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El príncipe Salman cambia Marbella por Tánger como lugar de veraneo

Es el segundo año que el heredero saudita, quien fuera un asiduo a la Costa del Sol, veranea en la ciudad marroquí en lugar de en la ciudad malagueña

Foto: El Principe saudí, en Marbella en una imagen de 2008. (Efe)
El Principe saudí, en Marbella en una imagen de 2008. (Efe)

Tánger se ha puesto de moda. Y es que allá donde se asienta el heredero del trono saudita lo convierte con su corte en el sitio más codiciado del verano. El príncipe Salman ha cambiado Tánger por Marbella. Desde hace unas semanas el futuro monarca se ha trasladado con todo su séquito, mas de 700 personas, a la ciudad marroquí, donde tiene uno de sus palacios más lujosos.

La casa real saudí ha tomado casi por entero la playa de Jbila para pasar las vacaciones estivales en la ciudad tangerina. Desde principios de mes, un dispositivo de seguridad se ha puesto en marcha para la llegada del hermano del fallecido Rey Fhad. Toda precaución es poca. Para el séquito se ha cerrado el mítico hotel Le Mirage, bajo el cual se encuentran el balneario privado del Rey Mohamed VI y la residencia de una de sus hermanas en un terreno adyacente. Se ha blindado todo para Salman, uno de los mandatarios que actualmente está muy bien posicionado en el mundo árabe.

Turq, el yate del príncipe, en el puerto de Tánger (A. G.)
Turq, el yate del príncipe, en el puerto de Tánger (A. G.)
Para preservar su privacidad, condición que hace años ya no conseguían en Marbella, el Gobierno marroquí ha cerrado al turismo las míticas cuevas de Hércules. De esta manera nadie puede tener acceso al reducto tangerino. Una fragata militar ocupa, tal y como captó Vanitatis, las inmediaciones del palacio saudita, y un campamento con soldados protege las inmediaciones del palacio. Su yate, Turq, está anclado en el puerto de la ciudad, ya que navegar es una de las aficiones del príncipe.

Una esposa catalana para Salman

No es la primera vez que Salman está en Tánger pasando sus vacaciones. Tal y como contaba este medio, el pasado verano el heredero del trono saudita sólo paso unas horas en Marbella, en su palacio de Al Riyad, comió con sus hijos y sus nietos y se marchó a Tánger junto a su esposa favorita. Son tiempos expectantes para la monarquía saudita. Las revueltas que agitan el mundo árabe han sacudido también los cimientos del reino de Salman, aunque no lo hayan alcanzado.

Salman, en Marbella en 2008. (Efe)
Salman, en Marbella en 2008. (Efe)

Fuentes cercanas a la diplomacia saudí explican a Vanitatis que el heredero se siente más seguro en tierras alauitas. En Marbella ya nada es como antes. Atrás quedaron las citas estivales con las que regalaban presencia los árabes. Los que recalan ahora son los hijos de los hijos. Algunos de ellos están ahora en Marbella con sus nietos. Pero todos aseguran que su esposa “catalana”, la más apegada al príncipe, está con él. En Marbella echan de menos los rituales de Salman, como el de desayunar churros con zumo de naranja en la plaza de Los Naranjos, ceremonia que ha sustituido por sus cenas en el Minzha tangerino, cuyo restaurante se cierra para los ágapes familiares.

El poder de Salman

El príncipe Salman, heredero del reino saudita, pertenece, como sus predecesores Nayef y Sultán, al llamado clan de los Sudairi. Hace unos meses el rey Abdalá bin Abdelaziz designó como próximo príncipe heredero a su hermanastro Moqren bin Abdelaziz. Se trata de la primera ocasión en la historia de la casa real saudí en que el rey designa a un heredero del príncipe heredero.

A diferencia del príncipe Salman, Moqren no pertenece al ilustre grupo conocido como los Siete Sediriyin, que está compuesto por los siete hijos que tuvo Al Saud con una de sus esposas favoritas, Hasa al Sudairi. Cuando el monarca nombró heredero al trono a su medio hermano, el príncipe Salman, proyectó el deseo de la familia real de fraguar una imagen de continuidad y estabilidad. Y de momento lo ha conseguido. Salman tiene mucho poder. Lo vierte en los sectores como heredero de la corona y como ministro de Defensa. España le quiere como asiduo a Marbella, pero él ha elegido las doradas playas de Jbila para perderse.

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