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cumple hoy 80 años

Juan Carlos I, más Rey a los 81 que a los 80

“Majestad, España sobre todo”. Este fue el legado que recibió en 1977 de su padre. Y este es el mensaje que se habrá repetido a sí mismo desde que acarició la abdicación

Foto:  Juan Carlos I. (Reuters)
Juan Carlos I. (Reuters)

El año 2019 comienza con la viva representación de tres generaciones “reales” en activo. Una, la que representa el pasado, la de los reyes Juan Carlos y Sofía. Otra, la del presente: los reyes Felipe y Letizia. Y la tercera, la que representa el futuro, la princesa heredera Leonor y su hermana la infanta Sofía. Tres generaciones, una misma: la familia real española.

El rey Juan Carlos I no solo permanecerá en la historia de España por haber liderado la Transición para convertirse en el Rey de todos los españoles, sino por haber abdicado en el momento oportuno. Y por ello, ahora ha podido protagonizar escenas que no se recordaban en España desde hace muchas décadas. Entre otras, por ejemplo, su presidencia junto a su hijo el rey Felipe en el Congreso de los Diputados, con motivo del 40º aniversario de la Constitución Española. Esa imagen no se recordaba desde el 17 de mayo de 1902, fecha en la que cumplió 18 años y juró la Constitución Alfonso XIII, acompañado de su madre la reina María Cristina.

Desde la cima de los 81 años que cumple este sábado don Juan Carlos de Borbón y Borbón, la experiencia vivida en primera persona sí le otorga una cierta ventaja competitiva más, como discípulo y como maestro. Quien tuvo la oportunidad de “mandar” tanto durante tantos años, también sabe obedecer después mucho, disciplinadamente y bien, hasta el final.

“Majestad, España sobre todo”. Ese fue el legado que dejó Alfonso XIII a su hijo y sucesor, el conde de Barcelona. Y ese fue el legado que dejó don Juan a su hijo y sucesor don Juan Carlos, aquel 14 de mayo de 1977, sábado, en la intimidad de La Zarzuela, cerrando así definitivamente un paréntesis de más de dos décadas de desencuentros y desconfianzas.

El valor de la experiencia vivida

Don Juan Carlos sabe muy bien lo que es crecer en soledad. Conoce bien qué significa ir de acá para allá, como una pieza más de la partida de ajedrez que se disputaba su padre con Franco. Y conoce bien qué supone perder la confianza de un padre, que se veía cada vez más lejos de cumplir con el mandato recibido de convertirse en rey de todos los españoles.

Hasta el 14 de mayo de 1977 no son pocos los momentos en los que don Juan y su entorno expresaron públicamente su tajante disconformidad con los pasos que daba su hijo Juanito, de la mano de Franco, claro, para instaurar algún día de nuevo la monarquía en España.

Con esa experiencia vital, por contraste, no cabe duda de que don Juan Carlos ha sabido también disfrutar durante años de su matrimonio, de la familia, de la lealtad de su padre (desde 1977 hasta su muerte en 1993) y del ejercicio de su responsabilidad como monarca y jefe del Estado, con un balance extraordinariamente positivo para los españoles.

Juan Carlos con su madre y su hermano pequeño.
Juan Carlos con su madre y su hermano pequeño.

España por encima de todo

“Majestad, España sobre todo”. Este es el mensaje que muy probablemente se haya dicho a sí mismo, con aburrida reiteración, desde que acarició la abdicación, a primeros de 2014; y sobre todo, quizás, desde el 19 de junio de 2014, tras la solemne firma de su renuncia en favor de su hijo, el actual rey Felipe de Borbón y Grecia. Un pensamiento que habrá presidido su conducta, sin duda, durante estos tres años y medio de tránsito por las clases pasivas. Aunque, en ocasiones, haya dado cierto cuartelillo a comentarios que ponen el acento en la falta de protagonismo que tienen las personas abocadas, como él, a navegar ya por las aguas del “pensionado”.

Sin embargo, pese a las tentaciones del agravio, don Juan Carlos tiene ahora muchas razones para sentir la felicidad del deber cumplido. Ha dejado un gran país. Moderno. Con problemas, sí, aunque envidiable. Ha vuelto a disfrutar de su familia… en otras condiciones, cierto, pero mejores de lo que cuentan algunas crónicas.

El Rey navegando en Sanxenxo. (Efe)
El Rey navegando en Sanxenxo. (Efe)

La institución monárquica, a la que se debe desde hace 80 años, ha recuperado la “fuerza del amor del pueblo”, como reza el lema de la dinastía griega que tan bien conoce don Juan Carlos. Y además, cabría añadir, también ha podido dedicar parte de su tiempo al mar, su gran pasión desde la infancia… De hecho, él siempre ha confesado que si no hubiera sido rey, “seguro que hubiera sido marino”.

La gran aportación de don Juan Carlos a la España de este nuevo milenio ha sido, precisamente, su abdicación.

El día de la abdicación. (AP)
El día de la abdicación. (AP)
Del suspenso al notable alto

La institución monárquica, históricamente a la cabeza de la valoración de los españoles, perdía simpatías progresivamente desde mediados de los años 90. El desapego generalizado de las nuevas generaciones hacia las instituciones y más tarde la crisis económica, también hicieron mella en la valoración de la monarquía. Y a todo ello se unió después el denominado caso Nóos. Y algunos viajes del monarca, más sus correspondientes gastos, nada oportunos.

La nota de los españoles a la monarquía pasó en menos de diez años del generoso notable al rotundo suspenso. En junio de 2014, don Felipe recibió una Corona que los españoles valoraban con una nota claramente inferior al 4 sobre diez puntos.

Veinte años “haciéndome el tonto”

El buen trabajo realizado por el rey Felipe y, en general, la discreción del resto de los miembros de la familia (incluido don Juan Carlos) han alimentado una rápida recuperación del prestigio de la Corona, que a principios de 2017 ya superaba los seis puntos de valoración y que, tras el discurso del 3 de octubre de 2017 (Cataluña), se disparó a los siete puntos, nota que se equipara a los buenos momentos anteriores al declive. En 2018, Don Felipe ha alcanzado un 75,3 por ciento de aprobación, solo superado por Doña Sofía, la mejor valoración de la Monarquía desde su restauración

Si don Juan Carlos supo callar y esperar en los años 60, e incluso “pasarme veinte años haciéndome el tonto” entre quienes sostenían el régimen de Franco (como dijo en 1991 a L’Express), es evidente que ahora también sabrá actuar con una responsabilidad similar o mayor. Con la sabiduría que otorga la experiencia. Y con la seguridad de que la historia le situará entre los grandes o incluso a la cabeza de todos ellos.

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