Alberto, de ‘ojito derecho’ de Grace Kelly a gran desconocido del Principado
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este viernes cumplía 58 años

Alberto, de ‘ojito derecho’ de Grace Kelly a gran desconocido del Principado

“Mi madre era una mujer auténtica”, dijo en la presentación de una exposición sobre su madre. Su muerte marcó una vida llena de rumores y secretos

Foto: Alberto y Charlene, en una exposición dedicada a Grace Kelly (I. C)
Alberto y Charlene, en una exposición dedicada a Grace Kelly (I. C)

“Mi madre era una mujer auténtica”, dijo Alberto de Mónaco en la presentación de una exposición sobre Grace Kelly. Este viernes cumplía 56 años y pronto será testigo del estreno de Grace de Mónaco, la polémica película que relata la vida de su madre y que protagoniza Nicole Kidman. Desde que era un niño, vivió el lado más humano y el más desgraciado de la vida en el principado. Lo segundo llegó con la muerte de su madre y con insidiosas habladurías a raíz de su matrimonio con Charlene, de la que se dice que es una princesa triste, infeliz y que esos son los motivos de que no tengan aún descendencia. Algo así como un Luis XVI y una María Antonieta a pequeña escala y en el siglo XXI.

Nacido un 14 de marzo de 1958, desde pequeño fue el favorito de una Grace Kelly que no siempre se sintió a gusto en un Mónaco cuyo brillo difería del Hollywood que conocía. Desde que era muy joven, Alberto ocupó un lugar secundario en la prensa del corazón, copada por sus hermanas Carolina y Estefanía. Lo único que se insinuaba era su homosexualidad, ya que no parecía que se decidiese a casarse jamás. Sin embargo, el tiempo y dos hijos ilegítimos han demostrado que, fuera del tiesto, Alberto no era precisamente un monje. En 1997 nacía Jazmin Grace Rotolo, fruto de un escarceo con Tamara Jean, y en 2003 Alexander Eric Stephane, nacido de su romance con Nicole Valérie Coste. Ambas están reconocidas.

Esos indicios quizá descartaban la rumorología acerca de su sexualidad, pero, en cambio, no dejaban de mostrarlo como un donjuán en toda regla. Incluso su romance con Charlene fue de una discreción absoluta. Empezaron a verse cuando ella era una nadadora de éxito en 2000. Pocos hubiesen imaginado a Alberto, eterno ‘solterón’ del principado, enamorándose de una chica veinte años más joven que él, pero así fue. La boda tuvo lugar el 1 de julio de 2011 y la frialdad fue la nota predominante en todo momento. Todo el mundo comentó que él estaba demasiado nervioso ante el protocolo y también que ella parecía triste y alicaída. Oficiada por el arzobispo Bernard Basi, la ceremonia resultaba tan fría que los novios ni siquiera se miraban a la cara. A eso se une que, pasados unos años, la pareja no parece ser capaz de tener hijos, en duro contraste con los hijos ilegítimos que tuvo con dos mujeres que ni siquiera son su pareja. El día de la boda, hasta los 3.500 invitados parecían estar aburriéndose como ostras.

Hasta llegar a su matrimonio, Alberto recibió muchas etiquetas que pretendían acotarlo y definirlo. De pequeño, era raro verle salir de palacio y después, era el que más salía de allí de los tres hermanos, sobre todo para pasar los meses de verano en los campus universitarios de Estados Unidos. Poco presente en los medios, con el tiempo fue miembro del coro de la Universidad de Amherst y estudió Humanidades lejos del vendaval en las revistas de sus dos hermanas. Además, acabaría representando a Mónaco en las carreras de trineo durante cinco olimpiadas consecutivas. Pese a tanta actividad, para muchos seguía siendo aquel niño mimado por Grace Kelly, ya que su presencia en los medios y por tanto de cara a los monegascos, parecía bastante opaca.

Justamente por eso, la prensa del corazón ha acabado poniendo su lupa sobre Alberto y Charlene, pero esta pareja sin heredero no parece dar demasiado brillo al entramado del ‘cuore’ monegasco. A Charlene parece darle pereza todo acto oficial del principado y es la princesa Carolina la que la sustituye más de una vez. Parece que los monegascos no quieran ver ‘caras de vinagre’ en los eventos. “Después de mi boda, necesitaba un periodo de adaptación. Ahora, creo que los hijos llegarán. Alberto es el hombre de mi vida”, declaraba a un diario hace poco tiempo de forma escueta, demostrando quizá que ella también se ha convertido en una princesa tan en la sombra como su propio marido, el niño mimado por Grace y que, frente a la continua exposición mediática de sus hermanas, sigue siendo el gran desconocido del Principado.

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