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BODAS DE ORO HARALD Y SONIA DE NORUEGA

50 años de 'amor real': con amenaza de suicidio y 'affaire' con la reina Sofía

Su historia de amor es una de las más románticas y estables de la segunda mitad del siglo XX, pese a que el camino hasta el altar no fue precisamente un sendero de rosas

Foto:  Los reyes, el día de su boda. (Cordon)
Los reyes, el día de su boda. (Cordon)

Este 29 de agosto se cumplen 50 años del enlace matrimonial de los reyes de Noruega, Harald y Sonia. Celebrarán sus bodas de oro con un oficio en la catedral de Oslo, ante el mismo altar en el que se juraron amor eterno, a las duras y a las maduras. Su llegada hasta allí, en descapotable Lincoln estrenado para la ocasión, no había sido precisamente un camino de rosas.

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Su historia de amor es una de las más románticas y sólidas de la segunda mitad del siglo XX. Se conocieron cuando ambos eran dos adolescentes de 15 años en un campamento de verano. Él era el príncipe heredero, ella la hija de un comerciante. De manera natural, como todo a esa edad, surgió el flechazo. Durante una década Harald V y Sonia mantuvieron su romance en secreto.

Sonia y Harald durante su compromiso.
Sonia y Harald durante su compromiso.

En esos diez años, la joven menuda y risueña estudió Diseño de Moda y trabajó como costurera, amplió sus estudios sobre el mundo de la confección del trapo en Suiza y, de vuelta a Oslo, se matriculó en numerosos cursos sobre Historia del Arte. Él, que no era un bombón como su hijo Haakon pero tenía un mordisco, ingresó en la Escuela de Caballería y en la Academia Militar, donde consiguió el rango de general del Ejército de Tierra y Aire y el de almirante de la Marina.

Durante una década, Harald V y Sonia mantuvieron su romance en secreto

Cuando Harald cumplió la mayoría de edad le confesó a su padre, el rey Olav V, que mantenía un romance con una burguesita. Harald estaba dispuesto a comprometerse con ella y su padre a impedírselo. Con el fin de que olvidase a la costurera, el rey de los noruegos mandó a su hijo a Oxford a estudiar y pendonear. Incluso provocó el encuentro de su sucesor con varias princesas europeas. Muchachas nobles que a ojos del rey merecían el amor del heredero. Desiréé de Suecia no despertó ningún interés en el príncipe Harald, pero a la princesa Sofía de Grecia le hizo ojitos. La ahora Reina emérita de España negó cualquier tipo de flirteo o noviazgo con el noruego en su primera biografía autorizada escrita por la periodista Pilar Urbano. La mujer de Juan Carlos es de la corriente que defiende que “las reinas no tienen pasado”. Amor no hubo pero voluntad de que lo hubiese habido, por ambas casas, sí. Especialmente empeñada estuvo la reina Federica de Grecia, una Hannover con vocación de casamentera.

El intento de suicidio de Sonia

En 1968, ante los insistentes rumores de compromiso entre el noruego y la helena, una Sonia enamorada hasta las trancas amenazó con suicidarse. Al príncipe Harald se le hincharon las narices reales y dio un golpe en la mesa y le espetó a su padre: “O me caso con Sonia Haraldsen o renuncio a mis derechos dinásticos”. Aceptó, el órdago, el rey Olav a regañadientes y también el Parlamento noruego. Habemus matrimonio morganático.

Harald y Sonia el día de su boda.
Harald y Sonia el día de su boda.

Se casaron el 29 de agosto de 1968 en la sencilla catedral de Nuestro Salvador del siglo XVII. Él vestía uniforme azul marino -más elegante que el verde militar y menos sucio que el blanco marinero- y ella, como se esperaba, una especie de hábito, diseño propio, de corte A en seda blanca con aplicaciones de pedrería en el cuello chimenea y en los puños acampanados. No era noble pero era virgen.

Asistieron miembros de las casas reales más importantes, en ejercicio y en el banquillo; las mismas familias principales que en abril de 1956 rechazaron ser testigos de la boda del príncipe Rainiero de Mónaco y la actriz Grace Kelly por tratarse de un matrimonio desigual, entre un miembro de la realeza y una plebeya. Lo que les quedaba por ver.

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En el banquete, después de haber sido servido el popular salmón noruego, el enamorado pronunció las siguientes palabras: "Sabes mejor que nadie lo que siento, tanto ahora como en el pasado. Y mejor que nadie entiendes lo que este momento significa realmente”. A veces los príncipes de carne y hueso emulan a los de los cuentos.

Harald y Sonia en la última fila.
Harald y Sonia en la última fila.

Las habían pasado canutas por el camino. Por ese motivo, cuando su hijo y heredero Harald les presentó la idea de casarse con Mette-Marit –una joven de pasado entretenido con un hijo rubísimo bajo el brazo– decidieron apoyarlo. Tampoco pusieron impedimento cuando su hija, Marta Luisa, se empeñó en casarse con el incorrecto y polifacético Ari Behn.

Para lamento del mundo del chisme, y la Historia, los reyes de Noruega nunca se han visto envueltos en líos de faldas o pantalones a lo largo de estos 50 años. Suerte que existen las casas reales mediterráneas. De voluntad floja y sangre más caliente.

Los reyes de Noruega saludan a los ciudadanos desde el balcón del Palacio Real en Oslo. (EFE)
Los reyes de Noruega saludan a los ciudadanos desde el balcón del Palacio Real en Oslo. (EFE)

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