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siempre han tenido un 'feeling' especial

La favorita del Rey cumple 50 años

Dicen que es cuestión de química, aunque el hecho de que padre e hija tengan el mismo carácter tiene mucho que ver. La infanta ha heredado el genio de los Borbón

Foto: La infanta Elena junto a su padre, el rey don Juan Carlos (I.C.)
La infanta Elena junto a su padre, el rey don Juan Carlos (I.C.)

De siempre se ha dicho que la infanta Elena es la que más se parece en carácter al Rey. El Príncipe es más perfil Reina y la infanta Cristina se queda en tierra de nadie, porque de los tres es la que más ha ido por libre. Suele ocurrir en los hijos medianos de las familias y la señora de Urdangarin no iba a romper ese molde.

A Elena la comparan con “la Chata”, la primogénita de Isabel II y Francisco de Asís, su ascendiente familiar a la que, precisamente, por ser la más castiza el Gobierno de la Republica no la obligó a exilarse como al resto de su familia, aunque ella, por solidaridad, también cruzó la frontera. En el caso de la duquesa de Lugo esa manera de ser aparentemente más cercana ha hecho que cuando acude a actos públicos no reciba pitadas como les ocurre al resto de los miembros de la Familia Real desde que saltó el escándalo Urdangarin.

Ella ha sido el nexo de unión y la que en más de una ocasión ha mediado para calmar las turbulentas relaciones entre los miembros de la familia. Justamente, esa querencia del Rey hacia ella ha servido para facilitar las cosas.

Ella es la favorita del Rey, la que se “va de cañas” con él al hotel Ritz en Madrid y a cualquiera de los bares de Puerto Portals en Palma en aquellos veranos, recién cumplida la mayoría de edad, en los que cerraba las discotecas. Algunos paparazzis de aquellos años recuerdan cómo tenían que guardar las cámaras si querían permanecer en el mismo lugar que la infanta. Ocurría lo mismo en el Joy Eslava, donde ahora reina su hijo Froilán. En una fiesta en la que Miguel Bosé presentaba algo, la primogénita se subió al escenario y se puso a bailar con uno de los chicos negros del conjunto. Imposible hacer fotos, aunque seguramente a ella le hubiera importado poco. No así a la Reina, con la que estrechó lazos a raíz de su matrimonio con Jaime de Marichalar porque parece que a la única que le gustaba la elección era a doña Sofía.

Relaciones sin recorrido

Su carácter es muy parecido al de su padre, igual que sus salidas de pata de banco, aunque en el caso del Rey se denominan “campechanía” y con la infanta “malas formas”, aunque es cierto que no suele ser lo habitual. Los fines de semana, se instala en Segovia, en la casa de su amiga Rita, y pasea por La Granja sin llamar demasiado la atención. Sus historias amorosas tienen poco recorrido y ni el doctor Villamor ni otros caballeros con los que se le ha relacionado han tenido algo que ver con ella.

Cuando se hizo efectivo el “cese temporal de la convivencia” con Marichalar y que para ella fue el momento más difícil de su vida, según sus propias palabras, el padre se la llevaba a comer a La Trainera o Zalacain. Los dos, mano a mano, en una situación que se ha repetido en muchas ocasiones y que, en cambio, no ha sido tan frecuente con el heredero. Dicen que es cuestión de química.

Elena cumple medio siglo con un horizonte más o menos lineal en el plano laboral y en el personal con sus amigos de siempre y con el jinete Astolfi como elemento recurrente. 

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