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Don Juan Carlos y el encontronazo entre reinas: si lo sé, no vengo

Lo que no imaginaba cuando aparcó sus días de asueto en Riad era que presenciaría el desencuentro entre su mujer y su nuera por unas fotos con las nietas

Foto: Letizia y Sofía en una ilustación de Jate para Vanitatis.
Letizia y Sofía en una ilustación de Jate para Vanitatis.

Un año antes de su abdicación, don Juan Carlos ya rompió la tradición y dejó de asistir a la misa de Resurrección en la catedral de Palma. Una liturgia que fueron abandonando por motivos varios el resto de miembros de la primera familia. El matrimonio Urdangarin Borbón, por motivos obvios, lo hizo en el 2011. El año anterior se abrió, como pieza separada del caso Palma Arena, el caso Nóos. Nadie imaginaba en aquel momento que una infanta de España acabaría imputada (después absuelta) y su marido con pena de cárcel.

A la infanta Elena le tocó de rebote pagar los platos rotos y con el tiempo también desapareció de la escena. Quedaban para ese posado los príncipes de Asturias, sus hijas, Leonor y Sofía, y los reyes don Juan Carlos y doña Sofía, que eran los titulares de la Corona. Aparentemente no se percibía mal rollo. La primera familia mantenía la tradición y todo parecía correcto.

Después llego la abdicación y don Juan Carlos desapareció de la estructura familiar y buscó nuevas rutas alternativas a esas Semana Santas grupales en Marivent. En realidad, en aquellos años de convivencia para salvaguardar las apariencias, el monarca coincidía muy poco con hijos, nietos y consorte en el palacio de verano. Los horarios eran diferentes con respecto a su mujer y su cuñada, la princesa Irene. Los Príncipes de Asturias, al tener su propio espacio dentro del recinto de Marivent, iban por libre. Por lo tanto tampoco había convivencia que generara malos rollos. Y por supuesto no había consecuencias visuales y públicas como ha sucedido ahora con el encontronazo entre doña Letizia y la suegra emérita.

Una vez que apareció el primer vídeo lo siguiente era analizar el comportamiento no verbal de don Juan Carlos, que después de cuatro años se reunía con el organigrama familiar en la catedral. Se trataba de normalizar su relación con doña Sofía y por supuesto con el hijo y la nuera. Y también continuar con la operación orquestada desde Zarzuela para dar visibilidad y contenido publico al que fuera jefe del Estado. Durante los dos últimos años ha preferido disfrutar de la vida al tener poca agenda oficial.

Recién llegado de Riad (Arabia Saudí), donde se encontraba de vacaciones privadas y por lo tanto sin información oficial de cuáles eran las razones de su estancia en el país árabe, acudió como estaba previsto a la liturgia de Pascua. Lo que no imaginaba cuando aparcó sus días de asueto en Riad era que presenciaría el desencuentro entre las dos Reinas por unas fotos con las nietas. Seguramente no era una situación nueva para él.

La diferencia la marcaba su cara de desconcierto dirigida al grupo familiar en plan “¿qué está pasando aquí?”. Y más cuando doña Sofía buscó su apoyo tras el desplante de la Reina consorte titular. Seguramente, y recreando el desconcertante momento del que era testigo directo, el pensamiento de don Juan Carlos no estaría muy alejado del “si lo sé, no vengo”.

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