El Rey cumple 78: el álbum de su vida y la crónica (breve) de su carácter
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DON JUAN CARLOS I, AHORA EMÉRITO

El Rey cumple 78: el álbum de su vida y la crónica (breve) de su carácter

Siempre se ha mostrado en público como es. Y por esa transparencia de carácter, hay quien ha querido advertir en su forma de ser un cierto rasgo infantiloide

Es verdad que siempre se ha mostrado en público como es. Y que, como consecuencia de esa transparencia de su carácter, hay quien ha querido advertir en su forma de ser un cierto rasgo infantiloide. El propio dictador, Franco, lo comentó años antes de designarle como sucesor. Su primo y secretario personal, Pacón (Francisco Franco Salgado-Araújo), dejó anotado en su agenda, el 25 de mayo de 1963 –cuando Don Juan Carlos ya tenía 25 años– el siguiente comentario de Franco: “Muchos creen que es un poco infantil, pero esto le pasará una vez tenga más experiencia y conozca mejor el mundo”.
Sin embargo, en opinión de otros colaboradores del Régimen, el Príncipe Juan Carlos había madurado muchísimo, especialmente desde su boda (15 de mayo de 1962).

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Aunque, en realidad, el salto de madurez que se exige con esos ya primeros cinco lustros de vida se había iniciado en el Príncipe Juan Calos tres años antes (1960), después de conocer la verdadera personalidad de una joven princesa griega, de la que se enamoró y con la que se sintió por primera vez comprendido, arropado y verdaderamente querido.

Es bien sabido que el noviazgo del entonces príncipe Juanito y la princesa Sofía de Grecia cristalizó en junio de 1961, en Londres, durante la estancia de ambos en el hotel Claridges de esa capital con motivo de la boda del príncipe Eduardo, duque de Kent, y Catalina Worsley. Sin embargo, fue en 1960 cuando ambos jóvenes se interesaron. De hecho, fue ese mismo año cuando el Príncipe Juan Carlos rompió su relación con la periodista Olghina de Robilant, a quien conocía desde su infancia en Portugal; y con María Gabriela de Saboya, hija del rey Humberto de Italia, exiliado también en Portugal. Y probablemente con otras jóvenes, cuyos nombres aún salpican de cuando en cuando las páginas de los diarios europeos.

“Le levanté la nariz y se lo afeité”

El príncipe Juan Carlos y la princesa Sofía mantenían ya un trato de mucha confianza en septiembre de 1960, cuando los dos coincidieron en Nápoles, durante los Juegos Olímpicos en los que competía el heredero de la corona griega, Constantino, al frente del equipo de vela, que se alzó con la medalla de oro.

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El príncipe Juan Carlos, que todavía se dejaba ver en esas mismas fechas con María Gabriela de Saboya, fue a cenar con sus padres, los condes de Barcelona, al barco de los monarcas griegos (el 'Polemistis'), invitados por estos. Y al aparecer en el barco con bigote, la princesa Sofía le dijo: “No me gustas nada con ese horrible bigote”. Según relató ella misma años después a Pilar Urbano, inmediatamente le llevó al cuarto de baño, le sentó, le puso una toalla por encima de los hombros, “cogí una maquinilla, le levanté la nariz y se lo afeité; y él… se dejó”.

Fechas después, de regreso a Portugal, el príncipe Juanito confesó a un amigo que era ya novio formal de la princesa Sofía. Y como tal pasaría las Navidades de ese año 1960 junto con su familia en Mon Repos, la residencia de descanso de los monarcas griegos en la isla de Corfú. Aunque la relación formal entre los dos jóvenes no se anunciaría hasta mediados de septiembre de 1961, tras la reunión que mantuvieron las dos familias en Lausana, en la residencia de la viuda de Alfonso XIII, la reina Victoria Eugenia.

Signo de distinción y de rebeldía

Franco se equivocó. Otra más. Aquel rasgo infantiloide del príncipe Juanito ha permanecido. Ha sido –y es– un signo de distinción y de rebeldía. Muchos lo quisieron emboscar bajo el forraje de su genial campechanía. Otros, en fin, han hablado 'sotto voce' de frivolidad.

Y hoy, fecha en la que se cumple también el segundo aniversario de su firme decisión de abdicar, (anunciada el 2 de junio de 2014) contraviniendo así todos sus postulados históricos, hay que reconocer de nuevo que Don Juan Carlos ha sido –y es– la causa más inmediata de los 40 años de paz y de mayor progreso por los que ha transitado España. Con errores, evidentemente. Con defectos, por supuesto. Y aun así, que diría Cela con su irónico descaro, el balance de su reinado es espectacularmente positivo.

Aunque, claro, en esta etapa de nuestra pequeña historia rige un código extraordinariamente farisaico. Cada cual exige comprensión y máxima libertad para sí mismo, mientras demanda una actitud rayana con la perfección al de enfrente. Y con más rigor aún si el de enfrente es un personaje público. Y elevado a la enésima potencia si se trata de alguien que vive del erario público. En fin, ya se pasará la fiebre.

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placeholder Fermín J. Urbiola

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

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