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EL CONTENIDO, EN PRIMICIA EN VANITATIS

Las memorias 'prohibidas' de Manuel Prado, consejero del Rey, por fin ven la luz

Llevaban casi diez años en un cajón, pero la editorial Almuzara, del exministro Manuel Pimentel, publica ahora el libro de la mano derecha del rey Juan Carlos durante 20 años

Foto: Manuel Prado junto al emérito en una imagen de archivo. (Getty)
Manuel Prado junto al emérito en una imagen de archivo. (Getty)

Hace alrededor de diez años, Manuel Prado y Colón de Carvajal daba por finalizadas sus memorias y las entregaba a la editorial Almuzara para su posterior publicación. La condición fue que no salieran a la luz hasta después de su muerte, que se produjo el 5 de diciembre de 2009. Llegado ese momento, fue Celia García Corona, su viuda, la que pidió al exministro Manuel Pimentel, dueño de Almuzara, que esperara un poco más. Y así fue como se gestó ‘Una lealtad real’, que por fin llega a las librerías.

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En este libro, el que fuera amigo, confidente y encargado de misiones complicadas y secretas al servicio de la Corona española narra desde su punto de vista situaciones personales relacionadas con el mundo de la política, la empresa y la sociedad con la sombra alargada del rey Juan Carlos (también en parte de la reina Sofía) como telón de fondo.

Cazando perdices en Garnicas con el emérito. (Foto cedida por Almuzara)
Cazando perdices en Garnicas con el emérito. (Foto cedida por Almuzara)

De hecho, en la larguísima dedicatoria con la que comienza el libro, el Rey emérito comparte agradecimientos con personajes importantes en la vida del que se definió en la prensa como el valido del monarca y su administrador y banquero real. Desde el infante don Carlos a la familia Domecq, pasando por los García de la Borbolla, Miguel Báez ‘Litri’ y Emilio Calderón. A este último, compañero de cárcel, le dedica la siguiente frase: "Faro y ayuda en la fábrica de sufrimiento de la cárcel, confesor comprensivo que me dio fuerza contra el viento de cara de la adversidad”.

"¿A la Reina? Estás loco”

Y, por supuesto, Manuel Prado también referencia a su segunda mujer, la sevillana Celia García Corona, con la que se casó después de divorciarse de Paloma Eulate, con la que tuvo tres hijos: Manolo, Teresa y Borja. "Ninguno de ellos ha querido conocer ni tratar ni rozar casi el nombre de mi mujer Celia. (...) Solo acabaron conociéndose en circunstancias forzadas y en las 'fiestas' que yo solía organizar en clínicas y hospitales. He intentado que mis dos hijos pequeños, que he tenido con Celia, Álvaro y Blanca, conocieran a sus hermanos mayores, pero estos siempre lo postergaron".

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En uno de los últimos capítulos, narra cómo tuvo que explicar a la reina Sofía su separación sin hacer caso a don Juan Carlos, que se lo desaconsejó. No fue un momento grato porque la Reina no era ni es partidaria de los divorcios. "Me fui a ver al Rey y le comuniqué que me iba a separar para casarme con la joven Celia. (...) Lo primero que le dije es que pensaba acudir a la Reina para comunicárselo. "¿A la Reina? Estas loco. Ya sabes cómo es ella de íntegra para esas cosas, me dijo".

Junto a la Reina en un campeonato de hípica. (Foto cedida por Almuzara)
Junto a la Reina en un campeonato de hípica. (Foto cedida por Almuzara)

Su ruptura matrimonial fue tema recurrente en los cenáculos de alto nivel, como él mismo explica: “Me llevaron a 'exiliarme' en Barcelona. Huyendo del hervidero de los rumores sociales me convertí en emigrante en busca, más que de trabajo, de un refugio para emprender nueva vida".

Una amistad real (incluso en la cárcel)

Manuel Prado, Manolo para los amigos, conoció al Rey emérito a través del infante don Carlos. A pesar de la diferencia de edad, acabó siendo imprescindible para el monarca tanto en su vida privada como en la referida a las labores como jefe del Estado. Prado narra uno de los peores capítulos de su vida. Cuenta cómo el Rey, a través de su familia, preguntaba por él mientras duró su ingreso en prisión.

[Manuel Prado y Colón de Carvajal, una vida de lealtad a don Juan Carlos]

"En aquel tiempo infausto en la cárcel, nunca me sentí olvidado por don Juan Carlos. He de decir que solía llamar a mi familia (...) Solía enviarle cartas de forma regular, en papelajos de lo más cutre. (...) El mismo día que ingresé en la cárcel, llamó a mi hijo Álvaro. Le dijo que no consintiera que nadie mancillara el nombre de su padre. En cuanto salí lo llamé. Lógicamente él no podía desde Zarzuela: ‘Recluso Colón, tiene usted una llamada del Rey". Y cuenta cómo al entrar en la cárcel los reclusos le gritaban: "Colón, danos unos milloncitos”. "Al salir me cantaban sevillanas: ‘No te vayas todavía, no te vayas por favor".

Asistiendo a la boda de la infanta Elena. (Foto cedida por Almuzara)
Asistiendo a la boda de la infanta Elena. (Foto cedida por Almuzara)

Que nadie espere encontrar en este libro cuentas pendientes con el Rey. Tampoco sus amoríos o sus negocios alternativos. En cambio, se trasluce cierto desapego a doña Sofía por parte de Colón de Carvajal.

El capítulo que la dedica lleva por título ‘El mundo de Sofía’, como el best seller filosófico del noruego Jostein Gaarder. "Si he de hacer una primera recesión sobre la entonces Princesa de España, diré que la vi como una persona que marcaba las distancias. Llevaba el gen de la monarquía en sus muy azules venas. (...) Irradiaba una educación impecable, pero algo tirante, como si no pudiera desprenderse de la esclavitud de las formas protocolarias".

Doña Sofía ‘la tardona’

Explica cómo doña Sofía tuvo interés en conocer a Octavio Paz. "Se mostró particularmente interesada en él y pidió al Rey que lo invitara a Zarzuela a una cena privada. Durante la cena no dejó en paz al pobre Octavio Paz, dicho sea de broma". Por lo que se desprende de la narración, Prado tuvo poca sintonía con ella. "Con la Reina tenía yo mis más que notables diferencias. Me refiero a cuestiones de ocio, de aficiones personales. A mí me encanta la caza. Tampoco conseguimos que se aficionara a los toros".

Y no deja muy claro al final del capítulo si doña Sofía se entrometía demasiado en las relaciones de pareja de sus hijos. Lo que sí revela es uno de los defectos que alteran a don Juan Carlos. "Hay un rasgo que la retrata. Uno de ellos choca con la imagen que ofrece, esa de la tan alabada profesionalidad. Doña Sofía, como casi todas las mujeres, suele ser algo impuntual. Siempre que sale de viaje fuera de España lleva dos relojes. Más de una vez he visto al Rey nervioso y gritándole: ¡¡¡Sofiiii, que llegamos tarde!!!". También explica que la Reina emérita es vegetariana no por una promesa, "simplemente no le gusta la carne y punto".

Adolfo Suárez junto a Manuel y Manolo Prado hijo. (Foto cedida por Almuzara)
Adolfo Suárez junto a Manuel y Manolo Prado hijo. (Foto cedida por Almuzara)

Manuel Prado y Colón de Carvajal también dedica parte de sus memorias a personajes que rodearon al Rey y que detestaba, como los que llegaron a ser "las amistades peligrosas", encarnadas por Javier de la Rosa, Mario Conde y algunos de los altos cargos que trabajaron en Zarzuela como Fernando Almansa, jefe de la Casa Real.

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