Carolina de Mónaco, una princesa que cede el trono del ‘cuore’ a sus hijos
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sus apariciones en prensa empiezan a limitarse

Carolina de Mónaco, una princesa que cede el trono del ‘cuore’ a sus hijos

Aunque en elegancia su hija aún no puede hacerle sombra, Carolina de Mónaco ha vuelto a demostrar el buen gusto en el vestir que la hizo célebre ya en los años 80 en la presentación de la fundación AMADE, celebrada en los Países Bajos. La fundación recau

Foto: Carolina, durante la Gala Amade (Gtres)
Carolina, durante la Gala Amade (Gtres)

Aunque en elegancia su hija aún no puede hacerle sombra, Carolina de Mónaco pierde fuelle en las portadas de revista en favor de Carlota, pese a que, este viernes, ha vuelto a demostrar el buen gusto en el vestir que la hizo célebre ya en los años 80 en la presentación de la fundación AMADE, celebrada en los Países Bajos. La fundación recauda dinero a favor de proyectos dedicados a la infancia y la princesa no quiso perderse el evento vestida con sus mejores galas, que en esta ocasión consistieron en una camisa blanca y una larga falda oscura con bolso a juego.

Había cierta expectación por verla, ya que esta misma semana se ha anunciado que su hijo, Andrea Casiraghi, y la esposa de este, Tatiana Santo Domingo, serán padres por segunda vez de un hijo. Así, Carolina volverá a ser abuela por tercera vez a sus 57 años, protagonizando de nuevo una noticia que no tiene que ver directamente con ella. Cada vez más discreta en sus apariciones públicas, el miembro más reconocido de la familia Grimaldi ha optado últimamente por una discreción; un silencio que no se ha producido en el caso de su todavía marido, el escandaloso Ernesto de Hannover, que reaparecía el pasado mes de septiembre en la celebración de las bodas de oro de Constantino y Ana María celebradas en Grecia.

placeholder Carolina de Mónaco durante el acto (Gtres)

Carolina, sin embargo, parece haber dado paso a las nuevas generaciones y, hoy por hoy, su hija Carlota o su hijo Andrea aparecen más que ella en el papel ‘couché’. Tanto es así que los distanciamientos reales o ficticios de Carlota y Gad Elmaleh y ella dan para mucho más que cualquier acto oficial al que ella acuda, el tipo de noticia por la que suele aparecer en los medios ahora mismo; temas que quedan a años luz de los romances que, en sus años mozos, copaban las portadas en las que ella era la principal protagonista.

Un ‘patito feo’ que se convirtió en carne de portada

placeholder El día de su boda con Junot, en 1978 (Gtres)

Pese a la discreción actual, Carolina ha sido carne de cañón desde que era prácticamente una adolescente. Por aquel entonces era una bailarina de ballet clásico y una correcta amazona que vivía de forma muy libre, para gusto y deleite de la prensa del corazón que la perseguía a todas partes. Ella misma se cansaba de las comparaciones con su madre, la ex hollywoodiense Grace Kelly, asegurando que se sentía un “patito feo” al lado de ella y de su espectacular belleza.

Sin embargo, pronto acabó convirtiéndose en una mujer casada que ponía orden en su vida. El 29 de junio de 1978 contrajo matrimonio con Philippe Junot. La moda de los setenta hacía estragos en las figuras femeninas y también alcanzaba al blanco impoluto de los vestidos de novia, por mucha princesa que los llevase. Muchos juzgaron el look de Carolina de Mónaco inadecuado, pero lo cierto es que su matrimonio con Junot trajo a Mónaco parte de las meticulosas organizaciones nupciales de antaño.

Tras el divorcio, nada en Mónaco fue igual. Carolina volvió a casarse con el millonario milanés Stefano Casiraghi, pero murió en 1990. De Ernesto de Hannover, con el que contrajo matrimonio en 1999, muchos preferirían no hablar, dados los quebraderos de cabeza que le dio. Todos recordarían, por ejemplo, el histórico plantón que le dio en la boda de los actuales reyes de España, Felipe VI y Doña Letizia, en mayo de 2004. Carolina tuvo que hacer frente a aquel enlace real en solitario.

Quizá desde entonces, la musa de Lagerfeld ha optado por cumplir su papel de madre, abuela y esposa en la distancia (pese a seguir ostentando el título de princesa de Hannover), y de Princesa en actos oficiales, sin ser ese centro de atención de las miradas de una prensa siempre necesitada de carne joven y de caras nuevas.

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