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LAS CLAVES DE LA ÚLTIMA ETAPA DEL MONARCA

Ana Romero: "El Rey Juan Carlos es espabilado, manipulador y muy humano"

Trazamos un perfil del Rey Juan Carlos de los últimos cuatro años conversando con la periodista autora del best seller ‘Final de partida’

Foto: El Rey Don Juan Carlos, en una imagen de archivo (Gtres)
El Rey Don Juan Carlos, en una imagen de archivo (Gtres)

Un yerno perfecto que no lo fue en absoluto. Una hija que se siente abandonada. Una esposa a la que dice odiar. Una “amiga entrañable” ambiciosa y manipuladora. Una nuera a quien juzga inidónea. Un heredero preparado pero cada vez más lejos de él… La periodista Ana Romero pinta en Final de partida (La Esfera de los Libros) un fresco de cómo fueron los últimos cuatro años de reinado de Juan Carlos I en el que todos los protagonistas jugaron un papel decisivo en su abdicación. Así ha sido su conversación con Vanitatis.

La escritora Ana Romero en la presentación de su libro (Gtres)
La escritora Ana Romero en la presentación de su libro (Gtres)

Pregunta: ¿Dónde estaríamos ahora de no ser por el incidente de Botsuana?

Respuesta: Resulta difícil saber qué hubiese ocurrido de no lesionarse en Botsuana, porque aquel incidente supuso su deterioro físico e institucional. Él llegó a Madrid para operarse casi a medianoche del viernes 13. A lo largo de ese día, hasta que llega, se barajaron varias opciones. También la posibilidad de ocultarlo, como se han ocultado tantas cosas. Finalmente se creyó que sería peor. Aunque aquel mea culpa en el hospital fue muy significativo, no surtió el efecto deseado. Buscaba revivir el nexo emocional, pero en las encuestas cayeron 30 puntos. Y nunca remontaron. Si no se hubiese caído, creo que habría alargado su reinado hasta al menos cumplir los 40 años exactos en el trono.

P: “Ahora que sé lo que es estar con alguien, voy a sufrir de soledad”, le confesó el Rey a Corinna cuando su relación se hacía cada vez más difícil. Añade que ella lo llamaba insistentemente desde el extranjero preocupándose por él, reconfortándolo… ¿Tanto poder tenía el entorno del Rey, esos hombres de gris que menciona en el libro, para impedir que lo visitase personalmente en España?

R: Hay dos fases. El Rey se cae y al día siguiente a la operación, ella sale de Madrid de mala manera. Cuento en el libro que es ‘invitada’ a marcharse desde Torrejón y a ella no le parece apropiado ese modo, irse por la puerta de atrás. En diciembre de 2012 se entrevista con García Margallo y nunca regresa. Corinna sabe que no es bienvenida en España, ya que se le ha puesto cara y es posible reconocerla por la calle. Ya no podía vivir de incógnito.

P: Sin embargo, en septiembre de 2013 se dijo que tenía intención de instalarse en un chalé de Somosaguas (Madrid).

R: Ese fue el verano en que se discute la posibilidad de contraer matrimonio. Físicamente Don Juan Carlos parece que ha superado su bache. Se encuentra mejor. ¿Qué pasaría si nos casáramos? Y se puso a analizar dónde vivirían, cuál sería su rol, etc. ¡Fíjate si la relación era estable! Pero el Rey comienza a sentir unos dolores tremendos en la cadera. Lo último que piensa entonces es en casarse. Aparta el plan. Posiblemente, una de las personas con quienes habló el Rey antes de esos dolores para comentarle su idea se lo contó a otra y nació el rumor cuando ya no había motivo.

P: ¿Cree que a Corinna le hubiese interesado más ser la esposa del Rey que su pareja extraoficial? De casarse con él, se hubiese terminado la lucrativa profesión de comisionista y mediadora.

R: Esas elucubraciones son las que este libro provoca. Pero yo he intentado no juzgar, no elucubrar, solo hacer una narración lo más actual posible de lo ocurrido en esos cuatro años, de 2010 a 2014. Era un panorama complicadísimo para él: estaba el tema de Corinna, pero eso es solo una parte. Este Rey tenía su pareja y los problemas con ella; el yerno imputado; su familia rota; los españoles dándole la espalda… Tantos frentes abiertos que Corinna era solo uno más.

El Rey don Juan Carlos junto a la princesa Corinna
El Rey don Juan Carlos junto a la princesa Corinna

P: Cuando Corinna aparece en una portada mostrando una pulsera de tres millones, ¿qué mensaje quiere enviar y a quién?

R: Salir en una publicación del corazón tan mensajera de la monarquía, tanto para mí como para la mayoría de los españoles fue toda una declaración de intenciones, de formar parte de la vida del monarca. Un mensaje de aquí estoy yo. Con esa portada dificultó su regreso a España si es que alguna vez pensó regresar.

P: El Rey llega a decir de su esposa: “No la soporto. La odio”. Parece claro que hace mucho que dejó de amar a Doña Sofía, pero ¿qué motivos tiene para odiarla?

R: A mí me chocó mucho cuando me lo contaron. Lo atribuyo a la sensación de sentirse atrapado. Es un hombre que desde los 10 años está siguiendo las necesidades de un guión y ve que llega al final de su vida sin poder hacer de su capa un sayo. De ahí esa reacción infantil. La Reina Sofía no tiene culpa de ese sentimiento, pero hay varias imágenes públicas muy desagradables que nos hacen pensar que ese sentimiento es real y se refleja en actos. Ante el papa en Madrid, ante el emir de Catar, en Santiago la aparta de un manotazo cuando ella quiere ayudarlo… Lo hemos visto todos. Es un reflejo muy gráfico de lo que estaba sucediendo por dentro, esa separación de hecho en la que han vivido durante décadas.

P: Una fuente del caso Nóos dice a Vanitatis que Cristina está tan unida a Iñaki no solo porque lo quiera sino porque ha sentido que la Casa del Rey los dejaba a su suerte, ya que todos los contratos que cerró el Instituto Nóos contaban con los asesores legales de la Casa del Rey. ¿Estaría de acuerdo?

R: Es una situación endiablada. Desde la Casa del Rey se pretende que la infanta Cristina tenga el mismo sentimiento dinástico que sus padres. Pero ella no se juega tanto, sabe que no va a reinar nunca, así que se puede permitir pensar más emocionalmente. No entienden cómo no se presta a ayudar más a la institución. Se produce un enfrentamiento y una ruptura. Sí, creo que ella siente que la Casa le ha fallado. Todos tienen sus pequeñas razones: ella se siente abandonada; Felipe, traicionado… es puro Shakespeare.

Don Juan Carlos junto a su hija, la infanta Cristina (EFE)
Don Juan Carlos junto a su hija, la infanta Cristina (EFE)

P: ¿De qué cree que hablaron la infanta Cristina y su padre en el Club Náutico de Barcelona el mes pasado?

R: Ni me lo puedo figurar, pero llama la atención que tengan que encontrarse en un lugar público y en Barcelona. Lo lógico es que ese encuentro se hubiera producido en el salón de casa, aunque no sé qué entiende el Rey ahora mismo por ‘casa’.

P: ¿Con quién cree que ha sido más desagradecido o desleal el Rey? ¿Quizá con Manuel Prado y Colón de Carvajal?

R: Esa actitud que nos parece cruel es propia de los poderosos. No te mantienes en el poder 38 años y medio más los que estuvo a la sombra de Franco sin ser inflexible. Hazte una idea de lo que ha tenido que dejar en el camino. Cuando la actividad de Manolo Prado comenzó a ser lesiva para su imagen y honor, lo dejó caer. ¿Cómo califico eso? Actitud de hombre de poder. Los mecanismos que usan los hombres de poder para mantenerse en él son crueles.

P: El Rey no tenía buena relación con Doña Letizia. ¿Qué significa exactamente “no está preparada para ser reina” viniendo de alguien como él, de quien conocemos una larga lista de amantes, un absoluto desprecio a su esposa, que caza osos ebrios, que tiene una fortuna opaca…?

R: Eso lo ves en gente que está aferrada al gen dinástico. Da igual lo que sienta, pero si le toca casarse con su prima de Liechtenstein, que es bigotuda y con halitosis, lo hace, porque considera que es su obligación como perpetuador de esta dinastía. El Rey pensaba que el heredero debía casarse con alguien de la realeza. Pero hoy sabemos que no está siendo así en Europa. Divorcios, segundas nupcias… Es un experimento nuevo del que veremos las consecuencias dentro de unos años. Quizá la esencia monárquica se diluya y se conviertan en altos funcionarios del Estado.

El Rey emérito acompañado de Joseph Biden en 2010 (Gtres)
El Rey emérito acompañado de Joseph Biden en 2010 (Gtres)

P: Una curiosidad. ¿Por qué cree que el Rey se dejaba en ocasiones esa barba rala tan desfavorecedora? ¿Alguna señal de rebeldía?

R: La foto junto al vicepresidente de EEUU, Joseph Biden, en la que se le ve con barba, ojeras y un aspecto algo demacrado mientras Biden está impecable con su americana es muy impactante por el contraste. Mi hipótesis es que es un reflejo de cómo se encontraba. Estaba convencido de que tenía cáncer y se iba a morir.

P: El libro está lleno de testimonios confidenciales entrecomillados. Ahora le pido unas comillas propias. Defíname al Rey en tres adjetivos.

R: Más que listo, espabilado, en el sentido andaluz del término; manipulador nato y muy humano. En todos los sentidos, en la globalidad del concepto. La crueldad de la que hablábamos antes también entra. 

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