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ayer ingresó en prisión urdangarin

El rey Felipe VI, cuatro años sometido al 'test de estrés'

Han sido 48 meses, 1.462 días. Cuatro años en los que ha permanecido inalterable el telón de fondo anterior, aunque con tonos algo más grises y algunos claros

Foto: Proclamación de Felipe VI como Rey en el Congreso de los Diputados. (EFE)
Proclamación de Felipe VI como Rey en el Congreso de los Diputados. (EFE)

Durante los años más duros de la crisis financiera, más de un ‘bancario’ se quejó amargamente, incluso en público, por el extraordinario rigor de los famosos ‘test de estrés’, que simulaban la capacidad de la entidad ante situaciones extremas con el fin de evaluar su solvencia. "Nos ponen en situaciones extremas inimaginables", decían algunos.

No eran tan inimaginables, como se supo después. La realidad superó en algunos casos a la ficción. Y lo cierto es que aquellos test ordenaron la cascada de fusiones por absorción a la que hemos asistido durante los últimos años, que en algunos casos fueron simples ventas de unas entidades a otras.

Lo que sí era inimaginable en junio de 2014, durante el solemne relevo en la Jefatura del Estado, es que la Corona española fuese a entrar en ‘modo test de estrés’ permanente, durante cuatro años ininterrumpidos (de momento), con inputs no simulados. Ni el mismo Felipe VI se lo esperaba.

Los reyes Felipe VI y Letizia saludan al ahora expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la recepción a los representantes institucionales en el Palacio Real. (EFE)
Los reyes Felipe VI y Letizia saludan al ahora expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la recepción a los representantes institucionales en el Palacio Real. (EFE)

Han sido 1.462 días en los que la microhistoria de España ha puesto a prueba, con una cierta contundencia, la capacidad y la solvencia de la institución monárquica, la de la familia real y, por ende, la del conjunto de las instituciones del Estado.

Aquel jueves 19 de junio de 2014, con los ecos de Botsuana demasiado próximos y el caso Nóos en plena ebullición, España ponía en marcha por primera vez el mecanismo constitucional de sucesión en su Jefatura. Y en la opinión pública, en la que reinaba una prolongada desafección institucional, se abrían sendas hacia la esperanza, animadas también por los primeros indicadores que alumbraron la salida de la larga crisis económica.

Decisiones ejemplarizantes

El rey Felipe madrugó a la hora de tomar decisiones. Una de las primeras, como recordará el lector, fue de carácter económico y financiero, con un nuevo criterio de gasto en el presupuesto y su sometimiento a las normas de transparencia. Y entre otras, la segunda gran decisión fue la retirada del título de duquesa de Palma a su hermana Cristina; y en consecuencia, a su consorte, lógicamente. Cristina de Borbón y Grecia desapareció definitivamente de la agenda oficial.

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Pero más allá de las cuestiones que él podía ordenar, cambiar y gestionar, lo más sobresaliente de estas 209 semanas en el trono son los asuntos que le han puesto sobre la mesa ‘otros’…

Acontecimientos inéditos

Por ejemplo, el hecho de que propusiera como candidato a la presidencia del Gobierno al líder del partido más votado y este (Mariano Rajoy) renunciara al instante. O el hecho de que semanas después propusiera como candidato a la presidencia del Gobierno al dirigente político que supuestamente reunía más apoyos en el Parlamento y este (Pedro Sánchez) fracasara, por primera vez desde 1978, al no lograr la mayoría suficiente para ser investido.

Fueron diez meses de interinidad, en los que se celebraron dos elecciones generales y cinco rondas oficiales de consultas.

Ítem más. El envite secesionista de la Generalitat de Cataluña. Contra todo pronóstico, el rey Felipe rompió expresamente el tradicional comportamiento de la Corona y en lugar de limitarse a defender el marco constitucional, sin más, reprimió públicamente a los líderes independentistas, a quienes recordó que su actuación no solamente era desleal con el Estado, sino que se situaba en el tenebroso ámbito del posible delito.

Y como colofón, dos hechos relevantes: 1) El repentino cambio de color político en el Gobierno como consecuencia de la primera moción de censura que prospera en la España constitucional. El rey Felipe firmó el real decreto del nombramiento de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno con fecha del 1 de junio pasado. 2) El ingreso en prisión de Iñaki Urdangarin, que viene a refrendar, a la postre, que nunca hubiera ocurrido algo así con las medidas de rigor y transparencia que adoptó el rey Felipe inmediatamente después de acceder al trono.

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Un borrón para la historia

Este último acontecimiento, que coincide prácticamente con su cuarto aniversario como Rey de España, se revela como un borrón histórico en las efemérides de un mes tan significativo y tan especial para don Felipe.

Han sido 48 meses, con ‘test de estrés’ casi diarios, en los que ha permanecido inalterable el telón de fondo anterior, aunque con tonos algo más grises y algunos claros. El gris corresponde al pesimismo que induce el mal comportamiento de un significativo número de responsables políticos en toda España. Y los claros, si cabe, a la evidencia de que las instituciones del Estado funcionan y han sabido defender el marco legal con una normalidad muy esperanzadora.

Esta ha sido, sin duda, la actitud del Rey. La institución monárquica ha funcionado en estos cuatro años con normalidad. Ha sabido modificar su agenda cuando ha sido preciso, como lo demostró con los dos aplazamientos de su viaje al Reino Unido. Y ha sabido mantener la agenda en momentos de cierta inquietud, más en los aledaños de La Zarzuela que en su interior.

De Navarra a la Casa Blanca

El martes de la semana pasada, día 12, por ejemplo, mientras los medios daban cuenta de la ratificación de la condena a Urdangarín por parte de Tribunal Supremo, el Rey asistía al Capítulo de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, en San Lorenzo de El Escorial.

Al día siguiente, hacía acto de presencia en Navarra en el marco del V Congreso Internacional Arquitectura y Sociedad, mantenía un encuentro con el Colegio de Abogados y visitaba las instalaciones de una gran empresa, el Grupo MTorres, líder en automatización de procesos industriales, con siete centros de trabajo en todo el mundo, 805 empleados y unas ventas anuales de 170 millones de euros.

El rey Felipe VI pronuncia un discurso durante una cena oficial del pasado domingo 17 de julio de 2018, en San Antonio, Texas (EEUU). (EFE)
El rey Felipe VI pronuncia un discurso durante una cena oficial del pasado domingo 17 de julio de 2018, en San Antonio, Texas (EEUU). (EFE)

Y el viernes, día 14, viajó a Estados Unidos para participar en los actos organizados en San Antonio y Nueva Orleans con motivo de su tercer centenario; y para mantener un encuentro en la Casa Blanca con el presidente Trump, precisamente hoy, día 19, cuarto aniversario del inicio de su reinado.

Fermín J. Urbiola

Periodista y escritor

www.ferminjurbiola.com

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