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SE PUBLICAN SUS MEMORIAS

Cinco hijos, dos mujeres y una pasión sevillana: pinceladas de Manuel Prado

El intendente del Rey se casó en primeras nupcias con Paloma Eulate, madre de sus tres hijos mayores. La iglesia anuló ese matrimonio y volvió a casarse con una aristócrata 30 años menor

Foto: Manuel Prado con su esposa, Celia García-Corona. (Foto cedida por la editorial Almuzara)
Manuel Prado con su esposa, Celia García-Corona. (Foto cedida por la editorial Almuzara)
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Manuel Prado y Colón de Carvajal se definía a sí mismo como un "iberoamericano esencial". Nació en Quito porque su padre, el diplomático Julio Prado, era embajador de Chile en la capital de Ecuador. Su madre, Pilar Colón de Carvajal, era descendiente en línea directa del almirante Cristóbal Colón. Siendo niño, a su padre lo destinaron a Madrid y la familia rápidamente se introdujo en los mejores ambientes. Manolo estudió en el emblemático Colegio del Pilar y cursó Derecho y Economía entre Madrid, la London School of Economics y la Sorbona de París. Tenía, sin duda, las mejores credenciales.

Un hombre bien parecido, culto, con un don de gentes innato y la mejor red de contactos tenía todas las papeletas para hacer carrera. Ni siquiera un temprano accidente de tráfico, que obligó a que le amputaran el brazo izquierdo con apenas 18 años, truncó su confianza en sí mismo. Prado conoció al entonces príncipe Juan Carlos en los años 70 a través de su primo, Jaime Carvajal, del infante Don Carlos y de Simeón de Bulgaria. Desde muy pronto trabaron una amistad profunda. Lo que no revela Prado en sus memorias ha sido más o menos entreverado en las de los propios Reyes. El emérito le definió como "un amigo muy íntimo [...], el único en que podía depositar mi confianza" en la biografía que le escribió José Luis de Vilallonga. Doña Sofía le incluye entre las personas de la casa (con minúscula) cuando le relata a Pilar Urbano los sucesos del 23-F: "Nos juntamos la familia, las personas de la casa, Mondéjar, Valenzuela, Sabino, Manolo Prado y algún otro amigo de mi marido".

"Conviví con Manuel Prado y contemplé sus relaciones con el Rey. Es un hecho que, como decía Lourdes Arroyo, toda relación intensa con la Corona puede traducirse en problemas en un país rebosante de envidias [...] Me consta la confianza del Rey en Manuel Prado. Y también me consta su lealtad al monarca", escribió Mario Conde, otro de los íntimos del emérito en épocas pretéritas.

Celia García-Corona, viuda de Manuel Prado, en su funeral. (EFE)
Celia García-Corona, viuda de Manuel Prado, en su funeral. (EFE)

"Mi tarea es muy sencilla, y es que si Alfonso XIII tuvo al conde de Ruiseñada como intendente general, y don Juan de Borbón tuvo al conde de los Gaitanes, pues yo sería el intendente general de don Juan Carlos I, aunque como no me gusta nada lo de intendente, prefiero ser conocido como un simple administrador de los dineros privados de Su Majestad, ese es todo el misterio", explicó sobre sí mismo.

Prado sufrió mucho en sus últimos años. No por el cáncer, al que plantó cara con valentía, sino por la distancia que tuvo que marcar la Corona (de cara a la galería) con él una vez que empezaron sus problemas judiciales. Para entonces, Prado vivía en Sevilla con su segunda esposa, la aristócrata sevillana Celia García-Corona, hija de la marquesa de San Joaquín (propietaria del emblemático hotel Doña María de la capital hispalense). Se enamoró de ella como un jabato durante una romería del Rocío a finales de los años 80, fue amor a primera vista.

Escritas al unísono

García-Corona y Prado escribieron al unísono las memorias que ahora por fin ven la luz. Por ella el embajador (no de carrera, sino por designación del Rey) se convirtió en sevillano de pura cepa (con casa en El Rocío y puesto en la Hermandad de Triana), una pasión que han heredado sus hijos pequeños, Álvaro y Blanca. Aunque en sus últimos años algunas voces señalaban a su esposa como culpable de alimentar un cierto rencor hacia la Casa Real, no hay rastro de eso en el texto que se publica ahora.

Manuel Prado, en sus últimos años. (EFE)
Manuel Prado, en sus últimos años. (EFE)

Lo cierto es que la relación entre la familia real y los Prado siguió, al menos en el plano personal. De hecho, dos de los tres hijos mayores de Manuel Prado, Manuel y Borja, montaron con la infanta Elena un negocio cuando la Audiencia Nacional ya había condenado al exdiplomático por apropiación indebida (algo hoy impensable). Tras meses viviendo en Nueva York, los duques de Lugo regresaron a Madrid para comenzar una nueva etapa. Fue entonces cuando la Infanta decidió abrir la guardería Micos en la colonia de El Viso. Para ello se asoció con dos hijos de Manuel Prado y con su primera mujer.

Manuel Prado se había casado con 21 años con una rica ganadera bilbaína, Paloma de Eulate y Aznar, hoy marquesa de Zuya. Fue una boda por todo lo alto, en la basílica de Nuestra Señora de Begoña de Bilbao, de donde era la novia. La celebración posterior tuvo lugar en Ichaso-Gane, la residencia de la familia de ella en Las Arenas, donde los ilustres invitados tomaron un aperitivo. Juntos tuvieron tres hijos, Manuel, Borja (hoy presidente de Endesa) y Teresa. Pero a pesar de tener todo a favor, el matrimonio no fue bien. Hasta el punto de que el intendente del Rey quiso anularlo por la Iglesia para poder casarse con Celia García-Corona (que a su vez tenía dos hijos de un anterior matrimonio). Lo consiguió, aunque con las lógicas turbulencias familiares.

Pero todo esto es historia antigua. O al menos lo era.

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