataba de algo a dilucidar exclusivamente entre nosotros, J. P. Morgan y el Banco de España y no presumía ningún tipo de dificultad política, máxime cuando mis relaciones con Felipe González parecían atravesar un excelente momento. Por eso me extrañó aquella llamada del día 17 de diciembre de 1993. Quedaban once días para que pusieran en marcha la operación contra mí mediante la intervención de Banesto. El asunto de fondo eran los espionajes del Cesid a las órdenes de Serra, el vicepresidente del Gobierno.
    -Señor, en esto de los espías del Cesid Serra está involucrado hasta las patas. La información es incontestable porque me lo ha dicho, delante de su mujer, el ministro de Defensa, Julián García Vargas, a quien, como sabe, he ayudado en este caso por el convencimiento de que no tiene absolutamente nada que ver.
    El Rey guardaba silencio. No se mete en asuntos concretos de Gobierno. Menos en estos escabrosos. Escucha pero no habla.
    -Por si fuera poco, señor, me ha dicho que Serra ordenó al Cesid que me espiara y, además, utilizó a la Guardia Civil. Roldán le enseñó el informe que hicieron y que se remitió a Presidencia del Gobierno.
    -¡Qué barbaridad! Por cierto, te quería decir que me ha llamado el presidente del Gobierno para hablarme de Banesto y de ti.
    -¿De Banesto? Hace nada que le expliqué la situación al detalle.
    -Sí, pero me dijo que como escuchó algunos rumores, incluso algunas noticias sueltas que aparecieron en prensa, llamó a Solbes y al gobernador para preguntarles si ocurría algo especial.
    -Ya, y ¿qué le han dicho?
    -Según Felipe me transmite, lo que le dicen es que existe absoluta tranquilidad. Que Banesto tiene problemas, como los tienen otros bancos, pero la diferencia es que vosotros, Banesto, queréis resolver los problemas de manera mucho más clara que los demás.
    -Bueno, eso es cierto, pero lo que me preocupa es que alguien tiene que estar rondando al presidente del Gobierno con infundios sobre el banco hasta el punto de que tenga que llamar al ministro y éste al gobernador.
    -Felipe me ha dicho que él habló con los dos.
    -No parece lógico, señor. Lo más normal es pensar que se dirigió a su ministro y éste al gobernador, pero, en fin, a estos efectos es intrascendente. Lo importante sería saber quién es el que está enredando. Bueno, señor, ya hablaremos más despacio, pero la verdad es que estas cosas son difícilmente explicables”.
    Amusátegui (Central Hispano) llama a Conde
    Conde cree que el fin de la llamada era “confundir al Rey”. Ese mismo día el presidente del Central Hispano, Amusátegui (Pepe), llamó a Conde: “Tengo información de que nos quieren plantear una encerrona a los dos, así que la única solución consiste en fusionarnos, en anticiparnos. Nos reunimos este fin de semana. Yo voy a donde digas con mi gente. Tú llamas a la tuya y el lunes nos presentamos con un acuerdo de fusión y las Juntas de Accionistas convocadas. Se verán atrapados y no podrán mover un dedo en nuestra contra”.
    Conde cree que Amusátegui estaba aterrado, pero no podía contarle sus negociaciones y acuerdos, y menos la conversación del Rey y el mensaje de Felipe González.
    Por su interés, reproducimos el texto escrito por Conde.
    -Bueno, Pepe (Amusátegui), tranquilo. Creo sinceramente que las cosas no son tan graves como las pintas. Ahora, con los americanos dentro, una fusión así, deprisa y corriendo, me parece imposible. De todas formas, tomo nota de lo que me dices y la semana que viene nos ponemos en contacto.
    Despaché como pude el dramatismo de Pepe. Tomé el teléfono y se lo conté a Enrique Lasarte, primero, y después al Rey, que no me hizo comentario alguno cuando le aseguraba que la llamada de Amusátegui era la prueba del nueve de que otros bancos tenían problemas y que los pensaban solucionar de manera mucho menos seria que la nuestra. Percibí una sonrisa de satisfacción del Monarca al otro lado de la línea.
    No podía quitarme de la cabeza esa llamada extraña del presidente del Gobierno al Rey.
    28 de diciembre, día de los Santos Inocentes
    A las ocho de la mañana del día 28 de diciembre de 1993 penetraba nuevamente en mi despacho del banco. A las ocho treinta suena mi teléfono privado. Al otro lado de la línea, la voz excitada del Rey.
    -Me acaba de llamar el presidente del Gobierno.
    No entiendo nada. Me dice que van a intervenir Banesto. Le he pedido que no hagan ninguna barbaridad, que casos como éste han existido siempre en la banca española, europea y mundial, y que se han solucionado siempre por métodos normales.
    -¿Y qué le ha dicho, señor?
    -Que no me meta en este asunto, que me mantenga al margen, que no me meta en temas políticos o algo así.
    -Bueno, pues eso, señor: manténgase al margen.
    -Pero es que se trata de una barbaridad...
    -Por supuesto, señor, sobre todo si recuerda que hace unos días vuestra majestad me informó de que le había llamado el presidente del Gobierno para decirle que todo en Banesto iba bien.
    -Sí, así es, me acuerdo perfectamente, por eso no entiendo nada
    -Sí, claro, o quizá se entiende todo con lo que le ha dicho, pero perdóneme, ya hablaremos, le tengo que dejar porque tengo por la otra línea al presidente del Gobierno.
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