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UN NIÑO Y UNA NIÑA

Alberto y Charlène, padres de gemelos

Los hijos de Alberto de Mónaco y Charlène han nacido este miércoles a las 19:15 en el hospital Princesa Grace del Principado a través de una

Foto: Alberto y Charlène de Mónaco, en una imagen de archivo (Gtres)
Alberto y Charlène de Mónaco, en una imagen de archivo (Gtres)

Los dos hijos de Alberto de Mónaco y Charlène han nacido este miércoles en el hospital Princesa Grace del Principado a través de una cesárea que se le ha practicado a la exnadadora olímpica. Han sido un niño y una niña y sus nombres son Jaques Honoré Rainier y Gabriella Thèrése Marie respectivamente. Alberto ya explicó quién sería el heredero en el caso de que naciesen gemelos de distinto sexo como ha sido el caso: el pequeño Jaques, que ha venido al mundoa las 17:06 horas, dos minutos después que su hermana, será el que un día ocupe el trono monegasco.

Desde que por la mañana se anunciase que la princesa había ingresado para dar a luz, desde palacio ya se había puesto en funcionamiento todo el mecanismo para recibir a su nuevo heredero al trono y las campanas y los cañones ya estaban preparados para dar la bienvenida a los pequeños.

Para tan especial ocasión, el Principado había acordado celebrar una gran fiesta. Con la llegada de los gemelos se dispararon 42 salvas de cañón, 21 para cada uno de ellos, que repicaron durante media hora y se proclamó día festivo para la nación.

El júbilo con el que se recoge el feliz alumbramiento en Mónaco tiene mucho que ver con la preocupación que existía en el Principado hace unos meses al ver que su soberano aún no tenía descendencia. Alberto y Charlène contrajeron matrimonio en julio de 2011 con 53 y 33 años respectivamente, unas edades que pronto inquietaron a la población que pedía a gritos la llegada de un heredero. Eso unido a los rumores que apuntaban a que su matrimonio no era por amor hacía crecer el desasosiego.

Sin embargo, tres años después de su enlace, la llegada de dos nuevos retoños a la familia real monegasca ya es un hecho y para la opinión pública supone un alivio. Además, en cuanto se supo que lo que Charlène esperaba eran gemelos, ya se dejó bien atada la cuestión sucesoria y nada podía empeñar la felicidad por la llegada de los bebés reales.

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