40 años del último verano en el que la Familia Real "estuvo a la sombra"
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los preparativos de don juan carlos para el trono

40 años del último verano en el que la Familia Real "estuvo a la sombra"

"Cuando no éramos nadie". La frase acuñada por la Reina Sofía y referida a aquellos años en los que ni ella ni Don Juan Carlos eran los príncipes aspirantes a un trono con muchos interrogantes empezó a dejar de tener sentido en el verano del 75

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Imágenes de los reyes, el Príncipe y las infantas en el verano del 75 (Vanitatis)

"Cuando no éramos nadie". La frase acuñada por la Reina Sofía y referida a aquellos años en los que ni ella ni Don Juan Carlos eran los príncipes aspirantes a un trono con muchos interrogantes, aquel tiempo en el que siempre quedaban en un segundo plano a la espera de que una dictadura agonizante diese paso, por fin, a su momento. Ninguna etapa justifica mejor la lapidaria frase de la reina emérita que el verano de 1975, en el que ya se intuía que Don Juan Carlos y Doña Sofía se preparaban para los grandes cambios que estaban por venir. Faltaban apenas unos meses para la muerte de Franco y para una Transición que les cambiaría la vida; a ellos y a todos los españoles.

Don Juan Carlos y Doña Sofía habían empezado a veranear en Marivent en el 73, pero tan sólo dos años después, los aspectos más nimios de su posado veraniego en Mallorca estaban mucho más calculados. La elección de la ropa de los cinco, por ejemplo, era menos casual que en los dos años previos: polos oscuros y pantalones de color amarillo para la madre y los tres niños. Sólo Don Juan Carlos se permitía un vaquero de color azul para romper la simetría de la foto. "Hasta el turbante de la Reina era de color amarillo. Digamos que sabían que, en menos de un año, podían ser reyes, y la situación era menos espontána de lo que lo había sido en años anteriores. Se les veía más nerviosos, con un trato algo más recto con la prensa", afirma un periodista de la isla al recordar aquel punto de inflexión estival.

No sólo en la isla, sino también cuando iban a visitar, durante esos mismos meses, a Franco al Pazo de Meirás. Pilar Eyre recuerda cómo "los entonces príncipes iban allí para que él les 'enseñase' a gobernar pero se quedaba viendo la serie Crónicas de un pueblo. Los marqueses de Villaverde intentaban sacarlos pero doña Sofía decía: "Preferimos quedarnos aquí con 'el abuelo'. Es una imagen muy significativa de la España que se iba y de la que venía", recuerda la finalista del Premio Planeta.

Reclamo publicitario para Mallorca

Desde la llegada a Marivent, la propia Doña Sofía había elegido mesas y sillas de plástico para decorar el palacio de la forma más confortable y menos aburguesada posible. "la gente que iba a Marivent se quedaba horrorizada con la mesa de ping pong que Doña Sofía había puesto en la entrada. Era un horror", recuerda Pilar Eyre. Nada de protocolos, nada de llamar la atención en una época en la que parecía tabú pensar en otra cosa que no fuese el cambio. "No quería mimbres ni ostentación", aseguran a este portal al recordar cómo se esmeró en construir un agradable entorno vacacional, algo que consiguió, en parte, gracias al peculiar carácter de los mallorquines. "La gente de aquí es muy pudorosa y no hacían ningún aspaviento ni ninguna fiesta al ver a los entonces príncipes caminando por la isla".

En el 75, las cosas "empezaban a formalizarse". "Aunque todavía existía cierta libertad de movimiento y los fotógrafos seguían aparcando debajo de los árboles que se encontraban en los alrededores de Marivent, la colocación de los pequeños príncipes se organizó un poco más que de costumbre. Parecía como si intuyesen que era el último verano en el que iban a ser tan anónimos y que la atención se iría concentrando poco a poco en torno a ellos. Los niños aparecían más arreglados, menos inmersos en esos juegos en los que solían aparecer en los vídeos en blanco y negro o en el NO-DO".

Refrescos para los periodistas

Una anécdota de aquel posado lo ejemplifica: el príncipe Felipe parecía estar algo incómodo con el intento de los fotógrafos por captar su cara de la forma más natural posible. Las sonrisas y la timidez de sus ojos no acababan de facilitar el trabajo de los reporteros gráficos. Fue Doña Sofía la que, con las armas maternas, lo convenció para sentarse en los sofás blancos "que él y su hermana Elena colocaban como si nada en torno a los pocos fotógrafos una vez que vencieron la inicial verguenza". Pese a cierta rigidez, hubo cosas que no cambiaron con aquel posado. Por ejemplo, la familiaridad entre los reporteros gráficos y los Borbones. "A todos ellos se les ofrecían refrescos nada más llegar y Don Juan Carlos les saludaba a cada uno por su nombre porque siempre iban los mismos y no eran muchos", recuerda Torío.

Sin embargo, había más signos de cambio que se escapaban de aquel posado oficial que siempre había tenido aires de oficioso. Don Juan de Borbón también eligió esos meses de estío para reunirse con su hijo en Mallorca. Tenían asuntos importantes que tratar: "Llegó en un yate llamado Giralda desde Portugal para hablarle de temas como el clandestino regreso a España de Santiago Carrillo. Todos estos datos, unidos a la lenta agonía de Franco, eran un signo de que el trono estaba cada vez más cerca y de que su vida familiar iba a transformarse", aseguran. Si políticamente aquel verano de un agónico tardofranquismo era complicado, la respuesta del Rey Juan Carlos y la Reina Sofía estaba clara: "Los dos trataban de preparar a sus hijos de cara a la prensa y de cara a todos aquellos que los iban a vigilar con lupa desde entonces. Eran niños muy pequeños".

Los vecinos mallorquines y familiares de Don Juan Carlos, los Würtenberg, sabían que, en algunas ocasiones, había que poner orden con aquellos niños. "Su casa estaba cerca de Marivent y siempre decían que eran niños muy meleducados cada vez que iban a su casa, que dejaban las toallas desordenadas y no se portaban excesivamente bien", asegura Pilar Eyre.

Meses después de aquel verano, el 22 de noviembre, Don Juan Carlos y Doña Sofía serían proclamados reyes y sus veranos, desde entonces, ya no serían igual. "No perdieron la tranquilidad de Marivent de forma inmediata pero lo de sus vacaciones y el posado se fue complicando gradualmente. Creo que fue clave el año que Lady Di pasó las vacaciones con ellos, ya que había tantos fotógrafos que hubo que hacer turnos: primero tuvieron que pasar los internacionales y luego los locales. Hubo un lío porque los de fuera no respetaron el turno", asegura Torío. De los veranos azules e informales a aquellos en los que las cenas, los protocolos y las reuniones políticas confluirían en ese momento para la historia en el que la hoy Reina Letizia preguntó a una periodista si creía que aquello "eran unas vacaciones". Peajes del trono que comenzaron en aquel último estío de una familia que iba a protagonizar las nuevas páginas de una España muy distinta, de una Mallorca que dejó de ver a sus inquilinos como a una familia más.

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