Hoy cumple 45 años la Reina de España

Letizia, ¿1.185 días de "aguantoformo"?

En los casi 150 discursos que ha pronunciado, ha tratado de conectar con las tesis más extendidas entre los jóvenes, con un denominador común: igualdad, solidaridad, libertad y responsabilidad

Foto: La reina Letizia en una imagen de archivo. (EFE)
La reina Letizia en una imagen de archivo. (EFE)

La cuestión, que revolotea de manera recurrente por la Historia, se mantiene abierta. Una reina… ¿nace?, ¿se hace?, ¿nace y se hace? La reina Sofía, en algunas de sus confidencias de mediados de los años 90, se inclinaba por la tercera opción: una reina nace y se hace.

Asumir ciertas obligaciones dinásticas por el hecho de venir al mundo en una familia determinada, explicaba doña Sofía, aporta un sentido muy específico de la responsabilidad, que requiere además de un periodo de aprendizaje y de una cierta experiencia. Pero hay comportamientos que brotan del interior, que definen un estilo propio. Comportamientos que surgen sin consulta previa en manual alguno.

Doña Letizia. (Reuters)
Doña Letizia. (Reuters)

La reina Sofía, hija de rey y hermana de rey, cuenta en su árbol genealógico con dos emperadores alemanes, ocho reyes de Dinamarca, cinco reyes de Suecia, siete zares de Rusia, un rey y una reina de Noruega, una reina de Inglaterra y cinco reyes de Grecia. El recuento lo hizo el rey Juan Carlos para argumentar una afirmación que ha repetido en distintas ocasiones: doña Sofía “lleva la realeza en la sangre”.

Sin embargo, ese “pedigrí de vértigo” (también expresión literal del rey Juan Carlos) no inmuniza contra las dudas en el ejercicio de sus funciones. Y doña Sofía las tuvo, claro. Las tuvo, por ejemplo, desde el primer día que pisó España en 1962. “Yo pensaba: ¿Simpatizaremos?, ¿habrá conexión entre su gente y yo?, ¿llegaremos pronto a un acuerdo? La situación de mi marido en España era muy delicada, muy difícil, muy extraña…”

5.068 días de aprendizaje continuo

Doña Sofía no imaginaba a mediados de los años 90 que poco tiempo después iba a poner su maestría al servicio de una joven plebeya, cuya trayectoria vital había dado un giro mucho más radical que el suyo propio, cuando decidió unirse al destino de un príncipe español, hijo de un rey sin trono, con un futuro verdaderamente incierto.

Letizia Ortiz Rocasolano, periodista de RTVE que presentaba el Telediario, asturiana de nacimiento y recientemente divorciada —tras un año de unión civil—, había conquistado el corazón del Príncipe de Asturias, para sorpresa de toda la familia del Rey y… ¡de toda España! Sin duques, ni condes, ni marqueses y menos aún reyes o reinas en su árbol genealógico, doña Letizia inició oficialmente una nueva vida el 1 de noviembre de 2003, fecha de la pedida.

 Felipe y Letizia en los premios Cervantes. (Reuters)
Felipe y Letizia en los premios Cervantes. (Reuters)

Desde entonces han trascurrido 5.068 días (casi 14 años) de aprendizaje continuo. Primero como princesa y esposa del príncipe heredero. Y después, en el ejercicio de sus funciones como reina de España. Prácticamente un tercio de su vida.

Poco tiempo, si se compara con las reinas que han sido educadas como tales desde la cuna. Y mucho, en fin, para quienes han accedido al linaje dinástico bastantes años después de haber abandonado la cuna.

En este tercio de su vida, doña Letizia ha podido compartir la alegría de un efusivo recibimiento como princesa por parte de la mayoría de los españoles, la tristeza de acontecimientos trágicos (como los del 11M de 2004), la ilusión de una solemne boda dos meses después, la satisfacción de formar una familia, la responsabilidad del ejercicio de sus funciones, el vértigo de la abdicación de don Juan Carlos, la esperanza de la proclamación de su esposo como rey Felipe VI y la entrega en el desempeño de su tarea como Reina.

Ante las críticas, ¡aguantoformo!

Hoy, en su 45 cumpleaños, doña Letizia celebra sus primeros 1.185 días como Reina de España. Poco más de tres años en los que, mientras España iba dejando atrás el ardiente 'juancarlismo' de cuatro décadas, los españoles han vuelto a confiar masivamente en la “monarquía renovada” que anunció don Felipe en el discurso de su proclamación.

Paradójicamente, la recuperación de la institución monárquica es un éxito que también corresponde al rey Juan Carlos y a doña Sofía. Tres años después de la abdicación, la institución monárquica se encuentra justamente donde el Rey emérito quería, según lo que confesaba con preocupación hace 24 años, al referirse precisamente al 'juancarlismo':

“Me preocupa porque un hombre, un rey, puede hacerse querer muy rápidamente. A veces basta poca cosa: un gesto que impresiona, una palabra pronunciada en el momento justo… ¡qué sé yo! Pero una monarquía no arraiga en el corazón de un país de la noche a la mañana. Se necesita tiempo. Y el tiempo pasa tan rápido… Y yo tengo que demostrar a los españoles que la monarquía puede ser útil al país. Continuaré trabajando para que los españoles acepten que esa persona a la que llaman familiarmente ‘Juan Carlos’ encarna una institución. Y que es esa institución lo que cuenta”.

 La Reina muy sonriente en Portugal. (Reuters)
La Reina muy sonriente en Portugal. (Reuters)

En estos 1.185 días, doña Letizia también se ha topado con las críticas, en efecto. Críticas de todo tipo. Aunque, quizás, las más ruidosas son las que generalmente se suelen parapetar tras el muro del anonimato.

Incluso para esta circunstancia, doña Letizia ha recibido el antídoto de manos de la experimentada maestría de su predecesora… La reina Sofía lo mencionó a propósito de sus recuerdos de la infancia, durante el exilio de su familia en la II Guerra Mundial: “En El Cairo tuvieron que sacarme una muela. Me anestesiaron un poco con éter; pero me dolía la boca a rabiar y tenía inflamada la mejilla con un flemón. Sin embargo, tuve que ir con mi familia al hipódromo, a las carreras; y estarme allí quietecita y sin lloriqueos. Entonces aprendí lo que luego les enseñé a mis hijos: ¡aguantoformo!

Entre las más elegantes

Al igual que en otras épocas, recientes o no, y en otros países, también en España ha sido objeto de comentario permanente, y en directo, el look de la reina Letizia en sus apariciones públicas.

Tantas opiniones como colores, claro. Por el recogido del pelo, por una sorprendente coleta (bubble ponytail), por sus vestidos, por sus complementos, por sus tacones… Que si Felipe Varela, que si Hugo Boss, Carolina Herrera, Nina Ricci, Pertegaz, el joven Juan Vidal o los diseños de Inditex, Mango…

 Doña Letizia y la reina Isabel II. (Reuters)
Doña Letizia y la reina Isabel II. (Reuters)

La Reina inició su andadura por las pasarelas del papel cuché en solitario, atendiendo a las recomendaciones de los propios diseñadores; en especial, las de Felipe Varela, como es bien conocido. Pero desde 2015 va de la mano de la leonesa Eva Fernández, que se incorporó al personal de la Zarzuela para colaborar con la Reina en estas lides.

Expertos hay en esta materia con opiniones muy fundadas. Aunque quizás sea suficiente con recordar, en todo caso, los recientes éxitos de doña Letizia durante la visita oficial de los Reyes a Londres en julio pasado, los elogios que recibe de las principales publicaciones internacionales o su presencia desde 2009 en la Best Dressed List de 'Vanity Fair' USA.

Sin embargo, al hilo de las cuestiones de carácter estético, más preocupantes son el gesto adusto y/o el perfil 'acartonado' que ofrece la reina Letizia en alguna de sus comparecencias públicas.

Preocupante, sobre todo, si ese gesto es consecuencia del 'peso' de la responsabilidad. Algunos expertos concluyen que es la reacción natural de quien pronuncia una frase espontáneamente y al día siguiente aparece entrecomillada junto a titulares críticos. Porque el carácter apasionado de doña Letizia responde a otras claves, con notas muy alejadas de la aspereza.

Una agenda con altibajos

La Reina, que es consciente de que “debe seguir con los pies en la tierra y seguir aprendiendo con humildad” (como dijo don Felipe en marzo pasado), avanza en las tareas de ir consolidando poco a poco una agenda propia e ir construyendo un mensaje coherente con el compromiso de “una monarquía renovada para un tiempo nuevo”. Lema que ha presidido estos 1.185 primeros días de reinado de don Felipe.

La agenda ha tenido altibajos, ciertamente. La versión oficial los justifica por la dedicación de doña Letizia a la familia, muy especialmente a sus hijas, a las que dedica todo el tiempo posible para que se eduquen en un ambiente de discreción y de 'normalidad' (si cabe la expresión). Pero también se ha comentado que la actividad pública de la Reina se ciñe al papel que le otorga la Constitución.

Otra cosa es que, en este tiempo nuevo, la Zarzuela tenga pendiente aún renovar también objetivos y propósitos, a la hora de activar las agendas de la familia del Rey: reina consorte, princesa e infanta.

En todo caso, sí merece la pena recordar que doña Letizia ha participado en unos 1.500 actos oficiales (más de 400 desde que es reina), ha concedido un centenar largo de audiencias (84 como reina), ha ofrecido 145 discursos (57) y ha realizado 65 viajes oficiales (20).

No es una agenda intensa, si se tiene en cuenta que ha participado en una media de 2,3 actos semanales desde junio de 2014. Es una ratio muy alejada, por ejemplo, de la media que mantuvo el duque de Edimburgo hasta hace escasas semanas: algo más de dos actos diarios.

Construyendo un mensaje

Si la agenda de la Reina está aún por consolidar —como parece—, la construcción de su mensaje público tiene visos de avanzar a mayor velocidad. Como era de esperar, en sus comparecencias públicas se ha referido a asuntos relacionados con la salud, con el progreso social, con la educación y la investigación, con la cultura, con la moda… Siempre ha tratado de conectar con las tesis más extendidas entre la población joven (18-55 años), con un denominador común en el que se conjugan cuatro principios: igualdad, solidaridad, libertad y responsabilidad. Con un lenguaje claro, directo. Y un buen manejo de la oratoria.

Doña Letizia, que habla de la pareja y no del matrimonio, ha defendido la promoción social y profesional de la mujer, la igualdad de facto entre la mujer y el hombre en la familia y en el ejercicio de su tarea profesional.

Ha denunciado las dificultades de la mujer a la hora de acceder a puestos de alta dirección de las empresas, al igual que, por otro lado, la menor dedicación del varón en las cuestiones de la familia y del hogar.

Además de abogar por la vida saludable, mediante el ejercicio del deporte y una alimentación sana, sin tabaco, ha criticado el derroche de los alimentos en una parte del planeta, mientras 800 millones de personas pasan hambre en otras latitudes.

Y ha extendido esa misma crítica a la expansión de la malnutrición (principal causa de enfermedades en el mundo), refiriéndose tanto a las situaciones de una limitada alimentación con ausencia de nutrientes, como a la que genera sobrepeso y obesidad.

Ha defendido el impulso a la investigación científica como motor del progreso social y económico de un país, así como la inversión continuada en este campo por parte del sector público y del privado.

También ha dedicado duras palabras a la marginación y a la desatención o al rechazo de cualquier niño en el ámbito escolar, defendiendo al mismo tiempo el acceso de todos al conocimiento. Un término que, más allá de la acumulación de información y de datos, encierra la capacidad de hacer mejores a las personas: “Todos debemos estar más comprometidos para lograr ser mejores personas, más conscientes, más responsables, más despiertas”. Y en este mismo sentido, para mejorar y aprender a pensar, “leer sí que es imprescindible”.

 La Reina dando un discurso. (Gtres)
La Reina dando un discurso. (Gtres)

Fermín J. Urbiola
Fermín J. Urbiola

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

www.ferminjurbiola.com o en Facebook o en Twitter

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