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CASA REAL LA APARTÓ DE LA AGENDA EN 2012

La infanta, víctima colateral del 'caso Nóos'

Apartada de los actos oficiales para minimizar el 'exilio' de Cristina, queda para la retina la imagen del Día de la Fiesta Nacional de 2012, cuando se la ubicada fuera de la tribuna de autoridades

Foto: La infanta junto a su hermana e Iñaki Urdangarín en 2011. (I.C.)
La infanta junto a su hermana e Iñaki Urdangarín en 2011. (I.C.)

La estrategia de blindaje impuesta por Casa Real en octubre de 2012 dejó por el camino algunos ‘cadáveres’ reales que la propia institución ‘revivió’ meses más tarde. Este fue el caso de la infanta Elena, que tras del anuncio de que “el lugar principal de la representación del Estado en los actos lo ocuparán los Reyes y los Príncipes de Asturias” quedó relegada a un retiro obligado lejos del auténtico ‘núcleo duro’ de la Familia Real. Junto a ella, también desaparecieron la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin por motivos de peso que la Monarquía tardó un tiempo en sopesar tras el escándalo que supuso la investigación del Instituto Nóos por el juez José Castro.

El ejemplo más claro de esta exclusión tuvo lugar el Día de la Fiesta Nacional de 2012, un desfile que ofreció una fotografía que más de un año después continúa en la retina de muchos. Sentada al lado del secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, la Infanta quedó fuera de la tribuna de autoridades, donde se situaron los Reyes y los Príncipes de Asturias y en la que ella siempre había estado. 

El motivo de esta nueva posición para doña Elena no era otro que evitar posibles comentarios acerca de la ausencia de la infanta Cristina en una fecha tan importante para la Familia Real.  Con este distanciamiento, aquel 12 de octubre de 2012, la fotografía familiar quedó coja debido a unas ausencias que no sólo tenían que ver con el estallido del caso Nóos, sino por otras cuestiones de cara a la galería.

Sin embargo, las tornas no tardaron mucho en cambiar. El ostracismo al que se vio obligada la infanta Elena tuvo fecha de inicio, pero también un final, el 18 de septiembre. Con la excusa en bandeja del traslado de su hermana Cristina a Ginebra con su marido y sus cuatro hijos, Casa Real vio en ello la ocasión perfecta para devolver a doña Elena el lugar que le correspondía.

Un regreso por la puerta grande

Acompañada por los Reyes y los Príncipes de Asturias, la infanta Elena recuperó por todo lo alto el protagonismo que su familia le había quitado meses atrás. Durante la recepción de los Reyes de los Países Bajos, Guillermo y Máxima, doña Elena bajó hasta el pie de la escalinata junto a don Juan Carlos y doña Sofía para recibirlos ofreciendo una imagen que desde mucho tiempo atrás que no se veía. Incluso participó en la comida posterior. 

Sin embargo, este no fue el primer intento de Casa Real de mitigar el injusto castigo al que fue sometida la Infanta. Durante el verano, doña Elena se fue convirtiendo, poco a poco, en un miembro más de ese núcleo duro que representa a la Corona. La misa funeral por las víctimas del accidente ferroviario de Santiago y la tradicional cena que el Rey ofreció el pasado 6 de agosto a las autoridades baleares en el Palacio de la Almudaina también contaron con su presencia.

Cercana y muy prudente

Ojito derecho del Rey Juan Carlos, dicen quienes la conocen que tiene el carácter de su padre, con el que comparte muchas aficiones, como los toros, donde acude siempre que puede, y su amor por España. En este sentido, la Infanta disfruta como si fueran suyos de los triunfos que han llevado a nuestro país a la cima del deporte. Aquella imagen en la que lloraba de emoción el día en el que su hermano, el príncipe Felipe, portaba la bandera de España en la apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 sigue en la retina de muchos. A pesar de que no se ha vuelto a repetir, sí ha estado cerca de deportistas españoles como Rafael Nadal, la Selección Española de fútbol o de algunos jugadores de baloncesto o tenis, a quienes ha acudido a ver en compañía de sus hijos, sus sobrino e, incluso, de su madre.

En el Mundial de Sudáfrica en  2010
En el Mundial de Sudáfrica en 2010

Simpática y en ningún momento reacia a hablar con la prensa, la infanta Elena no ha tenido que aprender a sonreír como sí ha necesitado la princesa de Asturias.

A pesar de los vaivenes que ha sufrido la Institución, su imagen pública en ningún momento se ha visto dañada por las actuaciones de sus familiares ni por la decisión de divorciarse de Jaime de Marichalar. Cae en gracia a los españoles, algo que la infanta Cristina sigue sin conseguir, sobre todo por su naturalidad o por esa manera ‘campechana’ de acercarse a una sociedad en el que la espontaneidad de la que hacía gala su padre en público ha dejado ya de gustar.  

 

 

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