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CASAS REALES

División de opiniones en Las Ventas: unos gritan "Viva el Rey" y otros susurran "lo mayor que está"

No a las regatas, pero sí a los toros. Todavía hay aficiones que Su Majestad se permite. Don Juan Carlos volvía a presidir ayer la corrida

No a las regatas, pero sí a los toros. Todavía hay aficiones que Su Majestad se permite. Don Juan Carlos volvía a presidir ayer la corrida anual de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) en Las Ventas, después de tres años de ausencia en los que había delegado la invitación en los Príncipes de Asturias y la infanta Elena.

Su llegada se produjo en medio de grandes medidas de seguridad, como es habitual en los desplazamientos de la Familia Real, y fue recibido, salvando las distancias, más que como un rey, como una gran figura del toreo. Hubo división de opiniones. Muchos fueron los que le aplaudieron clamorosamente entre gritos de “¡Viva el Rey!”, mientras que otros tantos, organizados en corrillos, susurraban: “¡Qué mayor está!”.

El monarca saludó a la multitud que se congregaba a las puertas del coso y sus complicaciones a la hora de andar volvieron a acaparar gran parte de los comentarios a pie de calle. “Le cuesta mucho. No pensaba que fuera para tanto”, comentaban algunos asistentes. Cinco coches oficiales, además de varios efectivos policiales, llevaron a don Juan Carlos, fielmente escudado por Alberto Aza, su hombre de confianza y ‘amo de llaves’ de la Zarzuela, hasta la puerta de autoridades, donde Fernando González Urbaneja, el anfitrión de la tarde, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, con un capote a modo de bolso, y José María Álvarez del Manzano, exalcalde de la capital y actual ‘jefe’ de IFEMA, le esperaban para disfrutar de una tarde de toros, sin presencia de antitaurinos. Las estrellas del cartel: Miguel Ángel Perera, Joselito Adame y Sebastián Castella. Este último le brindó la lidia de su primer astado.

Al igual que su primogénita, don Juan Carlos nunca ha tenido problemas en reconocer y hacer alarde público de su afición por la Fiesta Nacional. Ni incluso cuando la prohibición de la tauromaquia en Cataluña se convirtió en cuestión de Estado. Por eso, su presencia ayer fue significativa. Doblemente, además. Desde su convalecencia por la operación de pulmón a la que fue sometido en el Clinic de Barcelona hace un año, Su Majestad se ha visto privado en numerosas ocasiones de sus ‘pequeños placeres’. Por prescripción médica, evita los viajes largos, de ahí que no pudiera estar junto a la Reina en la final del Mundial de Sudáfrica, en la que España resultó ganadora. Ya no esquía ni en Baqueira ni en Huesca y tampoco navega. Ni volverá a hacerlo. El Rey ha abandonado las competiciones de vela, tal y como ha trascendido públicamente hace unos días. En cambio, sigue practicando la caza.

Con un aspecto un poco más saludable desde sus ‘vacaciones privadas’ en los suntuosos predios de Mohamed VI, don Juan Carlos coincidió en la madrileña plaza de Las Ventas con Carmen Martínez Bordiú, incondicional de Perera, con quien en su día se la relacionó; Adolfo Suárez Illana, que en ocasiones se lleva a su amiga la infanta Elena como acompañante a algún que otro festejo; Kubrat de Bulgaria, príncipe de Panagyurishte y prestigioso cirujano, con un amigo y sin su mujer Carla Royo Vilanova; Josemi Rodríguez Sieiro o Nuria González, gran aficionada, que dejó solo en casa a su marido, el empresario Fernando Fernández Tapias. Tras la corrida, el Rey salió por la puerta, pero no por la grande, sino por la de atrás. Básicamente, por razones de seguridad. Y así se fue. Con pañuelos blancos y sin ellos.

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